ㅡ¿Tratas de decirme que los seres humanos son computadoras?
ㅡNo, Hazael. Tenemos errores como ellas
ㅡNo comprendo está filosofíaㅡ Desistió Hazael acompañada del golpe sonoro de su mano sobre la mesa.
ㅡ Déjame explicar, las computadoras están compuestas de un código binario: uno y ceroㅡ Hayle explicaba locuaz a su hermana como tuviese cinco años y la misma jóven esperaba la explicación como si recibiese un dulce ㅡLos humanos también: defectos y virtudes. La cuestión es simple, en las computadoras hay ocasiones en los que el código tiene problemas como: uno, uno, o cero, cero y los humanos también.
Una pobre tostada ligeramente cubierta de mermelada fue mordida por Hazael, quien dudaba a entender hacia donde iría aquella conversación.
ㅡ¿Estás diciendo que debemos ir a un técnico?... Porque errores, nosotrasㅡAseguró sin rodeos.
ㅡQuiero comprobar cuántos errores puede tener una persona en un día.
Hazael lo notó, en su mirada tierna, en la articulación de sus palabras y su lentitud, aquel experimento social y psicológico tendría de conejillo de indias a su persona, exponiéndose de una manera hacia su hermana que ni ella misma conocía con perfección. Y se negaba a tal hecho con la firmeza de un tractor agricola.
ㅡAquí radica el problema.
Volvió a morder su tostada untando más mermelada en ella. Sin mirar a su hermana menor, quien sus ojos de cachorrito, pequeños y saltones pondría a cualquiera de sus padres a consentirla como una princesa. Incluyendo a ella si la miraba.
Pensaba en las dificultades de su propia existencia y los múltiples secretos que escondía de su propia hermana, sus limitaciones e incluso el desconocimiento de ella misma, cómo para colocarlo en un juego mental, conducido por su hermana menor y sus ganas de tener conocimientos. Le aplaudía con frecuencia, ese don de querer saber cómo el mundo transcurría, como gira la tierra y las mentalidades humanas, le aplaudía orgullosamente.
No obstante, no significaba que Hazael pudiese entenderlo por completo al igual que los cantantes de Heavy Metal y su constante griterío, Hayle seguía siendo Marte dentro de su sistema solar, cómplice entre sus delitos cometidos como adolescente y apoyo incondicional ante sus progenitores, dejaba en claro su posición y lo hacía valer como conductor de carreras. Por ello, Hazael estaba de apoyo ilimitado pero sin ser participe de aquél loco experimento u otros, de ninguna forma conocida pero Hayle pensaba lo contrario y tendría tácticas para convencer a su hermana a toda costa.
La menor la observó en súplica casi colocando su encantador, majestuoso y atrapante puchero en su labio inferior ㅡPuedo... Puedo... ¿Me dejarías utilizarte a ti?ㅡUtilizó su tono de voz agudo, arma secreta tan potente como las abejas atraídas a un panal.
Gruñó, sin mirarla, evasión magnífica y legal en todas las naciones conocidas
ㅡNo.
Hayle decidió utilizar cualquier recurso que estuviese disponible, excepto ofrecer dinero, ya que era legalmente mantenida por sus padres y pobre ante la sociedad civil.
ㅡVamos, Hazael. Nadie lo sabríaㅡ
ㅡComo esa vez en Churchill ㅡ
ㅡNo sabía que ese químico pondría tu cabello rojo de un tirónㅡExcusó.
Ese domingo en Churchill, Hazael había llegado a la conclusión que su falta de sueño le había afectado el cerebro, partes de sus extremidades motoras y dejado en un estado de zombies de película ochentera sin mucho presupuesto, por ello una animada Hayle tenía el consentimiento de teñirle la cabellera negruzca con el famoso químico peróxido de hidrógeno y un tinte natural y casero que al final tendría un resultado no favorable para la mayor.
Pero la idea eran mechones verde musgo casi invisibles, no rojo fuego e incandescente propagado como en un incendio en un bosque forestal.
Por mala suerte o desatenciones obvias, Hazael no se había topado con nadie conocido aquel día después, ni siquiera con su hermana menor, quien cuando despertó, Hazael ya tenía rumbo al instituto y ella llegado veinte minutos tarde. Tres días continuos, la cabellera negruzca de Hazael tuvo un escandaloso fuego rojizo, con puntas maltratadas y una mirada demoledora hacia cualquiera que se cruzase por su camino, incluso Matthew Thompson.
ㅡNi tampoco que sería viral en el instituto como la sirenitaㅡ
ㅡDejad el pasado atrás, Hazaelㅡ
ㅡEs como decir que deje de tener recuerdos, Hayleㅡ
La mala costumbre de Hayle con su hermana mayor, era exponerle a experimentos locos como ese, de los cuales la mayoría eran inofensivos y sin salidas de casa. Aunque aquella vez, Hazael siendo una sirena morena con cara de pocos amigos y viral bajo el hashtag- #sirenitaperdida- no tenía nada de divertido ni inofensivo. La menor tardó tres semanas completas en volver a hablarle en confianza y tocarla casi dos meses. Sin embargo, Hazael no sufrió una humillación exponencial que le haya bajado la autoestima más que sólo soportar el costilleo ligero en los pasillos por unas semanas o menos, ya que fue obviamente desplazada por el drama amoroso y típico entre la porrista principal y el chico motociclista de bajas calificaciones.
Pero quería respeto de su hermana, demostrarle que hay límites entre las cosas y principalmente la prohibición de volver a tocar su cabellera permanentemente.
ㅡVamos, vamosㅡAnimó.
La contraria masticaba su tostada, miraba hacia cualquier lado y tomaba sorbos su café matutino, ignorando la oferta de trabajo, sin paga ni garantías de salir bien. Ella entendía el porqué la utilizaba, era el único prospecto constante en su vida y de fácil acceso, diariamente vivían la misma situación y además la quería demasiado como para dejarla sola a la deriva de algo que desconocían. Era su hermana menor, parte de su vida, de su sangre y un complemento alegre, repleto de ideas locas y fugacidad que ella no tenía y necesitaba tener para su edad.
ㅡNo.
Hayle exageró un suspiró de tal manera que, Hazael la miraba de reojo mientras tomaba su café, conociendo esa estrategia magistral y manipuladora a la perfección. Y no mirarla a los ojos, siendo el contraataque justo para dichos actos e incluso para la conversación en sí.
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Editado: 10.07.2026