El día transcurría con cierta normalidad en el Hazbin Hotel, aunque un aire de expectativa flotaba en el ambiente. La luz rojiza del atardecer se filtraba por las grandes ventanas, proyectando sombras alargadas sobre las paredes desgastadas y el mármol agrietado del suelo. Lucifer Morningstar, siempre impecable, se miraba en un espejo antiguo con marco dorado, dudando entre varios atuendos que reflejaban su carácter elegante y ostentoso. Ishnofel permanecía cerca de la puerta, su postura firme y vigilante contrastando con la suavidad dorada que bañaba la habitación.
Charlie caminaba de un lado a otro con paso ligero, apenas conteniendo su nerviosismo; hacía tiempo que no veía a su tía. Su vestido blanco se movía con delicadeza, y el aire se llenaba de un leve aroma a jazmín que parecía emanar de ella.
—Bueno, pecadores, la tía de Charlie viene de visita —anunció Vaggie con entusiasmo—. ¡Así que vamos a dejar este hotel impecable!
Husk y Ángel Dust se encargaban de los globos y los carteles de bienvenida, cuyos colores chillones contrastaban con las paredes envejecidas. Cherry Bomb y Vaggie pulían las superficies de la cocina y los cuartos, mientras que Niffty corría de un lado a otro con energía desbordante, repartiendo galletas que llenaban el aire de un aroma dulce y acogedor. La rutina del hotel, caótica como siempre, se sentía extrañamente armoniosa.
El tintineo de las campanas en la entrada anunció la llegada de alguien importante. La puerta se abrió lentamente y apareció Janet Morningstar, cuya sola presencia parecía alterar la luz del entorno; su porte elegante combinaba con un aire de autoridad y calidez. Sus orejas recordaban a Alastor, mientras que su cola negra y roja parecía moverse con vida propia, como si tuviera voluntad propia. En su mano descansaba un bastón con un ojo en su extremo que parecía observarlo todo, añadiendo un toque de misterio a su figura.
Ishnofel fue el primero en acercarse, inclinándose levemente:
—Bienvenida, su alteza, al Hazbin Hotel. Soy Ishnofel, guardaespaldas de la familia Morningstar. Estoy a su servicio.
—¡Oh, por favor! —respondió Janet, con una sonrisa amable que iluminaba su rostro—. No hace falta arrodillarse.
Ishnofel se incorporó, abriendo la puerta con cortesía mientras Lucifer se adelantaba rápidamente para abrazarla:
—¡Estrellita! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo has estado?
—Bien, querido —contestó Janet, relajada, correspondiendo al abrazo con calidez.
Charlie, incapaz de contener su emoción, corrió hacia su tía:
—¡Tiaaaa!
Janet la recibió con entusiasmo, acariciando suavemente su cabello y dejando que un brillo cálido recorriera la habitación.
—¡Mira cómo has crecido! La última vez que te vi eras una niña pequeñita.
Charlie presentó a Vaggie como su novia, y Janet la abrazó con fuerza, dejando escapar un leve perfume que recordaba a rosas recién cortadas. Luego conoció a Ángel Dust, Niffty, Cherry Bomb y Husk, percibiendo rápidamente sus distintas personalidades: el coqueto Ángel Dust, la despreocupada Cherry, la impulsiva Niffty y el algo impaciente Husk.
—Encantada de conocer a la hermana del famoso soberano —dijo Alastor, apareciendo con su sonrisa habitual y dejando un rastro de energía chispeante a su alrededor—. Y debo decir… eres más alta que él.
Lucifer esbozó una sonrisa entre celosa y divertida, mientras Janet le dedicaba una mirada pícara.
—¿Y tú quién eres, Bambi? —preguntó Janet, inclinando la cabeza con curiosidad.
—Alastor, el famoso demonio de la radio. Espero que hayas escuchado alguna de mis transmisiones —respondió él, manteniendo su eterna sonrisa.
Janet se sonrojó levemente, y Lucifer frunció el ceño, ligeramente molesto por la reacción de su hermana.
Más tarde, mientras la algarabía se calmaba un poco, Lucifer y Janet se retiraron a un lugar más privado. Se sentaron frente a frente, y la luz cálida de los candelabros cercanos se reflejaba en los mármoles pulidos, creando un halo acogedor que aislaba la conversación del bullicio del hotel.
—¿Y tú qué has estado haciendo? —preguntó él, relajando un poco la tensión.
—Durmiendo y estudiando patos, como siempre —respondió Janet con naturalidad, una sonrisa jugando en sus labios ante la simpleza de su respuesta.
—Sí, ya sabía eso —comentó Lucifer, con una pequeña sonrisa, recordando viejos tiempos.
—Estoy orgullosa de ti, ¿sabes? —dijo Janet, mirándolo con cariño.
—¿Por qué? —preguntó Lucifer, sorprendido, sin ocultar la emoción que empezaba a asomar.
—Porque hiciste de Charlie alguien increíble. Lograste redimir a un pecador, y sabía que tu sueño se cumpliría —explicó Janet con ternura.
Lucifer no pudo contener una lágrima y abrazó fuertemente a su hermana.
—Gracias —susurró, con la voz quebrada, mientras Janet le correspondía con firmeza.
A unos pasos de distancia, Ishnofel observaba la escena. Se apartó un poco, dejando espacio a la intimidad familiar. La luz rojiza del atardecer se reflejaba en su rostro, resaltando la seriedad de su mirada. Pensó en César y en la fragilidad de la vida, consciente de que esos momentos eran fugaces y valiosos, y profundamente agradecido por presenciar algo tan humano en el Infierno.
Editado: 09.01.2026