Hasta tocar el cielo

Uno

Adrien

Dicen que cuando tienes todo, ya no puedes pedir más. Una carrera con la que millones de personas sueñan, estrenos, alfombras rojas, entrevistas y un apartamento en París al que apenas vuelvo. Una novia que sonríe en todas las fotografías y miles de personas que conocen mi nombre. Y, aun así, llevo meses sintiendo que me falta el aire.

No sé exactamente cuándo empezó. Quizá fue el día en que dejé de reconocerme en las entrevistas, o cuando descubrí que sonreír delante de una cámara era mucho más fácil que hacerlo cuando estaba solo.

Hoy vuelvo a tener esa sensación. Estoy sentado en el aeropuerto Charles de Gaulle con una mochila a mis pies y una gorra calada hasta las cejas. Delante de mí, una pantalla muestra decenas de destinos: Londres, Roma, Lisboa, Barcelona. No tengo billete, no tengo un plan, solo sé que necesito desaparecer durante un tiempo.

Mi teléfono vibra por quinta vez en menos de un minuto. Théo.

Respiro hondo antes de responder.

—¿Dónde demonios estás? —su voz suena alterada incluso antes de que pueda saludar.

—En el aeropuerto.

Al otro lado se hace un breve silencio.

—No me jodas.

—No te estoy tomando el pelo.

—Adrien, dentro de dos días tienes una sesión de fotos. La semana que viene empieza la promoción de la película. ¿Se puede saber qué haces en un aeropuerto?

Miro de nuevo la pantalla. Los destinos cambian una y otra vez, como si el mundo entero me estuviera diciendo que da igual hacia dónde vaya con tal de irme.

—Estoy cansado, Théo.

No es una frase que suela decir, y él lo sabe. Por eso deja de hablar durante unos segundos antes de preguntar con cautela:

—¿Qué ha pasado?

Me apoyo en el respaldo del asiento, sintiendo el peso de los días acumulados en los hombros.

—No ha pasado nada.

Y ese es precisamente el problema. Nada. Todos los días son iguales: me levanto, trabajo, sonrío, firmo autógrafos, grabo entrevistas, vuelvo a casa, duermo y al día siguiente vuelvo a empezar. Como si mi vida perteneciera a todo el mundo menos a mí.

—Necesito respirar.

Escucho cómo suspira al otro lado de la línea.

—¿Cuánto tiempo?

—No lo sé.

—¿Y dónde vas?

Miro la pantalla una última vez. El siguiente vuelo aparece resaltado: Barcelona. Sonrío por primera vez en semanas.

—Donde nadie me conozca.

Théo vuelve a suspirar, rindiéndose a la evidencia.

—Solo prométeme que me llamarás cuando aterrices.

—Te lo prometo.

—Y no hagas ninguna locura.

—Intentaré no hacerlo.

Cuelgo. Apenas han pasado unos segundos cuando el teléfono vuelve a vibrar. Esta vez no necesito mirar la pantalla para saber quién es. Camille. Cierro los ojos un instante antes de responder.

—Bonjour.

—¿Dónde estás? —pregunta sin siquiera saludar, con una voz que mezcla preocupación y enfado.

—En el aeropuerto.

—Théo me ha llamado.

Claro que lo ha hecho. Siempre intenta arreglar los problemas antes de que se hagan más grandes.

—¿Por qué te vas? —insiste ella.

No sé cómo explicarle algo que ni siquiera yo entiendo del todo. No quiero huir de ella ni de mi trabajo, solo necesito dejar de sentir que mi vida avanza sin que yo participe en ella.

—Necesito unos días.

—¿Conmigo has hecho algo mal?

—No.

—Entonces...

Me paso una mano por el pelo, agobiado.

—Camille, esto no tiene que ver contigo.

Ella guarda silencio durante un largo rato.

—¿Volverás?

La pregunta se queda suspendida entre nosotros. Sonrío con tristeza, porque lo creo y porque necesito creerlo.

—Claro que volveré. Solo necesito recordar quién era antes de que todo esto empezara. Antes de las cámaras, antes de la fama, antes de convertirme en alguien a quien todo el mundo conoce.

La llamada termina. El aeropuerto vuelve a llenarse de voces, maletas y anuncios por megafonía. Levanto la vista y leo el cartel luminoso: vuelo con destino a Barcelona, embarque abierto.

Me pongo de pie, cojo la mochila y camino hacia la puerta sin imaginar que, a más de mil kilómetros de aquí, una chica de diecisiete años está a punto de olvidarse un cuaderno sobre la mesa de un pequeño bar. Sin saber que ese simple descuido cambiará nuestras vidas para siempre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.