Hazbin hotel: El pecado del sufrimiento

Capitulo 3

Después de llorar un poco, Ishnofel se endureció, ajustando su casco con movimientos precisos. La luz mortecina de la habitación reflejaba sus facciones frías, proyectando sombras que parecían arrastrarse por las paredes descascaradas.

—Basta de lloriqueos —pensó, con la voz de la mente tan fría como el hielo.

Se levantó de su cama desgastada y salió de su cuarto. El aire del hotel estaba pesado, impregnado de polvo y de un leve aroma a ceniza y alcohol derramado. Todo parecía contener la respiración ante su presencia; incluso los muebles, gastados y torcidos, parecían inclinarse bajo su mirada invisible.

Vaggie, siempre desconfiada, se acercó con su lanza, la punta brillando tenuemente bajo la luz de neón que parpadeaba. Ignoraba que eso sería su mayor error.

—Espero que no tengas… planes extraños —amenazó, pero su voz se quebró al toparse con la indiferencia de Ishnofel.

Él la observó, impasible, mientras Vaggie recordaba de golpe su estancia en el Cielo:

Los insultos diarios de Adán y Lute.

La ejecución de sus hermanas por ser consideradas débiles.

El acoso constante de Adán.

Cómo Lute le arrancó las alas y un ojo.

Retrocedió, temblando, mientras Ishnofel seguía mirándola como si fuera invisible. El zumbido lejano de la luz fluorescente crepitaba sobre ellos, intensificando la sensación de peligro inminente.

—Baja la lanza. Y no vuelvas a desafiarme. ¿Entendido? —dijo Ishnofel con voz firme, gélida.

Vaggie obedeció, apartándose, mientras el suelo de madera crujía bajo sus pasos. Ishnofel avanzó, cada movimiento resonando como un eco metálico en los corredores vacíos. Husk dejó su bebida en la barra, visiblemente nervioso, el cristal tintineando con un sonido estridente que parecía amplificar la tensión.

—Es… aterrador —susurró, limpiando la mesa con manos temblorosas.

Ishnofel no lo miró y siguió directo a la puerta del hotel, donde la brisa fría del exterior se colaba, arrastrando el olor a hollín y a calles húmedas. Se detuvo como un guardián oscuro, su silueta recortada contra la luz naranja de la ciudad que se filtraba por la ventana rota.

Niffty se acercó con cautela, sosteniendo una bandeja de galletas. La fragancia dulce de las galletas contrastaba con la opresiva atmósfera, haciendo que su nerviosismo fuera aún más palpable.

—¿Quieres? —preguntó, con voz temblorosa.

Ishnofel tomó una galleta, la probó, y luego la miró, su sombra alargándose como un tentáculo sobre el suelo agrietado.

—Está bien. Las galletas son aceptables. Regresa al hotel. Estarás más segura allí —dijo con su frialdad habitual.

Aliviada, Niffty se retiró, dejando a Ishnofel solo ante la puerta. La noche envolvía al hotel como un manto denso y húmedo, y cada rincón parecía contener ojos invisibles. Su atención se tensó al instante con la aparición del demonio de la radio, cuya sonrisa perturbadora iluminó el lugar con destellos irregulares, como luces de advertencia.

—Vaya, vaya… no sabía que tenías sentimientos, amigo mío —rió Alastor, modulando su voz como si viniera de una radio antigua, reverberando en los pasillos vacíos.

—Alastor, el demonio de la radio. Un poder que pocos pecadores han alcanzado en este infierno… impresionante —respondió Ishnofel, manteniendo la mirada fija, mientras el viento nocturno movía las hojas caídas y agitaba las puertas viejas.

—Ah, parece que me conoces —sonrió Alastor, con aire juguetón, su risa cortando la quietud como un cuchillo.

—Ibas por buen camino al principio. Asesinaste a casi todos los Overlords supremos, salvo a Zestial, el más antiguo. Tenías el poder, pero nada te hace invencible —dijo Ishnofel, firme y calculador, mientras las sombras de los edificios caídos danzaban alrededor.

—¿Cómo… lo sabes? —preguntó Alastor, intrigado, sintiendo el peso de la oscuridad que lo rodeaba.

—Perdiste contra Adán y tu popularidad cayó. Luego usaste a Vox para recuperarte. Ingenioso. Pero no intentes compararte conmigo —respondió Ishnofel, gélido, y la brisa nocturna silbó entre las grietas del suelo.

La sonrisa de Alastor se tensó, incómoda ante la seguridad y el poder de Ishnofel.

—Oh, querido, no te pongas arrogante —se burló Alastor.

Ishnofel levantó la mano y, sin más, un árbol demoníaco frente a ellos estalló en llamas, desintegrándose en segundos, dejando un rastro de humo negro que se arremolinaba bajo la luz de la luna.

Alastor retrocedió, impactado, mientras Ishnofel permanecía erguido, imponente, imposible de ignorar, como si la misma noche hubiera elegido protegerlo y temblar ante su presencia.



#429 en Fanfic

En el texto hay: redención, hotel, hazbin

Editado: 17.12.2025

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.