Heredero de lo Imposible

Capitulo 23

Nos detuvimos cuando seguir avanzando dejó de ser una opción heroica y pasó a ser una pésima idea con consecuencias mortales inmediatas, y nadie lo dijo en voz alta porque todos lo sabíamos y porque admitirlo habría sido aceptar que no éramos invencibles, solo un grupo de adolescentes agotados con demasiadas responsabilidades encima, así que simplemente nos dejamos caer donde pudimos, el suelo frío, húmedo, incómodamente real, y durante unos segundos solo existió el sonido de nuestras respiraciones desacompasadas y el eco lejano de algo que preferí no identificar; me apoyé contra una roca y miré a los demás intentando contar cabezas como si alguien pudiera haberse perdido sin que lo notáramos, Josie estaba sentada a mi lado con el ceño fruncido y la mano apretada contra su costado, Mike parecía debatirse entre sentarse o morir de pie por puro orgullo, Eve se mantenía cerca de él sin tocarlo, como si el contacto pudiera romper algo, y Rose era la única que seguía de pie, observando el camino por el que habíamos huido con una atención que me ponía nervioso, porque cuando Rose miraba así era porque esperaba problemas, y normalmente no se equivocaba; el silencio se volvió incómodo, no porque fuera largo sino porque era denso, como si el aire estuviera cargado de algo que todavía no nos alcanzaba pero que venía en camino, y fue en ese momento cuando sentí el peso real de todo, no el cansancio ni el miedo, sino el tiempo, esa sensación horrible de que algo estaba avanzando incluso cuando nosotros no lo hacíamos, y entonces entendí que huir no nos había comprado seguridad, solo unos minutos para pensar.

—¿Alguien más siente que sus pulmones están a punto de demandarlos? —dijo Mike, doblándose finalmente y apoyando las manos en las rodillas.

—No —respondí—. Los míos ya se rindieron oficialmente.

—Yo sigo respirando —dijo Josie—. No bien, pero sigo.

—Eso es espíritu de equipo —comenté.

Eve le pasó una cantimplora a Josie.

—Toma despacio.

—Gracias —dijo ella, y bebió como si el agua fuera lo único estable en el universo.

Rose finalmente se giró hacia nosotros.

—No nos siguió.

—Eso suena bien —dijo Mike.

—No necesariamente —respondió Rose.

—Genial —murmuré—. Me encanta cuando las respuestas vienen con misterio y amenaza incluida.

Rose se sentó al fin, cruzando los brazos.

—Tenemos un problema más grande que ese monstruo.

—¿Más grande que casi morir? —preguntó Mike—. Porque eso ya estaba en mi top tres del día.

—El santuario se activó —dijo Rose—. Lo sentí cuando salimos.

—Explícalo como si no supiéramos nada —dije—. Porque no sabemos nada.

Rose respiró hondo.

—El equilibrio se rompió antes de tiempo.

—Eso sigue sin sonar bien —dijo Eve.

—¿Cuánto tiempo? —pregunté.

Rose nos miró uno por uno.

—Tres días.

Nadie habló. Tres días no sonaban a poco, pero tampoco a suficiente, eran ese punto exacto donde el pánico empieza a organizarse.

—¿Tres días para qué? —preguntó Josie.

—Para que los espíritus tomen el control total —respondió Rose—. O para que lo evitemos.

—¿Y si no lo evitamos? —preguntó Mike.

Rose no respondió de inmediato.

—Entonces el mundo se acaba —dijo al fin—. No de forma poética. De forma real.

—Excelente —dije—. Me encanta cuando los plazos son tan relajantes.

Eve frunció el ceño.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Porque algo cambió —dijo Rose—. Y porque los elementos ya están reaccionando.

Sentí un frío raro en el estómago.

—¿Cuántos tenemos? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

—Tres —dijo Rose—. Agua. Tierra. Aire.

Mike levantó una ceja.

—O sea que nos falta uno.

—Fuego —dijo Josie en voz baja.

Nadie dijo nada durante unos segundos.

—Siempre es fuego —murmuré—. Nunca es algo tranquilo como “el elemento de la brisa suave”.

Rose asintió.

—Y no cualquier fuego.

—La vela de la venganza —dije.

Mike silbó.

—Ese nombre definitivamente no viene con instrucciones seguras.

—Fue creada por Fuego —continuó Rose—. No se puede tomar a la fuerza.

—¿Entonces? —preguntó Eve.

—Entonces hay que encontrar su guarida —dijo Rose.

Me pasé una mano por la cara.

—Genial. Tres días. Un espíritu vengativo. Un mundo en riesgo. Y nosotros sin dormir.

—Cuando lo dices así suena peor —dijo Mike.

—Porque lo es.

Josie respiró hondo.

—Pero ya tenemos tres elementos.

—Eso es más de la mitad —dije—. Técnicamente vamos ganando.

—Me encanta tu optimismo matemático —dijo Mike.

Miré a los demás y sentí algo extraño, no esperanza exactamente, pero sí una especie de orgullo incómodo, como si no quisiéramos admitir que habíamos llegado más lejos de lo que nadie esperaba.

—No hemos llegado hasta aquí para rendirnos —dijo Eve.

—Además —añadí—, si el mundo se va a acabar, prefiero estar cansado intentándolo que descansado lamentándolo.

Mike se dejó caer al suelo.

—Está bien. ¿Cuál es el plan?

Rose esbozó una sonrisa leve, peligrosa.

—Primero, sobrevivir hoy.

Suspiré.

—Siempre me gustaron los planes simples.

Y mientras el frío se filtraba lentamente y el tiempo seguía avanzando sin pedir permiso, entendí que lo peor no era lo que habíamos enfrentado, sino lo que todavía nos estaba esperando.




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