Hazael: La chica de ensueño

IV: Inundación de Tweets

La noticia de la nueva chica llamada como cuento infantil, era un debut tal cual cantante revelación, anunciaba a la multitud de un nuevo espécimen entre ellos, diferente y lo por mismo nuevo e interesante, siendo el punto focal de toda la institución de Ottawa Central, incluyendo chicos y chicas.

Cleary Kramer era el trompetista con futuro profesional fuera de la banda escolar, un chico promedio con cara parecida a una ardilla de ojos acuosos, brillantes y claros que, vacilaba entre azules y verdes, delgado y con grandes pulmones que ocupaban su larga y estrecha espalda.

Cleary manejaba su bicicleta cómodamente, cuando sintió el flechazo atreverle el corazón y detener su respiración por un segundo, sus ojos brillantes perdieron el norte al notar la presencia de aquella chica morena que, para su parecer modelaba en la calle. Se sorprendió al ver lo hermosura de la chica con una manzana rojiza en su mano que vacilaba, una cabellera negruzca dispersa en rulos largos y desordenados, hermosos y únicos, ojos cafés brillantes y un aroma a canela irresistiblemente encantador, algo era cierto, Cleary tenía el mejor olfato del instituto y ahora se sentía enamorado a primera vista, por quinta vez consecutiva en el año estudiantil.

Llamaba su atención como una abeja perdida a un panal de miel y tal cual, Cleary chocó contra un árbol en la esquina del instituto, siendo así. La primicia en el blog clandestino escolar:

TROMPETISTA CHOCA EN BICICLETA CONTRA UN ÁRBOL + MEMES EDITION LIMITED.

Cleary terminó en la enfermería con algunas ramas colgando e interés de buscar a esa chica y preguntarle si era una fantasía o realidad. Comparando algunas melodías con sus sonrisas y el olor que emanaba como su favorito. Cleary Kramer era un romántico empedernido y seguidor sin serlo a la mala suerte, volvía a ser noticia con un meme con ramas en la cabeza y mirada de atontado.

La enfermera lo tachó de loco y lo envió tras revisado a clases. Indiferente hacia la emocional juventud actual.

Mientras ella navegaba por el instituto de Ottawa Central en un ritual de máscaras: presentarse, sonreír, ser la "nueva", un nombre vacío en un listado de asistencia, un nombre rebuscado en redes. Al salir de Literatura, el mundo se sentía deshilachado, pero en Matemáticas el caos se encontraba en su orden, su adoración, las matemáticas no era un acto intelectual, era una devoción mística, casi una religión privada que practicaba en el silencio de su pupitre. Mientras el resto del instituto se ahogaba en palabras imprecisas y suspiros de aburrimiento, ella encontraba en los números la forma de honestidad que quedaba en el mundo, solución a la complejidad.

No era sentirse triste, era sentirse incomprendida.

Hazael no estudiaba matemáticas; las rezaba. En el caos del pasillo, bajo risas estruendosas y empujones, ella buscaba el refugio del aula como quien busca un confesionario. Deseaba ver una ecuación mal planteada, una variable que nadie se había atrevido a despejar, el olor a tiza y el silencio como amigo. Hazael sentía que poseía el tiempo. Si podía calcular la pendiente de su propia soledad, entonces esa soledad dejaba de ser un abismo para convertirse en una trayectoria. Podía medirla. Podía dominarla.

Mientras el profesor de Literatura se perdía en metáforas dudosas, Hazael se entregaba a la elegancia del algoritmo. Había una belleza cruel en el hecho de que, no importa cuánto sufra el observador: 2 + 2 siempre fue, es y será 4. Esa inmutabilidad era su único ancla, su escudo y defensa.

En una función no era una línea en un papel; con números diversos, era el rastro de un cuerpo cayendo, eran posibilidades, el cambio infinitesimal de un corazón que se rompe segundo a segundo o que se recupera en otro. Las variables no mentían, tenían la elegancia de los inviernos en Winnipeg y las derivadas las tardes en el muelle, los abrazos de Kennedy y la mirada de Matthew, no eran y o x como para los demás , eran en su cabeza rizada, solucionar lo que no se controla.

Buscó en su mochila un bolígrafo, sus dedos esquivando viejos envoltorios de chicles vacíos, minutos antes de que una voz dulce y alta para ese pasillo lleno de taquillas metálicas, bajo un nombre que solo entendía por distracción. Cuando enfocó su visión, ondas de cabellera rojiza caían por los hombros, ojos grandes para la pequeña cara, tenía una tablet de intenso color como su cabellera, una sonrisa de dientes blancos y un entusiasmo extraordinario, algo agresivo.

ㅡTu debes ser Hanselㅡ

Hazael dejó de buscar el bolígrafo. Apretó la correa de su mochila, sintiendo el nylon áspero contra su palma.

ㅡ¿Qué?

ㅡHansel...ㅡ

ㅡNoㅡ La respuesta salió más seca de lo que Hazael pretendía. Un chico pasó corriendo a su lado y le golpeó el hombro con su mochila, pero Annette ni se inmutó.

Ser sorprendida en medio del pasillo, casi le causó un pre-infarto, capaz lo haría, por el abundante olor a desodorante barato y el estruendo de los cierres de las taquillas.

ㅡ¿Hansel?

ㅡ¿Umm? Hazaelㅡ Corrigió ella, dando un paso atrás, buscando la seguridad de la pared.

ㅡEso es una gran diferencia de informaciones ㅡ Annette hizo una mueca dramática haciendo garabatos en la pantalla.

ㅡLo notó ㅡ Hazael miró su reloj. Quedaban cinco minutos.

ㅡ¿Cómo va tu día?ㅡ

ㅡ¿Quién eres?ㅡ Hazael no quería ser grosera, pero la presencia de Annette se sentía como una ecuación con demasiadas variables desconocidas.

ㅡAnnette, periodista, reportera y dueña publicitaria de "The Red Signal". Puedes seguirlo en la web. Tenemos Twitter, Facebook, Instagram, Spotify, y hasta café capuchino en la tienda de al lado.ㅡ Lo dijo todo de carrerilla, sin respirar, acercando la tablet a la cara de Hazael como si fuera un micrófono.

​Hazael sintió un ligero mareo ante tanta información y el olor dulzón del perfume de Annette.

ㅡOh, eso es impresionante...

ㅡSi, somos popularesㅡ




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