Heller

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Capítulo 1: Yeimi Heller

Dieciséis años atrás…

Dieciséis años atrás…
Dentro de estas murallas, debajo de las imponentes estructuras de roca, más allá donde las luces cálidas de las farolas no llegan, hay pequeñas estructuras hechas de madera, clavos y algún que otro material que sirva para aislar el frío. La gente marginada se asienta en esta zona húmeda. Gente que fue abandonada por el sistema, que no posee estatus ni algún trabajo honrado. A pesar de que todos los del reino sean de la misma raza, ellos son, para muchos, un gran estorbo dentro de la sociedad Korpiana.

Julius Heller caminaba por los irregulares caminos. El olor a humedad de la zona ya era costumbre para él. Su cabellera azul lucía pastosa y desarreglada. Su ropa ya era muy vieja, pero era lo único que le quedaba. No podía darse el lujo de comprar algo mejor, sobre todo si debía priorizar la vida de su recién nacida.
Hoy se celebraba en el reino una fiesta patrimonial muy famosa: el día del nacimiento de la fundadora del reino. Una gran celebración donde abunda la música y la mayoría de la gente descansa de sus oficios.

Este era el gran momento que Julius estuvo esperando. Su última oportunidad. El palacio, en estas fechas, solía tener poca vigilancia. Los soldados tenían la oportunidad de estar con sus familias, gracias a la bondad del rey, que permitía el día libre a quien quisiera.

El rey de Alexia era conocido por ser un sujeto caritativo y comprensible, bendiciendo y dando ayuda a quien se lo pedía. Julius pensó que si lograba hablar con él, podría haber una oportunidad, la oportunidad que tanto había deseado, de darle una mejor vida a su esposa y a su bebé. Sonaba arriesgado, sobre todo tratándose de allanar el palacio real, pero a esto lo había llevado la desesperación: años mendigando, gente repudiándolo con la mirada. Él fácilmente podría soportar todo eso, pero al ser padre de una familia, debía actuar.

Sigilosamente, se escabulle por los callejones de los distintos distritos, inundados de música y luces. No quería que nadie lo viera, sobre todo por ser uno de los marginados del reino. Haría un gran escándalo. Unos minutos después, el chico ya estaba enfrente de las grandes murallas del palacio: un gigantesco muro de piedra de siete metros de altura. Como lo predijo, efectivamente, no había tanta vigilancia. Las olas del mar cercano también disfrazaban sus ruidos al caminar.

Pegó sus palmas a la roca y comenzó a subir sin dificultad. De sus manos, pequeñas almohadillas adhesivas emergieron, ayudándolo a pegarse a la pared. Era la mutación con la que nació, y por primera vez la consideró útil para algo. Como si fuera una rana, escaló el muro sin dificultad hasta llegar a la cima. Desde ahí pudo contemplar la gran vista iluminada por las farolas de todo el reino. Detrás del castillo, la luz lunar se reflejaba en el cuerpo de agua. Parecía ser una noche muy bonita. Se quedó unos segundos embobado por el majestuoso paisaje, que aumentaba más sus sueños de que su familia creciera ahí.

Volviendo en sí, salta por completo el muro, aterrizando en un jardín. Rápidamente se esconde detrás de un arbusto de rosales. Levantó la vista para verificar el perímetro y contó a tres guardias que vigilaban la entrada hacia el castillo. «Sería muy arriesgado distraerlos y correr hacia la puerta», pensó.
Decidido, avanza hacia otro lado. Notó que una de las ventanas del tercer piso yacía abierta. Rápidamente se dirige hacia el muro y comienza a treparlo antes de que alguien se diera cuenta. Al entrar, lo recibió un tapiz rojo decorando el suelo. Grandes candelabros iluminaban la lujosa sala en la cual no había nadie, pero notó una gran mesa que se extendía a lo largo, decorada con cubiertos y frutas. Estatuas gigantes hechas de mármol decoraban los alrededores; mujeres, hombres, bestias y figuras religiosas era lo que más se repetía en estas. El chico quedó maravillado por el lujo que acababa de ver. No podía creer que así viviera la realeza. Para él, esto no era más que una fantasía.

Antes de que pudiera admirar más la decoración, un grupo de voces emergió desde el otro lado de la puerta. Con pánico, Julius miró a los alrededores para esconderse. Miró hacia la ventana, pero antes de poder saltar, notó que dos guardias estaban debajo. Ya no era una opción. Antes de que la puerta se abriera, se lanzó rápidamente detrás de la base de la estatua de una mujer que posaba pensativa en una silla.

El bullicio de palabras entró a la habitación.
—Me alegra que hayan asistido todos. Pasen, por favor. Hoy celebraremos un buen banquete —anunció un hombre gordo de ropa lujosa, adornada de un violeta elegante con patrones dorados. El gran rey de Alexia había entrado a la habitación.
—Cómo me perdería el evento de mi querido sobrino, y más en el día de nuestra fundadora —dijo una señora de pelo canoso, mientras se abanicaba la cara. Portaba un vestido azul claro, decorado con felpas esponjosas.
—¿Qué pasó con Aurel? ¿No va a asistir? —preguntó un hombre de cabellera rubia.
—Ah… bueno, mi hermano es un hombre muy ocupado a las afueras, pero no te preocupes, te aseguro que él está bien. Déjalo hacer su trabajo —comentó el rey.
Detrás salió más gente vestida de manera parecida, que se comenzó a sentar alrededor de la mesa. Julius miraba en silencio por una orilla de la estatua. Notó que el rey estaba ahí mismo; ese señor de ropajes morados era la persona que estaba buscando. Se pensó si salir ahora, pero rápidamente se retractó. Quería esperar el mejor momento, quizás cuando los invitados se fueran, para tratar de tener una plática más cómoda.

Mientras tanto, se enfocó en ensayar lo que quería decir. No quería riqueza ni nada tan exagerado, solo deseaba poder darle una vida digna a las personas que amaba. La gente del reino lo empujó a esto; no le daban trabajo ni siquiera para lo más precario. Esta era la única opción que le quedaba; si era necesario, le vendería su alma al demonio.
Pasaron los minutos y los nobles continuaban hablando tranquilamente. La comida llegó. En la mesa se sirvió una bestia ahumada en el centro, acompañada de frutos. Los meseros iban y venían con deliciosos platillos, a veces marisco y otras veces pan o vino. Julius babeaba desde su escondite. El oler el delicioso banquete le hizo recordar que él no había comido desde el día anterior.
Repentinamente, el rey llamó la atención de todos golpeando con un cubierto su copa.



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En el texto hay: drama accion comedia

Editado: 26.01.2026

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