Cuando la hamburguesa doble queso terminó de dispersarse en su boca y el jugo de la cafetería, que sabía más a colorante artificial que a fruta, raspaba su garganta, aparecieron. Justo cuando intentaba tragar el último sorbo, irrumpieron como un Fantasma de la Ópera en versión remix actual: las porristas.
Una rubia golpeó la mesa con las palmas, una exageración teatral que hizo que la bandeja de plástico de Hazael vibrara. Hazael parpadeó, sorprendida por el tumulto de chicas con demasiado maquillaje y uniformes tan apretados que parecían una segunda piel plástica, que aseguraba que cada una contabilizaba sus calorias por bocado y no por porción. Todas sonreían con una intensidad que le dio escalofríos, Hazael apretó los labios; a esas alturas tenía la certeza de que todas habían memorizado el ángulo exacto de hileras de dientes blancos desde el preescolar; en Ottawa no nacían bebés, sino modelos que practicaban el esmalte brillante hasta que el gesto se volvía un reflejo involuntario y vacío.
Tragó saliva, sintiendo el regusto químico del jugo, y habló: ㅡ¿En qué puedo ayudarlas?ㅡ
La rubia, que lideraba la formación con la barbilla en alto, tomó la palabra:
ㅡHola, querida. Soy Katrina Morton, líder de las porristas. Un placer
ㅡHazael ㅡrespondió ella, intentando apartar su mano de la mesa en un gesto desinteresado. No funcionó; Katrina ya se había inclinado sobre su espacio personal.
ㅡ Lo sabemos, querida.Todo el mundo conoce tu nombre. Hasta tienes un post exclusivo en The Red Signal.
ㅡ ¿The Red Signal? ㅡHazael frunció el ceño, recordando el destello del teléfono de Annette en clase de matemáticas de los días anteriores.
ㅡ La aspirante, querida ㅡdijo Katrina con una sonrisa cargada de veneno, refiriéndose a Annette Howard como si fuera una empleada doméstica que intentaba usar perfume caroㅡ Annette Howard cree que su blog es el pulso del instituto, pero solo es ruido para las masas.
Todas parecian sufrían el mismo mal, axfisiadas de superficialidad, entonces entendió el por que estaban allí, por el mismo motivo por el que se contrata un representante de música, para conseguir poder y fama, ese brillo barato de ser admirado por otro.
Katrina Morton además de ser simplemente hermosa, era inteligente al menos en su proyecto de ingeniería social bien ejecutado. Tenía un rubio platino tan gélido y procesado que parecía emitir su propia luz fluorescente bajo las lámparas baratas de la cafetería que se onduló hacia un lado al buscar su mirada, sin un solo vello fuera de lugar, como si su cabello le temiera a la gravedad. Su nariz era pequeña y afilada, una línea que dividía un rostro de porcelana donde los poros parecían haber sido prohibidos por decreto real.
ㅡComprendo, ustedes son ¿superior? ¿Otro nivel?ㅡ
Hazael la observó con una mezcla de curiosidad y rechazo. Katrina no parecía una chica de diecisiete años, sino una exhibición: el tipo de trofeo impecable que un sistema diseñado por hombres -hombres que seguramente movía los hilos de ese instituto- considerarían el estándar de oro. Había algo agotador en su perfección, un monumento a la ansiedad social disfrazado de excelencia, una tensión en la comisura de sus labios que sugería que, toda esa arquitectura de maquillaje y control extenuante vendría abajo en algún momento, capaz el momento menos esperado.
ㅡQuerida, somos el estandar social idolatrado de toda Ottawa Central...ㅡ Sonrió persuasiva y mecánica ㅡDebo incluir que tratamos de ser amable contigo, eres nueva y tienes buen cuerpo, bonita cara aunque tú ropa puede mejorarㅡCriticó en tono burlón que aliaba con pequeñas risasㅡ La alta costura fue creada en 1858, como símbolo de estatus, querida.
Hazael alzó la ceja para mirarla con detenimiento y desconfianza. Mirándose su propia camisa y recordando las combinaciones extrañas de pijamas de sus mañanas.
ㅡ¿Tratan de decir?ㅡ
ㅡ Queremos que seas parte del equipo de porristas. ㅡ
Una carcajada dulcemente mordaz salió del fondo de su garganta, de esas risas que critican o raspan las inseguridades al instante, haciendo que un poco de ese jugo químico le picara en la nariz, despertó el desagrado de aquellas chicas que se proponían tal oferta hacia Hazael. En su incredulidad, no se veía como porrista elevando pompones ni haciendo piruetas, sino con una pinta de gitana, esas que parecían en la antigüedad, y su cabellera de rulos desordenados, camisetas con significados subliminales y la mirada desinteresada en la multitud haciendo garabatos hechos de números y rebelándose.
Se levantó de su asiento ㅡLo siento, chicas, me encuentro ¿halagada?. Pero no soy material de porristas. Soy más una "variable independiente"ㅡ
Hazael salió de la cafetería con el sabor a colorante todavía pegado al paladar y los oídos zumbando por el eco de las sonrisas de las porristas. Necesitaba un lugar donde la densidad del aire no fuera tan asfixiante, un rincón que no estuviera hecho de cristal. Quería aire y autenticidad.
Lo encontró en las gradas traseras del campo, allí donde la pintura gris se estaba pelando y el metal se sentía frío y honesto, la brisa soplaba con fuerza y trajó consigo la soledad como una especie de susurro. Se sentó con la espalda encorvada, dejando que su mochila golpeara el suelo con un peso sordo. No quería pensar en blogs, porristas, ni en el signo negativo que Terrence casi olvida. Quería a Matthew, a Winnipeg.
Entonces, el aire a su alrededor cambió, pero no su preferencia: siempre elegiría la oxidación real que la perfección plástica. No fue una invasión como la de las porristas; fue más bien como si un objeto de gran masa gravitatoria se hubiera posado cerca, estabilizando su órbita. Aquello fue, por fin, un suspiro de calma.
Alzó la vista, encontrándose con un chico imponente, de hombros anchos y una presencia que recordaba a la tierra húmeda después de una tormenta: sólida, necesaria y sin pretensiones. No dijo nada. No soltó un "¿estás bien?" ni un comentario sobre el drama que ya debía de estar circulando en The Red Signal. El chico no operaba con ruido; él era un sistema de lógica pura envuelto en una sudadera de algodón grueso y una densidad de inercia estable. Como si el silencio fuese un lenguaje para los ojos expresivos y simples gestos de amabilidad, manifiestos del alma.
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Editado: 10.07.2026