Hazael: La chica de ensueño

III: Con olor a yogur.

ㅡAhí vieneㅡ Advirtió Hayle a su padre.

Esa mañana disponía un inicio primaveral en un punto explosivo, los colores brillantes esparcidos por doquier, era como las personas hubiese recién pintado sus casas por la brillantez y un unicornio vomitado intensidad en cada una, incluso en cada objeto y sus sonrisas también. Yacía un aire amigable y socialmente responsable, para hacer cualquier cosa al aire libre: salir, explorar o conocer eran ideas para las personas normales, excepto para Hazael. Conducía hacia la nueva y posiblemente remodelada cocina, desplazando con desinterés su mirada por el lugar, vestida con su pijama favorita que consistía en: camiseta desteñida de alguna escena de Batman y ciudad gótica, y pantalones gigantescos, holgados de rayas blancas con amarillas, en un contraste único y desconcertante para quien la viese por primera vez, descalza y con la cabellera negruzca en una coleta de caballo tambaleante en oscilaciones.

Gruñó en saludo matutino.

Quizá la abundante confianza de sus padres con sus hijas ampliaban los gestos adolescentes de estás, las conversaciones, las millones de conversaciones sobre los miles de tema que existían y se deshacían cuando eran las noches ochenteras inauguradas por Hazael como ese día (brillante y excesivo). Arrebató el periódico de las manos de su padre, quien sólo rodeó los ojos y se dispuso a tomar su café negro.

ㅡ Hoy llegan tus cosas, Hazael. Tendrás toda la tarde para acomodar y el fin de semana.

Hazael asintió mientras repasaba la primicia del día.

Una emocionada Hayle resplandecía esa mañana, chispas de una alegría desmedida que brotaba de ella, como todo en aquel día, y la sensación de no encajar afianzaban perfectamente en la piel de la chica de rulos, convencida de estar en la sintonía pesimista de esas mañanas, porque así Hazael avanzaba en la vida con pesimismo y sarcasmo.

ㅡNo puedo creer que, ya se acercan las clasesㅡ

ㅡLa emoción recorre por mis venas, Hayleㅡ

El sarcasmo lingüístico afilaba esa mañana la boca de Hazael, demostrando su temperamento.

ㅡNi lo digas, hay tanto en que ponernos al día. ㅡ Y Hayle parecía ignorandolo por completo.

Había transcurrido un par de semanas ante la adaptación de la familia en aquella nueva casa, a Hazael aún se le hacía difícil consolidar el sueño por las noches, recordar donde coloca su cepillo de dientes y el vacío de sus cosas personales en su alcoba, recordaba a Winnipeg con abundancia y la última llamada de Matthew afianzaba su continuo empeñó en regresar y olvidarse de Ottawa, porque aún existía tiempo y carretera. Sentirse incómoda, extraña e incomprendida variaba entre las horas del día, pero seguía allí. Winnipeg llamando con el aire de su aliento, con los rayos del sol, con la música de su celular, con la enorme sensación en su pecho y el silencio antisocial. El periódico de sus manos era distinto, lo notaba entre sus dedos, la primicia hablaba sobre los cambios ambientales y la mención de una sueca llamada Greta, algunas noticias sobresalientes que se perdían con la intensidad y habladurías de su hermana menor, con la alegría despampanante de ese día.

Incómoda, se restregó sobre el asiento, aclaró su garganta y un fruncido ceño que tenía el compromiso de quedarse en la cara de la joven rizada. Anteponía con claridad el hecho de sentirse atraída por esa felicidad, y se negaba a aceptarlo con el escudo de papel, escondió aún más su rostro en las noticias. Disponiendo de su vista para ver y no observar, veía como sus familiares estaban bien, acostumbrándose y ella no.

Y el como no encajaba le molestaba las entrañas, tomando estrés en espalda-nuca como a su madre.

La mudanza se había atrasado un poco, un par de semanas en completo aburrimiento y salidas al parque farmacéutico tan solo para acompañar a Hayle en sus experimentos, tenía experiencia ignorando al exterior, a ser una humana descuidada con lo que ella nombraba "banalidades mundanas" porque de mirar diferente cualquiera podría, pero pocos tenía el valor de hablar sobre ello, con esta razón Hazael miraba a las personas con descuido, superficial y con poca crítica, sentía dentro de su ser que no tenía el don de chismosear ni mucho menos de criticar las capacidades de una persona, apena podía con ella misma ¿Como podría con los demás? Centraba sus pensamientos en otras cosas: libros, sus propios problemas existenciales, sus padres, el futuro, el norte, el sur y Winnipeg. Sin embargo, llego a tiempo antes del regreso de primavera a las clases, las cosas para ella no habían sido normales, ya que no logra dentro de las cuestiones de su adolescencia compleja, aceptar la felicidad, la notaba como un deseo que podía y no cumplirse.

A veces lo experimentaba, le atraía y le causaba revuelo de buenos deseos que guardaba para ella, como todas emociones en si. Guardadas en una caja de seguridad en Winnipeg.

ㅡDejarás de estar enojada.ㅡHayle la trajo a la realidad como muchas veces.

El rostro de su hermana era dulce, recién vestida y con aroma a talco de bebé. Hayle la convenció al colocar sus manos sobre sus mejillas y aplicar sus ojos de perrito frente de lo que era una adolescente media dormida y enmarañada, que tenía nombre de su hermana y lo era.

ㅡNo puedes ir por la vida logrando todo lo que quieres con esos ojos de perro moribundo, Hayle.

ㅡ Tampoco negando un don que me han dado, Hazael. Imagina a Freddy Mercury, el tenía una voz poderosa, yo tengo estos ojos irresistiblemente encantadores... Di algo papáㅡ

ㅡDi algo papá como que no puede comerse el mundo como una galleta, que la vida puede ser difícil ㅡ

Y razón había, aquella humana tenía una belleza juvenil encantadora, especial y posiblemente magnífica. Su padre, encogío sus hombros y retomó el periódico de las manos de su hija mayor.

ㅡSí puede, que lo hagaㅡ

ㅡ¡Papa!ㅡ

ㅡ Hazael, si la facilidad aparece que la tomé y beba como un batido, si hay dar de esfuerzo y sacrificio para las cosas, también. Pero si es simples, serán así luegoㅡ




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