Luna
El aeropuerto está lleno. Hay maletas por todas partes, familias que se despiden antes de pasar el control, grupos de amigos que hablan emocionados sobre el viaje que tienen por delante y pantallas que anuncian vuelos constantemente. Yo debería estar igual que ellos; debería estar emocionada. Después de todo, hoy empieza el viaje a Mallorca, el viaje que llevamos semanas esperando.
Alba está a mi lado hablando con Hugo sobre lo primero que harán cuando lleguemos al hotel, pero apenas los escucho. Mi atención está puesta en las pantallas de salidas. Busco nuestro vuelo: Barcelona-Mallorca. Ahí está. Y justo debajo aparece otro: Barcelona-París. Me quedo mirándolo. El vuelo de Adrien. Sé que está aquí, en algún lugar de este mismo aeropuerto. Quizá ya haya facturado, quizá esté esperando para embarcar, quizá ni siquiera haya llegado todavía. No debería importarme. Me ha dicho que solo estará unos días, me ha prometido que volverá, y yo debería confiar en él. Pero no puedo dejar de pensar que mientras yo esté en Mallorca, él estará en París. Y no sé por qué eso me pesa tanto.
—¿Luna? —la voz de Alba consigue que vuelva a la realidad.
—¿Qué?
—¿Estás bien?
—Sí.
Me mira con una expresión que deja claro que no me cree.
—Estás muy callada.
—Estoy nerviosa.
—¿Por el viaje?
Asiento.
—Supongo.
Hugo aparece con dos cafés en las manos.
—He conseguido estos antes de que la cafetería se llenara —dice, mientras me ofrece uno.
—Gracias.
Doy un pequeño sorbo. No tengo hambre, ni sed. Solo tengo esa sensación de que estoy a punto de hacer algo que todavía no sé si quiero hacer.
—¿Qué hacemos primero cuando lleguemos? —pregunta Hugo.
Alba empieza a hablar de la playa, de salir por la noche y de todas las cosas que ha planeado para esos días. Yo intento escucharla e intento imaginarme allí: el mar, la arena, mis amigos, las fiestas. Pero mi cabeza sigue en París. Y entonces lo entiendo. No quiero ir a Mallorca. No ahora. No sabiendo que él está a punto de marcharse.
—No puedo —suelto, y Alba deja de hablar.
—¿Qué?
—No puedo ir.
Hugo me mira.
—¿Qué quieres decir?
Miro la pantalla y después a Alba. Ella ya sabe. Hugo no.
—Quiero ir a París.
—¿París? —repite Hugo. Asiento.
—Sí.
—¿Por qué?
Me quedo callada. Hugo frunce el ceño.
—Luna, ¿qué está pasando?
Miro a Alba; ella me da una pequeña señal con la cabeza. Es mi decisión. Respiro profundamente.
—Hay algo que no te he contado.
—Vale... —responde, pareciendo todavía más confundido.
—Tengo novio.
Hugo se queda inmóvil.
—¿Tienes novio?
Asiento.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace un tiempo.
—¿Y cómo es que no lo sabía?
—Porque no te lo había contado.
—Ya, eso lo había entendido —dice Hugo, mientras Alba suelta una pequeña risa. Hugo vuelve a mirarme
—¿Quién es?
—Se llama Adrien.
—¿Y dónde está?
Miro la pantalla.
—Camino de París.
Hugo sigue mi mirada.
—¿Ese vuelo?
Asiento.
—Sí.
—¿Y quieres ir detrás de él?
—No voy detrás de él.
—Entonces, ¿qué haces?
—Quiero verlo.
Hugo se queda callado.
—¿Él sabe que vas?
Niego con la cabeza.
—No.
—¿Entonces quieres aparecer allí sin avisarle?
—Quiero sorprenderlo.
Hugo me mira como si estuviera intentando decidir si estoy hablando en serio.
—¿Y vas a cambiar el viaje a Mallorca por eso?
Asiento.
—Sí.
—Luna...
—Sé que parece una locura.
—Un poco.
Alba le da un pequeño golpe en el brazo.
—No la ayudes.
—Estoy siendo sincero.
Sonrío a pesar de los nervios.
—No sé qué hacer.
Hugo deja de bromear.
Editado: 13.08.2026