Capítulo 9. El trabajo estresante de los familiares
—Los familiares son mis ayudantes. Casi todas las brujas tienen uno, pero yo tengo dos. Uno lo heredé de mi bisabuela, como ya les conté, y el otro se me pegó tanto que no pude quitármelo de encima, así que ahora tengo un par de ayudantes.
—Bueno, ¿tu secretaria Yulia es tu familiar? ¿Y quién es el segundo? —preguntó una de las chicas.
—Que va, un familiar es un animal —respondió la chica disfrazada de diabla. Se nota que ella sabe algo del tema.
—¡Pues la secretaria Yulia es toda una fiera! —exclamó la chica con el disfraz de búho.
—Mi primer familiar es mi gato, Maximiliano XIV. Un gato aristocrático que vivió en la corte de la mismísima Marquesa de Pompadour. Es un caradura maullador. Su nombre completo es Maximiliano Catorceava.
—Querrás decir "decimocuarto" —observó alguien de los presentes.
—No, exactamente "catorceava". Yo soy su decimocuarta bruja y dueña.
—¡Vaya tela! —soltó el camarero, que ya se sentía parte de nuestro grupo—. ¿Pero las brujas no deberían tener un gato negro?
—Sí, una bruja debe tener un gato negro como la noche. Maximiliano me llegó de parte de mi bisabuela negro como el carbón. Solo se le veían los ojos brillando de color amarillo. Era fácil que se perdiera en la oscuridad de la noche.
Lo que pasa es que, como les dije, soy la número catorce. Ya de por sí no es un gato joven, y yo, como dice Maximiliano, soy demasiado... emmm... caprichosa, inconsistente e impredecible. Por eso le salieron canas al pobre. Bueno, le alteré su sistema nervioso gatuno periódicamente y por eso encaneció a rayas. El trabajo de los familiares es estresante, digan lo que digan.

Pero lo quiero, al muy caradura. A veces llego del trabajo cansada como un perro, y él sale a recibirme, se me arrima, maúlla, y todo el cansancio desaparece como por arte de magia. Si tan solo no me sacara de quicio con sus sorpresas... porque, a veces, me trae un ratón de regalo y yo me pongo a gritar como una loca.

—Bueno, tu primer familiar es el gato Maximiliano XIV. Hasta me lo creo, porque él sabe exactamente con qué invitados ser cariñoso y a quién orinarle los zapatos. Y si le rascas detrás de la oreja, tú misma te sientes en el séptimo cielo. Pero, ¿quién es el segundo familiar si no es Yulia, la secretaria? Si no tienes más animales en casa.
—Ah, es que mi segundo familiar está en el trabajo. ¿Qué pasa? ¡Es conveniente! Porque a veces, cuando se juntan los dos, hace falta una semana entera para volver a poner el departamento en orden. Así que a mi segundo familiar lo han visto más de una vez.
—¿Un perro?
—¿Una rata?
—¿Entonces sí es la secretaria?
—¿Una cucaracha? —aventuró también el camarero.