Hechizos bajo la Luna

Capítulo 4 - Huracán Sara

Desperté en mi cama muy cansado por lo de anoche. Me volví a desmayar. Mi mamá me dijo que, cuando estallaron los vidrios, mi papá acababa de llegar de visitar a sus padres y él fue quien me llevó a mi cuarto. Además, le contó lo ocurrido con el aquelarre.

Ahora voy con él de camino a la prepa porque ya no quiere que viaje yo solo en autobús; dice que es arriesgado y que, de ahora en adelante, él me va a llevar a donde necesite ir. También dejaron claro que ya no podré salir, excepto para ir a la escuela.

Voy tarde; ya son las siete de la mañana y, para rematar, la primera clase la tengo con el mugroso de Camacho. Me asomo por la ventana del salón y veo que ya está dando la clase. Solo me queda tocar la puerta y esperar que no me regañe tanto.

—¡Adelante! —dice el maestro—. La puerta está abierta.

—Buenos días, maestro —hago que mi voz suene lo más suave posible—. Se me hizo tarde, ¿puedo pasar?

—Pase —dice, a la vez que gira los ojos—, pero le pido que no interrumpa la clase.

—Sí, maestro. Gracias.

Camino hacia mi silla. Moni ya está en la suya, y no puedo esperar para disculparme con ella. También tengo que contarle todo lo que pasó ayer: mi interacción con Adrián, que puedo volar —el simple hecho de pensarlo se me hace súper extraño— y que "controlo" un poco más la onda.

—Hola —le digo en un susurro—, necesito hablar contigo.

—Después —responde ella también en un susurro—, porque nos pueden regañar.

—Está bien, pero preferiría que fuera...

No pude terminar la oración porque Camacho me interrumpió.

—¿Otra vez ustedes dos?

Moni me mira notablemente enfadada.

—Y a usted ya le había dicho que no interrumpiera —dice, mientras me apunta con el dedo—. Ambos, vayan a la dirección. Espérenme ahí.

☽☾

En resumen, vamos a ser los asistentes del maestro el sábado. Tendremos que ir a ayudarle con su investigación para la última clase del semestre, ya que esta es la penúltima semana de clases. Lo peor es que será todo el día. Tendremos que acampar ahí. Es un poco tétrico tener que acampar con un maestro, y si es un depravado o un asesino serial... probablemente no lo sea, pero ¿y qué tal si sí?

Es hora del descanso y le pido a Moni que me acompañe a la biblioteca. El equipo de porristas está practicando en la cancha.

—Son tan creídas —dice mi amiga.

—Pero bien que te gustan —le doy una media sonrisa.

—Cállate, Oliver —me golpea el hombro y se ríe—. Okey, ahora discúlpate.

Me sorprendió un poco que dijera eso, pero ella es así.

—¿Qué? No me voy a disculpar solo porque tú lo quieres. Lo haré porque a mí se me da la gana y soy buena persona.

—Sí, cómo no.

—Ay, no sé por dónde empezar.

—Te estoy esperando, Oli.

—No tuve que enojarme —digo, agachando la cabeza—. Tú no tienes la culpa de nada, pero entiéndeme un poco. Me sorprendió mucho saber que las migrañas no existían, solo eran mis poderes intentando salir. Y yo sabía que era tonto heredar migrañas; heredar magia me suena más razonable. Mi mamá me mintió por toda mi vida. Ahora entiendo que solo era para protegerme, pero no pude evitar enojarme con ella y, por desgracia, me enojé contigo. Perdóname, Moni.

—Te perdono, Oli. Solo porque no me puedo enojar contigo.

Y nos fundimos en un abrazo. Moni es una de las personas más importantes que he conocido hasta ahora. Fue ella quien me animó y me apoyó para decirles a mis padres que soy gay. Es a ella a quien le cuento cuando me peleo con mis padres. En fin, quiero mucho a Moni.

☽☾

Le conté a Moni que puedo volar. Me molestó mucho que ni se inmutara; o sea, ¡puedo volar! Pero sí se preocupó cuando le dije que me volví a desmayar.

—Muéstrame.

—¿Qué quieres que te muestre?

—Pues, vuela.

—Aún no lo puedo controlar muy bien, Moni. Solo sé con qué emoción lo evoco.

—¿Y cuál dijiste que era? —dice, asomándose por detrás de mi hombro, pero no le doy importancia.

—Creo que el cariño o el amor, pero no sé si es cuando yo siento eso por una persona o cuando alguien me lo demuestra.

—¿Crees que funcione con el enamoramiento?

—No lo sé, tal vez. ¿Por qué?

—Estamos a punto de averiguarlo —dice, ignorando mi pregunta.

—Hola, Oliver —dice una voz atractivamente familiar detrás de mí.

Los nervios recorren mi cuerpo al instante y volteo para confirmar mi sospecha: es Adrián. Moni ríe detrás de mí.

—¿Puedo sentarme con ustedes?

Y yo, que no me puedo resistir a este hombre, dirijo la mirada hacia los ojos de Moni mientras gesticulo un «¿puede?». Ella solo inclina la cabeza hacia abajo, diciendo que sí, y se lleva la mano a la boca para ocultar su sonrisa.

—S-sí —su sola presencia hace que me tropiece al hablar. No sé cómo hice para mantener la pequeña conversación que tuvimos ayer.

—Gracias —dice, sonriendo con los ojos—. Disculpen si los interrumpo.

—Para nada —responde Moni—. Adrián, ¿verdad?

—Mmm, sí —dice, algo extrañado—. ¿Cómo sabes mi nombre?

—Oh, Oli me ha hablado mucho de ti.

—¿En serio? —levanta una ceja mientras me ve.

—¡No!

Doy un golpe en la banca; ni siquiera pensé en lo que dije. Siento que voy a morir.

—B-bueno, le conté mi día y ahí iba que hablé contigo, pero no hablo mucho de ti.

Le lanzo una mirada enojada a Mónica, pero ella no deja de reír.

—Mucho gusto, soy Mónica —dice ella, dirigiéndole una sonrisa a Adrián, tratando de evitar la incómoda situación en la que me puso.

Adrián procede a sentarse a mi lado, dejándome en medio.

—El gusto es mío —responde. Luego me mira y añade—. Oliver, sé que apenas nos conocimos ayer.

Técnicamente lo conozco de antes, y él a mí desde la caída del viernes, pero no lo interrumpo. Hay algo serio detrás de ese tono tan dulce que me está volviendo loco y al que podría empezar a acostumbrarme.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.