Ocho Años Después
Me encontraba en aquel muelle que había sido testigo de promesas, despedidas y de un amor tan intenso como adolescente.
El mismo donde juramos que volveríamos algún día convertidos en las personas que siempre soñamos ser.
Qué irónico.
Yo había cumplido mi promesa. Él, al menos para mí, había incumplido la suya.
Después de un turno de veinticuatro horas en el hospital de la isla, necesitaba unos minutos para respirar antes de volver a casa. La brisa marina revolvía mi cabello mientras el sonido de las olas apagaba, aunque fuera por un instante, el cansancio que llevaba encima.
Cerré los ojos y respiré profundo.
Durante ocho años había aprendido a vivir con el pasado sin permitirle controlar mi presente. No era fácil, pero el tiempo terminaba enseñándote a convivir incluso con las heridas que nunca cerraban del todo.
El zumbido de mi celular rompió la tranquilidad.
Sonreí al ver el nombre en la pantalla.
Noah.
—Hermana, te juro que te amo y eres mi vida entera, pero tu turno terminó hace más de media hora. No puedo seguir aquí. Stacy me está esperando. Tienes que venir ya.
No pude evitar reír.
—Voy llegando. Deja el drama.
—Te quedan exactamente quince minutos antes de que esto se convierta en un campo de guerra.
—Siempre tan exagerado.
—No estoy exagerando. Después no digas que no te advertí.
Colgó sin darme tiempo de responder.
Negué con una sonrisa mientras guardaba el teléfono en el bolsillo de la bata.
Noah siempre había tenido un talento especial para convertir cualquier situación en una catástrofe.
Me levanté del muelle, sacudí la arena de mi pantalón y emprendí el camino de regreso.
Las calles de la isla seguían siendo exactamente como las recordaba cuando era niña. Las fachadas coloridas, los vecinos sentados en las puertas saludando a todo el que pasaba y el olor a mar que parecía impregnar cada rincón del lugar.
Buenas noches, doctora Alessia. ¿Ya terminó el turno? Que tenga buen descanso.
Respondí a cada saludo con una sonrisa.
Después de ocho años, aquel lugar había vuelto a convertirse en mi hogar.
Cuando llegué a mi hogar empujé la puerta principal y, por un instante, todo pareció demasiado silencioso.
Fruncí el ceño.
Conociendo a Noah, aquel silencio solo podía significar una de dos cosas: o había exagerado como siempre o el desastre ya había ocurrido.
Di un paso hacia el interior.
Luego otro.Y otro más.
Hasta que escuché un golpe proveniente del segundo piso.
Después otro.
Y un grito.
—¡Devuélvemelo!
—¡No!
—¡Sí!
—¡No!
Solté un suspiro.
Ahora entendía perfectamente la llamada de Noah.
Dejé las llaves sobre la mesa de la entrada y me dirigí hacia las escaleras.
—¿Se puede saber qué está pasando aquí?
El silencio fue inmediato.
Demasiado inmediato.
Casi sospechoso.
Subí los últimos escalones intentando no sonreír.
La puerta de una de las habitaciones se abrió lentamente.
Dos pares de ojos me observaron como si acabaran de ser descubiertos en medio de un crimen.
—Hola, mamá —dijeron al mismo tiempo.
Intenté mantener una expresión seria. Aunque fallé por completo.
—¿Qué hicieron ahora?
—Nada.
—Nada.
Los dos se señalaron mutuamente.
—Fue él.
—Fue ella.
Negué con la cabeza mientras una risa escapaba de mis labios.
Eran tan distintos que resultaba difícil creer que hubieran compartido el mismo vientre.
Uno había heredado mis rasgos casi por completo.
La otra…
La otra era un recuerdo constante de alguien a quien había pasado ocho años intentando olvidar.
Y había días en los que eso seguía siendo más difícil de lo que estaba dispuesta a admitir.
—Muy bien —dije cruzándome de brazos—. Empiecen a hablar.
—No fue tan grave.
—Sí fue tan grave.
—¡Traidora!
—¡Mentiroso!
—¡Basta!
Los dos guardaron silencio de inmediato.
A veces olvidaban que, además de su madre, también era la única doctora mujer de la isla capaz de poner orden con una sola mirada.
—Cinco minutos —dije señalando el pasillo—. Los espero abajo para que me expliquen qué pasó.
Los observé desaparecer escaleras arriba mientras discutían en susurros.
Sonreí.
Por agotadores que pudieran ser algunos días, aquellos dos se habían convertido en la mejor parte de mi vida..
Los pasos apresurados bajando las escaleras anunciaron que la tregua había terminado.
—¡Mamá!
Dos voces sonaron al mismo tiempo.
Una pequeña figura se lanzó primero a mis brazos y, apenas un segundo después, otra hizo exactamente lo mismo.
—Con cuidado, que todavía no me recupero del turno de hoy —dije entre risas mientras intentaba abrazarlos a los dos.
—Él empezó.
—¡Mentira! Ella fue la que dañó todo.
Los miré intentando aparentar seriedad.
—Uno por uno.
Los dos comenzaron a hablar al mismo tiempo.
Imposible entender una sola palabra.
—¡Silencio!
Se quedaron completamente quietos.
No pude evitar sonreír.
Había días en los que olvidaba lo pequeños que seguían siendo.
—Ahora sí. ¿Qué pasó?
—Estábamos construyendo una ciudad —explicó él.
—Y yo quería poner un castillo —se defendió ella.
—Pero las ciudades modernas no tienen castillos.
—¡Pues la mía sí!
Negué con la cabeza divertida.
Ocho años después, la vida me había demostrado que los mejores planes siempre terminaban siendo los que nunca imaginaste.
Ellos eran la prueba de eso.
Noah apareció desde la cocina con una taza de café en la mano y el cabello completamente despeinado.
—Por fin llegas. Ya estaba pensando en cobrar horas extras.
Solté una carcajada.