Winnipeg no era de olvidar tan fácilmente, y Ottawa buscaba entre sus opiniones para impresionar a Hazael, en varías ocasiones, siendo un nuevo lugar, más grande y conglomerado de millones de personas, eso no dejaba a Hazael de hacerle volver a Winnipeg con la velocidad de la luz. Porque cuando Ottawa le impresionaba, llegaba Winnipeg con sus mejores recuerdos, llamadas o videollamadas telefónicas:
ㅡNuevo reporte, actualizado y veraz. ㅡla voz de Thompson en la videollamada la hizo sonreír de una forma que Ottawa aún no conocía.
ㅡComo los noticieros. Me agrada este programa ㅡRespondió ella, apoyando el teléfono contra una de las cajas de cartón sin abrir.
ㅡDemonios, Zee, estás preciosa.
ㅡAl parecer no soy la única... Te he extrañado, Thompson. Mucho.
ㅡPor favor, no me hagas llorar. No estoy del todo fuerte hoy ㅡél soltó una risa nerviosa a través del altavoz-ㅡ. Hechos mierda, Hazael. Así que estamos todos sin ti. Eras nuestra líder. Ahora me toca a mí el puesto, ¿puedes creerlo?
ㅡJuraría que dejé a Claude a cargo. Aunque, en realidad, siempre lo fue él.
ㅡClaude se pone a llorar cada vez que alguien menciona tu nombre. Parece un novio alcohólico en una barra. ㅡambos rieronㅡ Se la pasa diciendo: "Mi novia era una diosa y me dejó". Ahí entramos los demás a recordarle que nunca fuiste su novia, pero él prefiere su versión del drama.
Hazael sintió un nudo en la garganta que no pudo calcular.
ㅡ¿Y los demás? ¿ Hayle está bien? Mamá pregunta por ti a veces, te pone de ejemplo para mi hermano.
ㅡ Si, todos estamos bien, comiendo. Esa señora me ama. Mándale besos. Dile que en cuanto gane un premio de matemáticas, será para ella. Pero...ㅡHazael hizo una pausa, el aire se volvió denso. ㅡSabes que debo preguntar. Duele, pero tengo que saberlo: ¿Kennedy?
El silencio en la línea fue un bache en la carretera.
ㅡ¿Realmente quieres saberlo? ¿Estás preparada? Podemos hablar del taller.
ㅡNo estás aquí para abrazarme si me quiebro, Thompson. Así que no, no estoy preparada. Solo responde.
ㅡTe extraña. No lo dice abiertamente, porque aquí todos nos tensamos cuando recordamos que tu ausencia es real. Nadie te culpa, Hazael; yo viví contigo ese deseo de cambiar de vida. Pero nos haces falta. Tu sarcasmo era el pegamento del grupo. Especialmente para Kennedy.
ㅡ¿Está comiendo bien? ㅡpreguntó ella, bajando la voz. ㅡYa sabes por qué lo digo.
ㅡSe está comportando algo extraño, pero lo he visto comer. ¿Debería ocuparme?
ㅡHazte cargo, por favor.
ㅡHecho. Pero cuando vaya a la universidad, voy a necesitar un currículum extenso de mis virtudes firmado por ti, McKee.
ㅡEres un idiota y…
ㅡY me quieres. Es obvio.
ㅡTe amo, para ser exactos.
ㅡ¡LO SABÍA! ¿Por qué no grabé esto? Claude se va a morir de envidia ㅡThompson bromeó, pero el tono volvió a caer.ㅡ Pero...
ㅡ¿Pero qué?
ㅡEstás en la friendzone desde hace mucho, Thompson.
ㅡLo peor es que ni siquiera puedo esperarte... Ya no sé con quién me casaré en el futuro.
ㅡAhora culpamos al tiempo ㅡ-suspiró ella.
ㅡNo es lo único a lo que culpamos, sirenita.
La voz de Thompson se desvaneció en un murmullo antes de que la pantalla se quedara en negro. Hazael sostuvo el teléfono contra su pecho durante unos minutos, dejando que el silencio de su habitación en Ottawa la envolviera como una sábana húmeda, el corazón le latía fuerte y junto a ello, un recuerdo de Kennedy cuando visualizó la caja con el nombre, su risa característica en un dia soleado en el muelle. Las cajas de la mudanza, con etiquetas de Winnipeg, parecían juzgarla por haber dejado a Kennedy y a Claude en el caos. En ese taller de motocicletas, ella era el centro de gravedad; aquí, era solo una anomalía sentada en una cama que aún olía a desinfectante barato de la inmobiliaria.
Se limpió una lágrima traicionera con el dorso de la mano, sintiendo la "mugre" de la nostalgia más pesada que nunca, fijando su mirada por unos segundos en el cuadro de Paul Klee y su ventana, mientras en su interior el vacío formulaba un pequeño remolino, giraba arrastrando recuerdos como arenilla con piedras y algún pedazo de metal oxidado se le clavaba cuando más dolía.
Se levantó de pronto, con los dedos temblorosos buscando la caja de Kennedy, y apenas la encontró abrió lentamente, su vacío ahogaba su garganta, con sabor amargo, tosió para asimilarlo. El contenido de la caja: eran pilares de fotos, tickets de trenes, de asientos en el cine, envolturas de chicles, pequeñas tuercas, pequeños llaveros y juguetes de recuerdos de todas las veces que iban a comer a hamburguesas y venían en las combos como regalo, tazas hechas a manos y libros prestados y antiguos o robados de la biblioteca. Hazael tomó uno de los llaveros, y la pequeña figurita de un gatito negruzo, con ojos zafiros y pequeña sonrisa parecían intactos ante el tiempo, sonrió ante las lágrimas, se parecía a Kennedy.
Un golpe en la puerta, rápido y sin ritmo, la hizo saltar. Se limpió las lágrimas con la mano y lanzó un par de rulos detrás de sus hombros. Suspiró levemente.
ㅡ¿Hazael?ㅡla voz de Hayle McKee, su hermana menor, sonaba amortiguada por la madera ㅡPapá dice que bajes si no quieres que la lasaña se convierta en carbón orgánico.
Hazael respiró hondo, tragándose el nudo en la garganta y recuperando su máscara.
ㅡPasa, Hayle. La puerta está abierta.ㅡ
Hayle entró de un salto, una explosión de energía adolescente que contrastaba brutalmente con la melancolía del cuarto. A sus catorce años, Hayle era una versión más suave y colorida de Hazael, alguien que aún no había aprendido a calcular el costo emocional de las cosas o pretendía.
ㅡEstabas en Winnipeg ㅡdijo Hayle, no como una pregunta, sino como un diagnóstico familiar ㅡ Tienes esa mirada de "odio a Ottawa" que asusta.
ㅡEstaba revisando algunas cajas, Hayle. Nada que afecte el resultado actual.
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Editado: 28.07.2026