Hechizos bajo la Luna

Capítulo 3 - Control del Caos

—No puedo creer que me haya mentido.

—Oli, no es para tanto. Lo hizo para protegerte.

Es lunes, son las seis con cincuenta. Moni y yo estamos en el salón de clases; aún está un tanto vacío, a pesar de que la primera clase comienza a las siete en punto. El día es fresco y está nublado, un clima agradable considerando que en mi ciudad estamos acostumbrados a un calor insoportable.

No sé exactamente cómo sentirme respecto a ser un brujo. Me duele que me lo haya ocultado durante tanto tiempo y, como si no fuera suficiente, siento que he desperdiciado todo este tiempo en cosas inútiles, cuando podría haberlo aprovechado para aprender a controlar mi poder. Y, para colmo, un grupo de brujas locas me está buscando.

Por otro lado, desearía poder fingir que nunca descubrí nada de esto, que todo es un mal sueño y que aún soy una persona normal —si es que alguna vez lo fui—. Creo que empiezo a entender por qué mi mamá me lo ocultó.

Solo quiero salir de la escuela, llegar a casa, pedirle perdón, abrazarla y no soltarla. Quiero que me diga que todo va a estar bien, que me enseñará a controlar mi magia.

Pero ni siquiera tengo la certeza de que sepa cómo funciona.

El timbre suena, marcando el inicio de la primera clase del día.

☽☾

He pasado las últimas cuatro clases en silencio. También discutí con Moni. Llegué quince minutos antes de las siete; ella ya estaba en el salón. Nos saludamos y empezamos a hablar sobre lo que pasó con mi mamá. Algo que tienen en común Moni y mi mamá es que siempre tienen la razón.

No sé por qué terminé peleando con ella. Creo que fue porque tuve miedo. Miedo de no saber qué me depara el futuro. A partir de ahora, cualquier cosa es posible.

☽☾

Suena una vez más el timbre, anunciando que es hora del descanso.

Cuando Moni no está bien, suele quedarse en el salón, perdida en sus pensamientos. Es diferente a mí; yo prefiero salir a dar vueltas para distraerme.

Al salir, antes de cerrar la puerta, la miro. Está al fondo del salón, usando audífonos, con la mirada fija en algún punto que no alcanzo a distinguir. Ni siquiera me voltea a ver. Cierro la puerta.

☽☾

Estoy por terminar la quinta vuelta cuando el hambre comienza a hacerse presente. Sin pensarlo mucho, entro a la cafetería, solo para encontrarla a reventar de gente.

Fuck. Y yo que quería entrar y salir.

Después de un rato en la fila, termino comprando una botella de agua y un burrito. La verdad, no me encanta, pero es de lo mejorcito que venden aquí.

☽☾

Estoy sentado en una banca junto a la biblioteca. La prepa no parece estar muy bien diseñada, ya que la biblioteca se encuentra justo enfrente de la cancha, donde se está librando un emocionante partido de fútbol... o al menos eso pensaría si me gustara el deporte. Como no es el caso, regreso mi atención al burrito.

Una brisa fresca pasa, aliviando el calor. El cielo ya no está tan nublado y el sol comienza a asomarse entre las nubes. A pesar de ello, el clima sigue siendo agradable, de esos días que normalmente disfrutaría si no me sintiera tan mal y tan solo. Desearía poder hablar con alguien sobre todo lo que estoy pasando. Alguien que no me conozca, alguien que no juzgue.

Estoy perdido en mis pensamientos cuando noto una pelota en mis pies. Detrás de ella viene Adrián, vistiendo el uniforme de fútbol de la escuela. Me sorprende que, a pesar de haber estado jugando un buen rato, su peinado sigue intacto.

—Hola, ¿podrías pasarme eso? —apunta con el dedo a la pelota que sostengo en mis manos.

—Sí, aquí tienes.

Si no fuera porque estoy desanimado, estaría muy nervioso.

—Gracias.

Se me queda viendo.

Ya se acordó, no puede ser.

—¿Tú eres el que se cayó el viernes?

Siento como me empiezan a arder las mejillas y me pican los brazos y la espalda, esto pasa cuando me pongo nervioso.

Espero no explotar otra vez.

—Sí soy yo y perdón. Olvidé darte las gracias por ayudarme.

—No te preocupes y no hay de qué. Yo olvide preguntarte tu nombre, tenía algo de prisa.

—Me llamo Oliver. Oliver Luna

Se escuchan gritos a lo lejos.

—Un gusto, Oliver Luna —trota de regreso a la cancha —Yo soy Adrián —dice a la distancia.

Por último, hace un gesto con la mano para despedirse.

☽☾

Voy en el autobús de regreso a casa, con los audífonos puestos, escuchando una canción de Humbe. Habla sobre dar gracias porque alguien esté en tu vida y cómo esa persona guarda tu alma y esencia en su corazón, dándole sentido a tu existencia porque es parte de tu manada.

Sigue otra canción del mismo artista, esta vez sobre alguien que te sana y camina contigo a través del bien y el mal. No puedo evitar pensar en mamá.

Necesito hablar con ella. Necesito disculparme.

☽☾

Acabo de llegar a mi casa, estoy agotado. Ya no hay nubes y el sol está en su punto máximo, lo que en mi ciudad significa el infierno mismo. La mejor manera de arreglar las cosas es hablar, y probablemente lo intente en la hora de la cena. Ahora no estoy en mi mejor momento, y necesito dormir.

Para cuando salgo de mis pensamientos, ya estoy acostado en mi cama.

☽☾

Abro los ojos de par en par. Ya está oscuro y la luna brilla en el cielo. Una brisa fresca entra por la ventana, pero no es suficiente para calmarme. El corazón me va a mil por segundo: tuve una pesadilla. Soñé que estaba con Moni y mi mamá en el cerro. De repente, todo se tornó negro y ya no estaban. El aquelarre me había rodeado, y mis pies ardían en un fuego tan rojo como las rosas.

Por suerte, solo fue un sueño. No tengo idea de qué hubiera hecho en esa situación. Me sentí inútil.

Me dirijo a la cocina, donde está mi mamá terminando la cena. Tengo un "perdóname" atorado, pero también un nudo en la garganta. Me siento horrible. Sin embargo, es ella quien habla primero.




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