Nos dimos vuelta sobresaltados.
- ¿Rose? ¿Qué haces tú aquí? O mejor aún, ¿Cómo llegaste antes?
- Vine por lo que me pertenece. El diamante. Y tomé un par de atajos.
Mike se dio vuelta para mirarme, enfurecido
- ¡Te dije que había atajos!
- Que va - le respondí, encogiendo de hombros (Aunque por dentro estaba aterrado)
- El caso es que yo y Eve llegamos antes que ustedes. Y ahora el diamante es nuestro.
- ¿Eve? ¿Dónde está? - preguntó Mike ilusionado
- Pues más atrás, tortolito. Le dije que colocará trampas para que ustedes no llegarán antes.
- ¿Entonces, todas esas rocas y cosas con las que casi morimos, eran tu culpa?
- Si. Me aseguré de que no tuvieran ninguna ayuda.
- Pues no lo conseguiste. Paramos en el Pozo del Alba ¿Y sabes quien nos visitó allí? El espíritu Agua.
- ¿Q-que? ¿Agua ... .? ¿Los visito?
- Si
- ¿Y qué les dijo?
- Nos dio unas advertencias. Unos consejos. Unos mensajes. Unos regalos. Y no dijo que tu no eras lo que pensábamos.
Rose se calló. Aunque claro, no todos los días un espíritu le dice a tus amigos (Si es que eramos amigos todavía) que no confíen en ti y que no eres lo que aparentas ser. Yo tampoco estaría muy feliz de que se diga. Así que aproveche ese momento para reflexionar (con tanta reflexión que he hecho, ya parezco Socrates) Estaba cansado de reflexionar sobre mi padre. Todo era un misterio para él. Todo sobre él y para él. Estaba cansado de preguntarme una y otra vez sobre mi padre. ¿Dónde está su cuerpo? ¿Por qué no se encontró el cuerpo? ¿Porque peleaba con mi madre esa noche? ¿Porque tenía un brillo de pánico cuando me vio escuchando la pelea? ¿Que era en realidad? ¿Porque mi madre le dijo que “sabía lo que era”? Millones de preguntas se agolpaban en mi cabeza. Se me lanzaban a mi cerebro, como disparos directos, sin que pudiera esquivarlos. Sin darme cuenta, mis ojos se me nublaron por las lágrimas.
Y fue ahí cuando me hice la mayor pregunta de todas, una que no me permití pensar ni contemplar hasta ese momento.
¿Realmente murió mi padre?
No había pruebas de que había muerto. Nunca se encontró el cuerpo. Solo el auto. Lleno de su sangre. No tenía suficientes pruebas para pensar en la idea de que no hubiera muerto.
Pero tampoco tenía suficientes pruebas para pensar que había muerto en realidad.
Luego comencé a pensar en Josie y Rose. Me acordé de la vez que Rose golpeó a Josie y cuando le pregunté a la última porque, me dijo que habían peleado por un chico. ¿Podría ser ese chico yo? ¿Podría yo gustarle a aquellas dos? Empecé a preguntarme qué pensaba sobre aquellas dos.
Rose.
Ingeniosa. Insolente. Impertinente. Atrevida. Agresiva. ¿Pero lo bueno? Podría estar horas enumerando. Era amable cuando quería. Me comprendía, porque su madre había muerto también. Era generosa. Era divertida. Y muchísimas más cosas. Pero no estaba seguro de que me gustara. No después de todo lo que había dicho. No después de las heridas que había vuelto a abrir. No estaba seguro
¿Y Josie?
Ella tenía muchas cosas buenas.Era dulce. Comprensiva. Inteligente. Divertida. Generosa. Alegre. Optimista. Tantas cosas buenas…y no se me ocurría ninguna mala.
Es extraño analizar personas. Tener que dejar de lado todos los sentimientos encontrados y las cosas personales para analizar su verdadera personalidad. No es nada fácil. No, para nada.
No se si me gusta alguna de esas dos. Tal vez Rose. Tal vez Josie. No soy bueno con estos temas. Nunca creí decirlo, pero en esos momentos necesitaba a mi madre (Vaya, eso sonó bastante infantil. No me juzguen. O mejor todavía. ¿Porque no hacen como si no lo hubiera dicho?
El silencio volvió a instalarse entre nosotros, incómodo, denso, como si el lugar mismo estuviera esperando algo.
—Entonces —dijo Mike al fin—, ¿alguien quiere decirme por qué subimos todo esto para encontrarnos con… nada?
Señaló el pedestal vacío.
Rose apoyó el peso en una pierna, cruzándose de brazos.
—No está aquí. Ya no.
—Eso ya lo noté —respondió Mike—. Lo que no entiendo es cómo.
Eve dio un paso al frente, dudando un poco antes de hablar.
—Nosotros llegamos antes —dijo, sin mirarnos directamente—. Había… otro camino.
—¿Estás bien?- preguntò Mike, girando a ella de inmediato
Ella asintió, algo sorprendida por la pregunta.
—Sí. Solo cansada.
—Tomamos el diamante porque no teníamos otra opción. Si ustedes lo hubieran encontrado primero, habrían hecho lo mismo- dijo Rose suspirando
—No —dijo Josie—. No lo habríamos hecho así.
—¿Así cómo? —preguntó Rose, frunciendo el ceño.
—Mintiendo. Poniendo trampas. Dejándonos atrás.
Eve bajó la mirada.
—No queríamos que salieran heridos.
—Pues falló —dijo Mike—. Varias veces.
El pedestal volvió a vibrar. Esta vez fue más notorio, como un golpe seco bajo la piedra.
—Díganme que eso no es importante —murmuré.
Nadie respondió.
El sonido se repitió, más fuerte, y una línea oscura apareció donde antes descansaba el diamante. La grieta avanzó lentamente, abriéndose paso por la roca.
—Eso… no estaba en el plan —dijo Eve, con la voz temblorosa.
—¿Había un plan? —pregunté.
Antes de que alguien contestara, algo comenzó a salir de la grieta. No era una criatura definida, sino una masa espesa, caliente, que parecía moverse con dificultad, como si el lugar mismo la estuviera empujando hacia afuera.
—Creo que el lugar no está muy feliz —dijo Mike, retrocediendo un paso.
—Es un guardián —susurró Rose—. Se activa cuando algo es tomado sin permiso.
—Genial —respondí—. O sea que estamos en problemas por culpa del diamante que no tenemos.
El guardián avanzó. Cada movimiento hacía vibrar el suelo.
Eve dio un paso atrás sin darse cuenta y tropezó con una roca.
—Eve —dijo Mike, y fue hacia ella sin pensarlo.
El guardián reaccionó de inmediato.