Healing Heat

Capítulo 4

Hugh

Joder, el pub estaba a estallar. Realmente no tenía ganas de venir, pero el tonto de Matthew, mi mejor amigo, me obligó a hacerlo.

Me dijo que últimamente no salía con ellos —con él, Spencer y Pierce— y que solo entrenaba o estudiaba.
Sinceramente, algo de razón tenia.
Era el inicio de la temporada escolar. De la universidad, en realidad.

Estaba en tercero de carrera, estudiando Empresariales. Sabía con certeza que no me quería dedicar a ello, o que al menos no era mi primera opción, pero como obviamente no hay ninguna carrera especializada en el fútbol profesional, tuve que decantarme por algo.

—¿Te vas a quedar ahí embobado, grandullón? —gritó Matt, ya que si no lo hacía, probablemente no lo hubiera escuchado.— Dentro de poco llegan Spencer y Pierce. Dicen que hay tráfico.

—¿Solo vienen ellos dos?

—Bueno, se ve que también viene la novia de Pierce —respondió, volviendo a chillarme en la oreja. Joder, tenían que bajar la dichosa música— ¿era la pelirroja o la pelinegra?

Negué sarcásticamente mientras volvía a llevarme la cerveza a los labios. Volví a meterme en mi mundo, cuando después de unos minutos escuché una voz familiar a mis espaldas.

—¡Joder, Hugh! ¡Has venido! —dijo Pierce, mientras me daba un abrazo— Pensaba que no vendrías, cabrón.

—Tampoco me he saltado tantas fiestas. —dije mientras le devolvía el abrazo, sabiendo que se reirían de lo que acababa de decir.

Eso mismo pasó y estuvimos un rato riéndonos de cada tontería que decían Matthew y Spencer.
Parecían dos hermanos, no por el físico, si no por la personalidad. Los dos eran igual de imbéciles, pero eran nuestros imbéciles. Les tenía —a todos— un cariño especial desde que los conocí en primero de secundaria. Éramos muy unidos y, realmente, confiaría en ellos con los ojos cerrados.

No me había dado cuenta de la pelirroja que teníamos al lado. No por querer ignorarla, simplemente era bajita. Dijo así, sonaba mal, pero no era algo personal. Todos los chicos mediamos más de un metro ochenta y cinco, así que literalmente nos llegaba al pecho. Obviamente, después de saludarla, la incluimos en la conversación.

Ciara nos explicó que vendrían unas amigas suyas —entre ellas la pelinegra con la cual la había confundido Matt hace unos minutos— y que también había invitado a una amiga que había conocido hace unas semanas.

Justo cuando estaba acabando de explicarnos como conoció a la supuesta "Eliana", su teléfono vibró dentro de su bolso.

—Debe de ser ella —nos explicó, con una sonrisa— voy a contestarla. Ya vengo.

Una vez se alejó, Matt le puso la mano en el hombro a Pierce y, obviamente, tuvo que soltar una de sus tonterías.

—Tio —dijo Matthew— creo que amo a tu novia.

Todos sabíamos que Matthew no lo decía en serio. Lo hacía para picar a Pierce, ya que, simplemente, su relación era así. Tal y como había mencionado anteriormente, eran como dos hermanos. Mejor dicho, eran como Tom y Jerry.

Mientras nos reímos, oímos unas voces femeninas acercándose a nuestra mesa. Solo reconocí la voz de Ciara, así que me giré a ver de quién provenían las demás, igual que mis tres amigos.

Resultaron ser cinco chicas; Ciara, sus dos amigas y la chica que mencionó haber conocido hace unas semanas. Solo había una que no me sonaba y —ironicamente— la que más la atención me llamaba.

—Chicas, este es Pierce. Los demás son sus amigos; Matthew, Spencer y Hugh. —Les explicó a sus amigas, antes de girarse hacia nosotros— Chicos, estas son las chicas que os había dicho antes; Hailey, Brooke, Eliana y Blair.

Saludamos a las chicas pero, por alguna razón, mi mirada siempre volvía a la morena de pelo largo.

Nos quedamos toda la noche hablando sobre todos los temas que surgieron; el fútbol, nuestras carreras, a qué nos queríamos dedicar cuando las acabáramos y vete a saber que barbaridades más. Descubrí que Blair —la morena— se acababa de mudar a Mothersand, que venía de Southpearl y que cambiaba de tema cada vez que alguien preguntaba por la razón con una sutileza extraña que hacia que nadie la cuestionara.

Todos acabamos al menos un poco borrachos, así que tuvimos que llamar a un Uber a causa de nuestra incapacidad de conducir, o también a la falta de ganas de quedarnos sin carnet. Acabamos en el sofá de la casa de Matthew, todos —y si, las chicas también— amontonados y, por alguna razón, sin zapatos.
Seguramente Matthew, después de que nos quedáramos dormidos, se haya dedicado a quitarnos los zapatos.
No por cariño, ni nada de eso. Simplemente el sofá valía más que su existencia, y si su madre se enteraba de que nueve personas recién salidas de la adolescencia se habían dormido en su preciado sofá de cuero, Matt sería hombre muerto.

Por razones de la vida, cuando me desperté, tenía a la morena, Blair, justo al lado mío, a pocos milímetros del roce. Decidí moverme, porque podia ser lo que quiera, pero nunca sería un cabrón.
Realmente tenía la oportunidad de tocarla y ella nunca se habría dado cuenta, pero simplemente no podía.

¿Tocarla sin su consentimiento? ¿Estamos jodidamente locos?

Aunque el "tocamiento" no hubiera sido sexual, ni absolutamente nada parecido, se sentía rarísimo. No era así.

Me movi hacia mí izquierda, dejándola a mis espaldas.

Joder... ¿Que coño me pasaba con esta chica?




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