Help me.

CAPITULO CUATRO

-¡Me asustaste! -exclama tia Martha al verme sentada en la isla de la cocina tan temprano.
-Lo siento. -sonrío apenada. -Solo queria informarte que no me voy a ir.
Me mira sorprendida.
-¿Y eso? ¿Qué te hizo cambiar de opinión? -se acerca a mí.
Tuerzo los labios.
-Uh, he pensado bien las cosas y llegué a la conclusión de que sería una torteria irme por un comentario malintencionado. -sonrío nerviosa.
No queria mentirle, pero sé que no reaccionaria bien al escuchar que lo hago por el chico Cyprian's. De todos modos me iré en cuanto todo este resuelto y ella no se dara cuenta.
Me mira buscando algo en mis nerviosos ojos, pero al final de dos minutos de incomodo silencio responde:
-Si eso es lo quieres, por mi esta bien. -sonrie. -Solo prometeme que te alejaras de Allan, no ayuda a tu estado psicológico estar cerca de él.
Tuerzo los dedos.
No podía prometer eso.
Busqué una manera rápida de salir de aquella situación, hasta que el teléfono empezó a sonar permitiendome respirar tranquila. En lo que tía Martha fue a contestar, termino mi desayuno y me despido de ella con la mano. Se aleja el aparato de la boca para preguntarme a donde voy, le digo que dare una vuelta por el pueblo y que regresaría en la tarde. 
Asintiendo volvió a acercarse el teléfono, no sin antes decirme que tuviese cuidado.
Había quedado con Allan de volver al parque, tal vez encontraríamos algo allí dado a que Allana no aparecio en mis sueños en la noche. Veo su auto aparcado a dos metros de las mansiones, entre el camino del bosque. Era mejor encontrarnos lejos para que ni su familia, ni la mia nos viesen juntos.
Subo al auto topandome con Allan y su buen gusto en ropa. No tendría que pensarlo pero, se ve tan comible. Lleva una camisa blanca bajo un abrigo negro al igual que su jean y sus zapatos. Tonalidades que resaltan sus labios y tono de piel, ademas de convinar con su cabello azabache.
Dios, ten piedad de mí.
He visto hombres guapos y por eso digo con toda certeza que son mi debilidad, sobretodo los que se saben vestir y huelen como este a mi lado.
-Buenos dias. -saludo, al salir de mi ensimismamiento.
Me responde igual poniendo el auto en marcha y minutos despues nos encontramos frente al parque. Bajamos y empezamos a caminar hacia el columpio, Allan con su mirada perdida en el, buscando alguien que ya no está.
-No deberias sentirte culpable, no fue tu culpa. -me atrevo a decir.
Niega.
-Claro que la tengo, ella llevaba semanas de querer venir. Yo antes estaba atareado en la empresa de papa, pero cuando al fin tuve tiempo libre le prometí que vendríamos.-sonrie amargamente. -Debiste verla, sus ojos se iluminaron cuando acepte. Pero eche todo a perder cuando le di más importancia a otra cosa que a mi propia hermana.
-No deberias afligirte tanto Allan, si no tenias alternativa...-me interrumpe.
-Estaba con una mujer. -me mira. -Deje a mi hermana esperando porque no pude contener las ganas, Aranza. -bufa. -Es cierto eso de que los hombres solo pensamos con el de abajo, yo soy un ejemplo.
No pude decir mas, una parte de mi queria reir por eso ultimo pero la mas conciente me detuvo. Abro mi boca para decir cualquier cosa que aligerara el pesado ambiente pero me detengo en seco al ver a Allana a su lado. 
La miro expectante pero ella solo veía a su hermano con tristeza en sus ojos, cosa que oprimió mi corazón. Se levanta y empieza a caminar hacia el mismo árbol cerca de la iglesia. No aparto los ojos de ella ni un segundo y tampoco reacciono a ningún movimiento, cosa que parece llamar la atención de Allan, quien me mira curioso desviando la mirada hacia el mismo lugar que yo con desconcierto.
-La ves, ¿cierto? -asiento, comenzando a acercarme a aquel lugar que parecia llamarme. 
Me detengo a un lado de la iglesia con Allan detrás de mi y Allana a mi lado izquierdo, quien miraba hacia el césped hasta desaparecer de un momento a otro.
Frunciendo el entrecejo busco por los alrededores hasta encontrarla de nuevo,bpero esta vez, sobre una bicicleta rosa con blanco.

A pesar de estar en una situación divertida no parecía feliz. 
-Dime algo, Aranza. -dice Allan, recordándome su presencia.
-Ella esta una bici, rosa con blanco. -indico mirándolo. 
-Salió de casa en ella el día que desapareció. -explica bajando la mirada hacia el suelo.
Capta toda mi atención al ver como su ceño se frunce, luego se agacha y estira la mano hacia el césped.
-¿Qué...? -la pregunta queda en mis labios al ver como levanta una tapa de césped. -¿Qué es?
-Un sótano. -responde. -Pero no tiene escaleras, debe ser alterno a la iglesia.
A medida que iba quitando la tapa la luz se iba friltrando, iluminando todo el lugar vacío y, para sorpresa nuestra, con solo con una bicicleta rosa con blanco.
-¡Es su bici! -exclama Allan sorprendido y con los ojos cristalizados. 
Igual de sorprendida, veo como se levanta y saca su teléfono.
-¿Allan, qué haces? 
-Le marco a la policía, es posible que ella este ahí. -empieza a caminar. -Incluso podría estar en la iglesia.
Lo intento seguir pero mis pies se enredan y no puedo evitar caer dentro del lugar. Al chocar mi espalda con el suelo de hormigón una expresión de dolor se forma en mi rostro.
Eso dolió.
Caer de dos metros de altura pudo haberme matado, pero por suerte solo siento que la cabeza me va a explotar.
-¡Aranza! -grita Allan, supongo que asomado. -¡Ya voy por ti! 
Se aleja, imagino que a la unica salida con escaleras de este lugar. Todo mi cuerpo entumecido crujía en mis intentos por moverlo. Algo se frilto en mi mano cuando la afirme con contra el suelo, el objeto era una prenda de esas que cuelgan de las camisas, el dibujo en ella era irreconocible a mis ojos.
¿Era una pista?
El sudor frío en mi frente me hizo temblar, todo a mi alrededor empezo a dar vuela. Quería vomitar. Pero no me permití perder la consciencia hasta que sentí las manos de Allan a mi alrededor, después no supe mas de mí.

(***)
Miro incomoda las paredes blancas despues de fijarme en la camilla donde me encontraba, por suerte ya no estaba mareada ni con nauseas, solo sentía un dolor que podía pasar desapercibido en la parte que me golpeé de la cabeza.
-Despertaste. 
Allan me miraba alivido desde la puerta, se me acerca y se sienta a mi lado usando el banco disponible. 
-¿Qué pasó? Me duele un poco la cabeza.
-Te caites al sotano, por suerte la puerta de la iglesia no estaba cerrada y pude entrar. La policía llegó minutos después. -explica sin dejar de mirarme. -Los doctores dicen que tuviste mucha suerte, una caída como la tuya pudo haberte dejado como mínimo una fractura en la cabeza y un brazo roto, además de una columna desviada por la forma en que caiste.
Contuve el aire al escucharlo.
-Y solo tengo dolor de cabeza. -susurro con una sonrisa para quitarte importancia al hecho de que casi me mato.
Allan sonrió tambien.
-¿Me quieres decir donde encontraste esto? -lo miro extrañada, dirigiendo la mirada a la prenda que sostiene. 
-Estaba en el lugar donde caí. -respondo.
-Puede ser una prueba. -acota. -Se lo dare a la policia.
Lo detengo.
-Allan, no. -me mira extrañado cuando coloco la mano en su antebrazo. -Aun no se lo entregues, por favor, podría servirnos de algo.
-¿Para qué?
Suspiro.
Ni yo sabia porqué ni para qué.
-Solo confía en mi.
Me mira por unos segundos antes de asentir y guardar la prenda en el bolsillo izquierdo de su abrigo.
Lo suelto y me relajo en la camilla mirando hacia el techo blanco y triste.
-¿Nos podemo ir?
-Si, solo hay que esperar al médico para que te recete algo para el dolor de cabeza. -asiento. -Me diste un gran susto, Aranza.
Le sonrío de lado.
-Lo siento, a veces soy algo torpe. -río. -¿Que hora es?
-Casi las siete de la noche. 
Me espanto.
-¡¿Que?! ¡Dios, mi Tia estara preocupadisima por mi! Tengo que escribirle. -busco mi telefono, el cual por obvias razones no está en mi abrigo.
-Ya le envié un mensaje de tu telefono cuando no paro de llamar y mandar mensajes. -me dice Allan calmandome. -Le dije que habias decidido ver una pelicula con una chica que conociste y que ella te llevaria a casa.
Suspiro.
-Gracias. 
-¿Enserio me creyó? No pareces el tipo de chica que salga con extraños. -comenta mirándome, lo que hace que me sonroje.
Carraspeo.
-Pues no, pero como viví aqui hasta los cinco seguro pensó que se trataba de una amiguita de la infancia. -respondo recordando lo que me dijo Tia Martha.
Busqué en su mirada algo de culpa o reconocimiento al decir aquello, pero extrañamente no hallé nada. 
A lo mejor no lo recuerda, así como yo.
-Buenas noches. -saluda el doctor entrando en la habitación.




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