Adrien
El café en mis manos conserva un resto de calor tibio mientras la voz de Theo al otro lado de la pantalla se empeña en convertir mi vida sentimental en el único tema digno de análisis de toda la tarde.
—Entonces, ¿ya puedo decir oficialmente que tienes novia? —pregunta, apoyándose en algún sitio al otro lado de la pantalla con una mezcla de triunfo y diversión.
Sonrío hacia el frente, con la mirada perdida en el ir y venir de los coches al otro lado de la barandilla de la terraza.
—Puedes.
—¿Sin que me llames exagerado?
—Sin que te llame exagerado.
—Perfecto. Porque llevaba demasiado tiempo esperando este momento.
Me río por lo bajo, un sonido corto que se pierde entre el ruido del tráfico, y doy otro sorbo al café. Todavía hay algo extraño en pronunciar esa certeza en voz alta, no porque albergue dudas sobre lo que estamos construyendo, sino por el contraste brutal con la inercia de mis días de hace apenas unas semanas; ahora, en cambio, Luna ocupa un espacio tan orgánico en mi rutina que intentar recordar cómo era todo antes de su llegada se siente como buscar un recuerdo ajeno.
—¿Y cómo está? —pregunta Theo, cambiando el registro con una presteza calculada.
—Bien.
—Eso ha sonado demasiado rápido.
—Porque está bien.
—¿De verdad?
Me tomo unos segundos de silencio antes de responder, sopesando el peso exacto de lo que voy a decir.
—Tiene días malos.
—Eso no es estar mal.
—Lo sé.
Apoyo los antebrazos sobre la fría superficie de la barandilla y observo cómo un utilitario rojo gira con lentitud en la esquina de abajo.
—Pero creo que ahora sabe que puede venir conmigo cuando los tenga.
Theo guarda silencio unos segundos, procesando la rendija que acabo de abrir.
—¿Sigue sin contarte muchas cosas?
—Sí.
La verdad es que no me molesta; al menos, no de la manera en que me perturbaría con cualquier otra persona. Luna camina a su propio ritmo, y he aprendido a las malas que la presión solo consigue levantar muros más altos a su alrededor; prefiero mil veces que elija confiar en mí por pura voluntad, no por una sensación de obligación impuesta.
—Bueno —dice Theo finalmente—. Mientras sepa que puede hacerlo, supongo que ya es suficiente.
—De momento.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Cómo estás tú?
Sonrío, negando con la cabeza ante su insistencia.
—Me has preguntado eso hace cinco minutos.
—Y has cambiado de tema.
—Estoy bien, Theo.
—Ahora sí te creo.
Dejo la taza sobre la mesa auxiliar y desvío los ojos hacia la libreta de tapas gastadas que reposa abierta junto al móvil, cargada de notas inconclusas que llevan varios días rondándome la cabeza sin conseguir cristalizar en nada firme.
—Necesito que me ayudes con algo.
—Eso suena peligroso.
—Es el cumpleaños de Luna.
—Ah.
Su tono cambia de inmediato, volviéndose receptivo y alerta.
—¿Cuándo es?
—Dentro de unos días.
—Y supongo que quieres hacer algo.
—Quiero sorprenderla.
—¿Ya sabes qué regalarle?
Niego con la cabeza, sintiendo una ligera punzada de bloqueo.
—No quiero comprarle cualquier cosa.
—Entonces no lo hagas.
—Gracias por tu aportación.
—De nada.
Vuelvo a mirar las páginas escritas de la libreta, donde se amontonan ideas tachadas con desgana: una cena formal, un rincón recóndito, un volumen difícil de encontrar, un dibujo enmarcado, una escapada de veinticuatro horas. Descarto cualquier opción aparatosa; sé de sobra que un despliegue grandilocuente solo conseguiría aterrorizarla o saturarla. Lo que busco debe pertenecerle por entero, algo que resuene con su mundo interior y no una simple demostración estética.
—Quiero que tenga algún significado —digo.
—Entonces piensa en ella.
—Eso hago.
—No, Adrien. Piensa en lo que le gusta a ella, no en lo que tú crees que sería una buena sorpresa.
Me quedo callado, con el bolígrafo suspendido sobre el papel.
Tiene razón.
Luna no necesita multitudes, ni aspavientos, ni objetos superfluos que acumulen polvo; le apasionan los libros, el tacto del grafito sobre el papel, los reductos donde el silencio es ley. Le gusta sentarse en un banco apartado y observar la vida pasar sin ser vista, y anhela una libertad que todavía está aprendiendo a descifrar.
Editado: 13.08.2026