Hell

Silencios

Dani despertó de golpe y con la respiración agitada, las gotas de sudor recorrían su frente y bajaban por su espalda a mares, sentía que su corazón abandonaría su pecho en cualquier momento. Miró a todos los rincones de la habitación atemorizado y soltó un suspiro de alivio al darse cuenta que estaba a salvo, había sido otra pesadilla. Restregó cansadamente su rostro con ambas manos apartando el sudor de su frente y se volvió a estampar contra la cama cubriéndose por completo con las sábanas, tenía la tentación de volverse a dormir, pero sabía que aunque lo intentara no lograría hacerlo. Aún así, la seductora calidéz que desprendía su cobertor y la suavidad de las sábanas lo arrastraron nuevamente acurrucarse entre ellas como un niño pequeño, rebatió las telas para apartarlas de sí con frustración, era inútil, el sueño se le había escapado por completo. Su vista se fijó en el alto e inclinado techo de madera y las tres vigas de metal que lo sostenían. No terminaba de acostumbrarse a despertar en ese lugar, para él era tan...Diferente. Pese a que aquello sería el sueño de cualquiera él no terminaba de acostumbrarse y no entendía por qué, no había razón aparente. Vivía en un pequeño departamento en el centro con su familia y era perfecto, incluso cada rincón de su cuarto se había acoplado a sus necesidades y su excéntrica forma de ser, era fresca en el día y acogedora de noche, hasta la ventana daba la luz en un ángulo agradable y sin embargo... Añoraba su antigua habitación y sus imperfecciones de eso no cabía duda, a sus amigos y su ciudad. Se sentía como un completo extraño en aquella casa, como si fuese el hogar de alguien más y él solo se tratara de una molesta visita. Se lo comentó a su familia con anterioridad, incluso antes de mudarse, lo incómodo, lo extraño, lo ajeno que se sentía y lo entendían sin embargo en ese momento lo atribuían al hecho de que no vivían allí y le aseguraron que cuando se instalaran podría acondicionar el lugar a su gusto y todo eso desaparecería. Si bien cuando lo hizo cambió de todo en ese cuarto, nada había cambiado, se justificaba diciendo que no llevaban ni un mes en el lugar así que adaptarse sería cuestión de tiempo.

Puesto que, sí que era verdad que al joven le alegraba mucho el ascenso de su padre, no le agradó mucho cuando le dijo que tendrían que mudarse, a decir verdad, le sentó como una balde de agua fría. Su mente se negaba rotundamente a abandonar el sitio donde había crecido, estaba fúrico, dolido y aunque no quería admitirlo intimidado por el cambio. Le gustaba que las cosas fuesen fijas y predecibles, casi al punto de ser obsesivo, pero en aquella ocasión había algo más grande que sus intensos sentimientos de por medio, su familia. Veía a sus padres tan felíces por la oportunidad que no podía desilucionarlos de ese modo, su hermana, que asumía tampoco estaba convencida del todo con la situación, incluso mostraba cierta emoción al respecto y él no quería ser la manzana de la discordia. No obstante, ambos sabían que su padre había trabajado mucho por ese ascenso entonces, ¿quiénes eran ellos para destrozar de ese modo los sueños de su papá? Él se había sacrificado mucho por la familia durante tantos años, ahora le tocaba a ellos corresponderle, lo amaban y si eso lo hacía felíz estarían dispuestos a intentarlo y a dejar su egoísmo a un lado. Por supuesto, su carácter lo empujó a manifestar su desacuerdo, pero no se negó a hacerlo y hasta puso buena cara ante el asunto.

La puerta de su habitación se abrió lentamente emitiendo un rechinar sutíl. Dani estaba tan adormilado que no se percató de esto hasta que fue demasiado tarde. Una masa pequeña se subió a la cama corriendo y comenzó a saltar sobre él y a querer meterse dentro del cobertor con el que estaba arropado.

— No... Deja... Quédate quieto...— balbuceó el castaño quitándo el cobertor de su rostro. De inmediato su cara se vio asediada por multiples lamiditas que dejaron su rostro humedo.— ¡No!. ¡Roko, quédate quieto, bájate...!— exclamó el chico deteniéndo al pequeño cachorro de pastor alemán que invadía su cama. Una risilla se escuchó desde la puerta llamando la atención del joven. Una mujer castaña de casi cuarenta años se encontraba recostada en el marco de la puerta con los brazos cruzados y una sonrisa en el rostro.

— Alguien quería ser el primero en darte los buenos días y felicitarte.— dijo la mujer sin modificar la hermosa expresión de su rostro. Samanta, la madre de Dani, era una mujer alta, pero no más que su hijo, piel blanca y pulcra como el marfíl, poseía un rostro angelical que contrastaba con aquellos ojos avellana de mirada suspicáz y traviesa. Tenía un don extraordinario para robar los suspiros de todo aquel que la veía, tenía cabello castaño y cuerpo bien definido producto de su constancia y disciplina en el gimnasio durante años. Cargaba una camiseta y una licra deportiva al cuerpo acompañada de zapatos deportivos. Seguro venía de su trote diario, pensó Dani.

— Seguramente, o lo más probable era que quería mi cama para él. — rió viendo al perrito acostado sobre su almohada con las patas hacia arriba y moviendo la cola de un lado al otro. Su madre se acercó a él y lo abrazó acogedoramente.

— Felíz cumpleaños mi amor, quiero que sepas que te amo mucho, mucho, mucho. — expresó ella con entusiásmo. Al muchacho se le escapó una sonrisa de los labios al ver el amor que le profesaba su madre. Correspondió el abrazo conmovido.— Baja, ya tu desayuno está listo.— Dijo su madre culminando el gesto con un beso en la mejilla. Se levantó de la cama disponiéndose a salir de la habitación. Dani asintió a su petición y aún algo somnoliento se levantó y entró al baño de su cuarto. La luz del pequeño cuartito estaba encendida cuando entró, no se preocupó en ningún momento pues él mismo la había dejado así desde la noche anterior. Su madre y demás familiares no ponían quejas al respecto, sabían que a Daniel le aterraba la oscuridad total a un punto drástico, más no sabían la razón.



#3117 en Terror
#14786 en Thriller
#5805 en Suspenso

En el texto hay: misterio, historia corta, horror y sobrenatural

Editado: 13.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.