Viernes 13 de junio de 2025
Los días empezaron a pasar más rápido de lo normal.
No porque hiciera más cosas… o porque estuviera mejor…
Solo… ya no los estaba contando.
Al menos no desde ella.
No es que la olvidara.
Eso no funciona así.
Pero ya no estaba midiendo todo desde ese día.
Salí del trabajo sin prisa.
Sin plan.
Como casi siempre… pero distinto.
Ni siquiera pensé mucho a dónde ir; solo caminé hasta el metro porque… pues porque sí. Porque era lo que seguía. Porque me quedaba de paso. Porque no tenía ganas de pensarle demasiado a algo tan simple.
Bajé las escaleras, pasé por el torniquete y esperé.
Lo normal.
Gente con audífonos.
Alguien viendo videos sin audífonos.
Una pareja discutiendo bajito como si eso ayudara.
El clásico que corre cuando ya va llegando el tren.
Nada especial.
Y por primera vez en mucho tiempo… tampoco estaba buscando que lo fuera.
Me subí.
Había lugares, pero no me senté. Me quedé junto a la puerta, recargado viendo al frente.
Me puse mis audífonos y saqué mi celular.
Puse mi playlist y guardé el teléfono.
No había nada que revisar.
O más bien… no necesitaba que hubiera algo.
Y ahí, viendo hacia el frente, fue cuando lo pensé.
No como conclusión.
No como frase importante.
Solo… como algo que llegó.
Los días pasaron rápido… y yo también.
Pero no huyendo.
No esperando algo que pasara.
Solo… pasando.
Y existiendo.
El tren avanzó un par de estaciones.
Gente subía y bajaba.
El metro olía a sudor, metal caliente y malas decisiones.
Nueva York en junio es básicamente una advertencia climática con edificios.
El vagón frenó de golpe antes de Lexington Avenue y alguien me empujó por detrás. Mis audífonos salieron volando y uno terminó debajo de un asiento.
—Chingada madre… —murmuré, agachándome.
Pero alguien llegó primero.
Una mano apareció frente a mí sosteniendo mi audífono.
Uñas color vino, una pulsera dorada y un anillo sencillo que reflejaba la luz blanca horrible del metro.
— ¿Buscas esto?
Levanté la mirada y no hice más que quedarme viendo a detalle a quien me había preguntado y, honestamente… creo que el cerebro se desprograma con ciertas personas.
Ella llevaba un vestido negro corto y el calor le había pegado algunos mechones de cabello al cuello. Labial rojo ligeramente corrido. Como si hubiera sobrevivido un par de horas de los que indicaba la publicidad de esa marca.
No se veía perfecta, más bien se veía peligrosa.
— ¿Te golpeaste la cabeza o solo te dejé impresionado? —dijo con un tono burlón y juguetón.
—Gracias —dije, tomando el audífono y como si solo supiera esa palabra de todas las del diccionario.
Entonces vio mi celular todavía encendido.
Aún sonaba High and Dry de Radiohead en el audífono mientras trataba de guardarlo en su estuche.
—¿Radiohead? —arqueó una ceja—. ¿En pleno día soleado? ¿Quién te hizo tanto daño?
Me reí.
No por quedar bien… simplemente tenía algo de razón.
— Tengo problemas para procesar los sentimientos sanamente.
—Sí, ya lo noté.
El metro volvió a avanzar.
Y, por alguna razón normalmente incómoda en mí, el silencio no se sintió incómodo, solo algo nervioso.
— Alessia —dijo extendiendo la mano.
Como si no fuéramos dos desconocidos… bueno, supongo que ya no, si me dijo su nombre.
— Jim.
Me observó un par de segundos, casi como si estuviera evaluando qué clase de persona era con solo ver las agujetas de mis tenis.
— Te gusta escribir —lo dijo de manera segura.
— ¿Qué?
— Se te nota.
— ¿Qué se supone que significa eso?
— Que tienes cara de desvelarte pensando respuestas perfectas para discusiones que ya terminaron hace meses.
… ouch.
Pero tengo que admitir que era buena.
— También tienes cara de escuchar playlists llamadas “3:00 a.m.” —añadió.
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Editado: 04.09.2026