Hera. Capítulo 1: El destino y la corona

3.FINN

Cuando encontró a su tía también esperaba encontrarlo a él, pero no fue así. Buscó por toda la aldea y nada. Tenía la esperanza de que logró escapar del caos, pero conociéndolo no se hubiera ido sin su familia, así que solo quedaba una cosa por creer, que estaba entre las ruinas. Había visto varios cuerpos aplastados por la destrucción y el derrumbe de las casas. Él solo no podía sacarlos, así que a aquellos no los movió. En el fondo quería creer que no, pero ya había aceptado que se encontraba en alguno de esos lugares.

Pero entonces lo vio. Tenía que ser él, nunca había encontrado su cuerpo como para no ilusionarse con la idea.

No lo podía creer. Estaba rapado, cubierto de tomate y quién sabe que más. Pero la particular cicatriz en su ojo derecho, era clara. Esos brillantes ojos azules eran inconfundibles, habían sido su calma toda la vida. Su compañero, su mejor amigo, su hermano... Reik. Era él y, lo más importante, estaba vivo. Una lágrima se desprendió de su ojo acompañada de una sonrisa llena de esperanza.

—Está vivo.

Una ola de alegría lo atrapó. Solo quería abalanzarse sobre la jaula y liberarlo. Cuando dio el primer paso en su dirección, Leah lo detuvo.

—¿Qué haces?

—Tenemos que salvarlo.

—No, de ninguna manera. —Borns los encontró—. Ese de ahí, ya está muerto —dijo impaciente—. Debemos irnos antes de que terminemos igual.

Borns señaló hacia un grupo de guardias que los habían visto, debían escapar, pero no podía dejarlo. No estaba muerto y lo tenía a sólo unos pasos, era toda la familia que le quedaba.

Finn miró a Leah suplicando por su ayuda. No dijo nada, pero su mirada lo hizo.

—¿Lo abandonarías si te digo que no? —Él negó con la cabeza.

—Con o sin su ayuda, lo voy a salvar. —Tuvieron un duelo de miradas que terminó por convencerla.

—Está bien. —Finn sonrió agradecido—. Volveremos por él.

Leah sujetó fuerte su mano y, siguiendo a Borns, escaparon de los guardias que cada vez estaban más cerca. No podían salvarlo si ellos también estaban presos, lo importante era que volverían por Reik.

Primero, Borns intentó perderlos al mezclarse entre la gente. Al ver que no tuvo resultado, se metió por un callejón. Todas las edificaciones estaban hechas de adobe, madera y hojalata; medían como mínimo tres pisos cada lugar y todas estaban encimadas. Todo era muy nuevo para Finn, las casas en la aldea tenían su propio cultivo y espacio cada una, además, ni siquiera medían el “un piso” de los lugares en Metalia.

Doblaron por un lado y por otro. En un momento, en lugar de seguir corriendo por el callejón, Borns dijo que se escondieran. Los guardias que los perseguían siguieron de largo y doblaron en la siguiente esquina. Una vez que ya no se escuchaban pasos, esperaron unos segundos y salieron.

—Eso estuvo cerca, ¿Qué fue el gran mal que hicimos para que nos persigan con tanto apuro? —preguntó Finn.

Mientras Finn se cuestionaba a sí mismo por haber hecho algo realmente malo, Leah notó que Borns apartó la vista y se dirigió al final del muro para ver si venía alguien. Ella se acercó a él y tiró de su hombro para que volteara a verla.

—Es porque no es por nosotros, ¿Cierto?

—¿A caso no han visto sus pieles? —Finn miró su mano, su color era distinto al de Borns y al de todos los metalianos que habían visto en el bazar—. Los reconocerían a kilómetros.

—Sí, pero solo somos extranjeros, no somos tan importantes. Por otro lado...

Finn se acercó para evitar que se pelearan, pero observó la expresión en el rostro de Borns. Leah no estaba equivocada en dudar.

—¿Es cierto? —preguntó Finn dándole la oportunidad de negarlo.

—Creo que eso no les incumbe.

—Tú ya sabes nuestra situación, “CREO” que si estamos juntos en esto, tenemos derecho a saber —respondió Leah.

—No es necesario. Solo confíen en que los ayudaré a escapar.

—El problema es que no puedo confiar en alguien como tú.

—¿Alguien como yo?

—¡Basta! —Finn se puso entre los dos para que dejaran de discutir—. No podemos pelear entre nosotros. No tienes que decirnos nada si no quieres.

—Tienes razón. —Leah retrocedió—. Después de todo, nos necesita más de lo que lo necesitamos nosotros.

—¿Estás segura? Porque sin mí no saldrán de Metalia.

—No, sin ti no hubiéramos salido del calabozo. Aquí afuera podemos valernos por nuestra cuenta.

—Sin mí no van a poder rescatar a su príncipe.

—Es cierto —interrumpió Finn—. Lo necesitamos. —Se dirigió a Leah. Los dos intercambiaron miradas—. Se lo debemos.

Aún no habían resuelto sus diferencias, pero ya no podían quedarse donde estaban, los hombres podían volver. Siguieron a Borns hasta un gran galpón, no se acercaron de inmediato. El joven moreno observó por todas partes antes de dar un paso. Rodearon el gran lugar y por un callejón en la parte trasera había una puerta. Entraron y este era un taller, algo realmente grande debieron haber estado haciendo en ese lugar.

La expresión en el rostro de Borns, mientras observaba el gran espacio vacío, era de tristeza. Finn se acercó y apoyó la mano sobre su hombro. De inmediato, este cambió su expresión y se giró hacia ellos.

—Bien. Tengo unos asuntos que resolver antes de irme, así que ustedes pueden quedarse aquí hasta que regrese.

—¿No podemos ir contigo? —le preguntó Finn preocupado.

—¿Temes que los abandone?

—Claro que no. Tú nos necesitas más, no lo olvides —agregó Leah.

—Claro, preciosa. —Leah revoleó los ojos—. Sólo intenten que nadie los vea.

Borns cerró la puerta detrás de él.

Mike también se había quedado, pero salió volando por una ventanilla en la parte superior. La chica buscó un lugar que estuviera limpio y se sentó. Finn fue a sentarse con ella. El gran lugar estaba vacío, pero se sentía como si algo hubiera estado ocupándolo hasta un poco antes de que ellos llegaran.

La miró y se puso a pensar en lo que había pasado en el callejón. Se había alterado sin razón, pero Borns tampoco se quedó atrás. Si querían que el equipo funcione debían aclarar sus diferencias y disculparse. Primero lo hablaría con ella y luego con el muchacho.



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En el texto hay: aventura epica, amistad, reinos magicos

Editado: 26.04.2026

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