Healing Heat

Capítulo 2

Blair

—¡No me lo creo, no me lo creo, no me lo creo! —exclamó mi hermana mayor mientras me estrujaba entre sus brazos— ¡Estás aquí!

—¡Estoy aquí! —respondí, intentado devolverle el abrazo sin soltar mi maleta.

—Tengo mil cosas que decirte, pero a lo mejor deberíamos subir a casa antes de que la señora Kennedy nos lance huevos desde su ventana.

Echaba de menos a mi hermana y a la sensación de paz que radiaba. No había tenido en cuenta lo mucho que la necesitaba hasta que la ví salir de su casa y empezó a correr hacia mí con los brazos abiertos como un oso.
Seguí sus pasos hacia una casa bonita, de dos pisos. Tenía las paredes exteriores de un tono beige y las ventanas, seguramente recién pintadas, de un color platino. Era irónico como esos colores eran exactamente como describiría a Eliana. Seguro que, antes de mudarse, se aseguró de que cada persona que la viera al lado de su casa lo pensara.

Alrededor de la vivienda había varias casas que concordaban con la estética de la de mi hermana. Era un vecindario acogedor, no lo podía negar.

Cuando mi hermana ganó la guerra contra la cerradura de la puerta, entramos al interior de la casa. Estaba decorada con tonos de blanco y beige, haciendo que la casa sea un lugar visualmente cómodo. Joder, acababa de entrar y ya amaba donde viviría.

—Mira, Blair —me distrajo mi hermana mientras ponía sus llaves en el estante que había al lado de la puerta y caminaba hasta la cocina.— Aquí está la cocina, que es de estilo americano. Obviamente al lado está el salón y un poco más al fondo está el baño principal. Arriba están las habitaciones y otro baño, por si acaso.

—Me encanta —respondí, sin palabras. Estaba, literalmente, boquiabierta.

—Sabía que lo dirías. ¿Quieres ver tu habitación?

—¿Me has preparado una habitación?

—Obviamente, hermanita. Ya sabes lo que dicen, mujer precavida vale por dos.

Me reí ante sus palabras y la seguí hacia el piso de arriba. Había un gran pasillo con cuatro puertas. Según lo que me iba explicando, ya que no había prestado atención por lo embobada que estaba, una habitación era suya, otra mía, una de invitados y, la última, el baño.

—Que sepas, muchachita, que he dedicado sudor y lágrimas durante el último mes decorando la habitación para que te guste. Si recibo una más mínima queja...

—Eli, estaría contenta con tal de que me des el sótano.

—Ah. Si hubiera sabido eso definitivamente te hubiera dado el sótano.

Nos reímos durante unos segundos y, finalmente, me enseñó la habitación. Era bastante grande comparada a la antigua y, sin duda, era preciosa. Aunque Eliana intentó hacerme ver que no le dió tanta importancia, vi como esperaba atentamente una reacción.

—¡Joder, Eli! —grité, tirando mi maleta hacia la cama y saltando a sus brazos— ¡Es super bonita!

Me recibió en sus brazos con una sonrisa y estuvimos un rato riéndonos de su cara en el momento en que salté hacia ella.

—Bueno, pequeñaja. Deshaz tú maleta y tómate una ducha. Yo voy a ir a preparar la cena. De hecho, hay una fiesta esta noche. Va una amiga mía y me ha invitado, ¿te apetece ir?

—Tia, necesitaba que dijeras eso. Un poco de alcohol no irá mal esta noche.

—Ey, ey, ey —dijo sarcásticamente— acabas de cumplir los dieciocho, nada de borracheras.

—Si, si. Lo que tú digas, doña aburrida.

Volvió a recordarme a qué hora cenaríamos y se fué, dejándome sola en mi habitación.

Hoy iba a ser una buena noche; y nada la arruinaría.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.