Siento una vibración al lado de mi cabeza, seguido de un sonido irritante que me levanta. Es la alarma.
Gracias al cielo es el primer día de vacaciones, soy libre de la escuela. Pero no del profe Camacho, el castigo apenas empezó y aun me quedan tres idas al bosque, si soy optimista, el día de hoy no cuenta.
Tocan la puerta de mi cuarto.
—Oliver, apaga la alarma —es mamá —. Lleva media hora sonando.
¿Qué hora es?
Y casi como si me leyera la mente. Abre la puerta y dice:
—Son las ocho treinta, Oli. Despierta ya, hacemos más de una hora de camino y debes llegar a las diez en punto.
—¿Y eso? —una sonrisa se forma en mi rostro.
—¿De qué hablas Oliver? ¿Eso de que? —confundida.
—Pues eso, que aprendiste a tocar la puerta —suelto una carcajada.
—Eres un tonto —se oye molesta —. Rapidito, Mónica y el chico que te trajo ayer te están esperando afuera. Moni dijo que te estuvo marcando para avisarte, pero nunca respondiste. ¿Tan cansado estabas?
—¿Qué?
O sea, ¿QUÉ?
—Deja de hacer preguntas sin sentido y arréglate rápido, están en la sala.
Y con eso ultimo sale del cuarto y cierra la puerta tras de sí.
Me arreglo lo más rápido que puedo. Pero solo pensar que vino por mí, me desconcentra lo suficiente como para darme cuenta de que tengo los zapatos al revés y que no me bañé —por suerte lo hice ayer antes de dormir, así que equis —.
Se escuchan pasos afuera de mi puerta.
—Oli —susurra Moni —, ¿ya te cambiaste? ¿puedo pasar?
Abro la puerta y la estiro adentro.
—Tranquilo, no te aceleres tanto —me ve de arriba abajo —. Traes los tenis...
—Al revés —grito, apurado —. Ya lo se.
—Yo sé que esto es un poco sorprendente.
—¡¿Un poco?!
—Bueno, muy sorprendente—. Va a mi cama y se sienta —. Hasta para mí lo fue.
—Claro Moni, ponte cómoda —digo mientras atasco mi mochila con cosas.
—La cosa es que ayer en la noche, Adrián me mandó un mensaje, diciendo que él pensaba que sería más fácil para nuestros padres si vamos todos juntos al bosque.
—¿Y le dijiste que sí?
—Le pregunte a mi papá y me dijo que si, que tenía cosas que hacer hoy en la mañana y no podía llevarme. Después, te llamé, te mandé mensajes y nada. Marque al teléfono de tu casa y me respondió tu mamá, dijo que era una excelente idea.
—Espera, ¿te dijo que es buena idea?
—Sí.
—A veces siento que se contradice demasiado, primero que tengamos cuidado con las brujas locas de ojos rojos y luego le parece brillante que tres adolescentes manejen solos hasta el bosque.
—Oli, yo sé —suspira —. Creo que solo quiere que te distraigas un poco de todo lo que te ha pasado últimamente, te vendrá bien desconectarte un rato de la magia.
—Dices eso como si no hubiera un maldito nahual en el bosque.
—Es diferente —gira los ojos —, aparte creo que tu mamá sabe que te gusta Adrián.
Me guiña el ojo.
—¿Le dijiste? —me tapo la cara con las manos —. Me siento traicionado, que lo sepas.
—¿Cómo se supone que la iba a convencer de que nos dejara ir con él? —se levanta de donde estaba sentada y me pica el pecho con su dedo —. Además, no me dijiste que te trajo ayer a tu casa, maldito zorrito.
Antes de que pueda contestarle entra Adrián.
—¿Ya están listos?, se nos hace tarde.
—Sí, ya vamos —Moni toma mi mochila con una mano y me agarra del brazo con la otra.
☽☾
Moni quita su mochila del asiento del copiloto y la pone en los asientos de atrás.
—Anda, Oli —divertida —. Tu siéntate adelante, yo me mareo muy fácil, aparte quiero dormir un poco.
Es mentira, a ella le encanta ir adelante.
☽☾
Vamos a mitad de camino, Mónica "duerme" en los asientos de atrás. Adrián y yo hemos hablado poco, tal vez sea porque me levante muy rápido y aun sigo modorro, pero no es incómodo, se siente bien.
Iba disociado viendo los autos pasar y su voz me saca del transe.
—¿Dijiste algo? —volteo a su dirección, se le ve feliz y en paz.
—Pregunto que si quieres oír música —sin apartar la vista del camino.
—Claro que sí —lo que tú quieras —, pero pon algo movido, a ver si se me quita el sueño.
—Oliver, no te vayas a dormir —suena preocupado —. Eres el copiloto.
Me quedo cayado y él empieza a reír, es muy lindo.
—Es broma, Oli.
Eso último se sintió bien, siempre me dice Oliver.
—No te molesta que te diga así, ¿verdad?
—Para nada, a veces se me hace raro que mis amigos me digan Oliver.
Amigos.
Sigo con el miedo de que si nos hacemos más cercanos tenga que involucrarse en todo esto.
Me muestra su teléfono con el reproductor de música abierto.
—Ojos en el camino, Adrián.
—Eres un poco distraído —levantando una ceja —. El semáforo está en rojo.
—Te digo que sigo dormido.
Porque esto es como un sueño.
—¿Entonces? —me ve, esperando una respuesta —¿una canción de Nsqk?
—Pues no sé quién sea, pero si a ti te gusta ponlo.
—Te va a gustar.
Un claxon suena detrás de nosotros. Y seguido nos gritan:
—Muévanse puñetas.
Quien sabe hace cuanto el semáforo había cambiado a verde. Adrián aceleró. Moni reía desde atrás, fingí no escucharla.
Pone una canción que no conozco.
Empieza con un ritmo suave, medio pegajoso, y una voz que dice algo sobre tener algo en la cara que droga. ¿Qué es esto?
Me da risa, pero también me deja medio tonto, como si el carro se llenara de algo que no sé nombrar.
Él marca el ritmo con los dedos sobre el volante, distraído, moviendo apenas los labios cuando repite el coro.
No canta, pero se nota que le gusta.
La letra dice "no sé bailar, pero ahora quiero que me enseñes", y me hace pensar que yo tampoco sé bailar, pero le enseñaría.
El estribillo suena una y otra vez —viene y va, viene y va— y las luces del sol pasan por su cara a cada metro que avanzamos.
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Editado: 09.01.2026