Magnus se puso en pie y comenzó a recorrer el nivel 9, hasta la escalera en forma de espiral. Tenía la certeza de que, aunque había reiniciado el sistema, no era seguro utilizar los ascensores. Todas las puertas debían estar abiertas y disponibles para llegar hasta el nivel 1. Comenzó a bajar, dejando atrás elementos de trabajo, cascos y herramientas diseminados por el suelo.
El descenso era vertiginoso. Nivel 8… Nivel 7.
Nivel 6.
Nivel 5.
Nivel 4.
Nivel 3.
Nivel 2.
Magnus llevaba en la mano la radio portátil, atento a cualquier señal de comunicación desde el helicóptero. Aun así, hasta ese momento solo recibía estática. Aquel sonido fue su compañía mientras descendía por las escaleras y, cuando llegó al nivel 1, el ruido se fue disolviendo entre el estruendo de la tormenta.
Un nuevo golpe térmico se estrelló contra él al atravesar el umbral que lo puso frente a la pasarela de servicio. El frío congelado le caló los huesos, filtrándose a través de su overol de neopreno. La lluvia y el viento otra vez hicieron su trabajo, golpeándole el rostro de lleno, y el rugido del mar estalló a su alrededor, más cercano que nunca.
La visibilidad era mínima en medio de la densa neblina, pero podía verlo.
Allí estaba. Justo al otro lado del puente. La figura permanecía allí, intacta. No lo había imaginado. El impermeable amarillo se agitaba con fuerza y la capucha aún cubría su cabeza y parte de su rostro. El agua le corría por las mejillas.
El desconocido no era inmune a la tormenta.
Magnus avanzó un paso y su pulso cardíaco se aceleró de inmediato. Algo le decía que todo aquello había sido un terrible error. Sentía una extraña incomodidad que no lograba explicar de ningún modo.
El aire se volvió más pesado. Le costaba respirar y llevar oxígeno a sus pulmones, como si de pronto lo hubiera olvidado. Pero, de golpe, su tórax comenzó a contraerse como si estuviera hiperventilando. Había pasado de un estado de falta de oxígeno a una respiración profunda y excesiva. Su instinto le imploraba que retrocediera y saliera de allí cuanto antes. No encontraba explicación, pero la sensación de que algo no encajaba se iba instalando en su mente.
Aquello era… disruptivo.
El desconocido no hizo ningún gesto durante unos segundos. Solo estaba allí, al otro lado del inicio de la pasarela de servicio, sin ninguna intención de atravesarla, observando fijamente a Magnus.
Luego, sin previo aviso, se dio la vuelta y comenzó a recorrer el nivel 1, rodeando el núcleo central de la Zona A. Aquel movimiento era lento, como si no tuviera prisa y como si el tiempo no tuviera peso sobre él. Se desplazaba con una calma ajena a todo lo que ocurría a su alrededor.
El extraño comenzó a alejarse de la pasarela de servicio, siguiendo el mismo trazado que Magnus había utilizado antes. Era el mismo recorrido curvo que bordeaba la estructura, suspendido a unos quince metros sobre el nivel del mar.
La decisión volvía a dividirse en dos opciones: la primera era regresar a la Zona B, subir de nuevo hasta el nivel 9 y esperar el rescate. La segunda parecía más cruda e irracional. Quería ir tras los pasos de aquella persona, averiguar quién era y tratar de convencerlo de que evacuaran juntos.
Algo no le gustaba de aquel sujeto. La forma en que se movía, con una ausencia total de urgencia, como si nada estuviera pasando. Pero una fuerza sobrenatural lo obligó a elegir la segunda opción: seguirlo. Había algo que necesitaba entender.
Magnus dio el primer paso en la pasarela. Luego avanzó a buen ritmo, adentrándose en la bruma, hasta llegar a la mitad del puente. Aquel punto intermedio, en territorio de nadie, entre las dos zonas donde todo parecía detenerse. Recordó la visión del mar oscurecido y una sombra emergiendo desde la superficie hasta rozar la pasarela. Al mirar hacia abajo, la furia de las olas seguía constante, pero esta vez no hubo ninguna visión, ni tampoco ninguna mancha ascendiendo desde las profundidades.
Cuando llegó al final del puente, el desconocido estaba de espaldas, a unos cuatro metros de distancia, esperándolo. Todo era cada vez más inquietante. Apenas apoyó ambos pies sobre el nivel 1 de la Zona A, el extraño reanudó la marcha. Magnus siguió sus pasos, guardando la distancia. Quería seguirlo, pero procuraba no acercarse demasiado. Sin notarlo, ajustó su ritmo al del desconocido, como si uno fuera una extensión del otro.
La tormenta continuaba golpeando la plataforma sin tregua, trayendo consigo ráfagas de lluvia y vientos que superaban los 60 kilómetros por hora, y aun así la figura se desplazaba con una estabilidad que parecía ajena a las condiciones climáticas. No se apoyaba en las barandillas, no corregía el paso y no mostraba la menor vacilación.
Por el contrario, Magnus tenía que recostarse contra la pared exterior del núcleo central cada vez que sentía que una ráfaga iba a golpearlo. Avanzaba rozando la barandilla con la mano derecha para no caer, mientras sostenía en la izquierda la radio portátil, atento a cualquier contacto radial.
El camino comenzó a cerrarse a medida que rodeaban el núcleo. Magnus reconocía el trayecto, reconocía cada curva, y pronto pasaron por la puerta por la que había descendido desde el nivel 2. La pasarela exterior se estrechó y finalmente no hubo más camino. El metal terminaba allí; más allá solo quedaba el vacío que descendía hasta el mar embravecido, donde las olas rompían contra la estructura, devorando cualquier cosa que cayera en ellas.
Editado: 12.05.2026