Septiembre es, sin duda, el peor mes, teniendo en cuenta la opinión de los jóvenes. Pocos de ellos pueden decir que están en desacuerdo. Y los que sí lo hacen, seguramente están mintiendo. Porque me parece prácticamente imposible estar encantado con tu centro educativo. Siempre hay algo negativo. Lamentablemente, Helshyre Ipswich Academy forma parte de los peores, aunque no de manera oficial. Según las personas del exterior, y los lameculos del interior, es uno de los mejores internados del Estado de Massachusetts. En la cima, se sitúa.
A pesar de ser de élite y famoso por contar con alumnos de familias muy acomodadas, también lo es por ofrecer becas y oportunidades a quienes no pueden permitírselo, pero tienen talento. Incluso a aquellos a quienes nadie tiene en cuenta. Yo, en mis años de juventud, formaba parte de esa segunda categoría: un simple muchacho de South Boston, “Southie”, que era tan buen dotado que consiguió una beca en uno de los mejores internados del país, y que, casi treinta años después, sigue siéndolo.
Preguntes a quien preguntes, nunca recibirás la misma respuesta a la pregunta: «¿Es Helshyre realmente tan bueno como dicen?» Uno de sus grandes benefactores respondería con un rotundo sí. Pero al hacérmela a mí, como muchos han hecho al saber que fui estudiante allí, reciben un rotundo no. Tengo mis razones, y son tantas que ni resumiendo se llegaría a entender lo horrible que fue haber pasado seis años de mi vida en ese lugar.
Aun así, no puedo afirmar que fue lo peor. Algo bueno seguro había ganado, y tanto que sí: amistades como ninguna otra. La presencia de esos chicos fue lo único positivo que me aportó Helshyre. Crecí y maduré con ellos. Experimentar esa etapa con ellos probablemente me ayudó a ser la persona que soy hoy.
Bien, esto se está haciendo demasiado largo. Si yo estuviera leyendo una novela juvenil que trata los conflictos de la adolescencia y de la sociedad de la época y el prólogo fuera tan largo, lo habría lanzado contra la pared. Así era y lo sigo siendo.