Heredero de lo Imposible

Capitulo 24

El lugar al que llegamos horas después apenas merecía llamarse refugio, pero nadie estaba en condiciones de exigir comodidades, así que aceptamos el edificio antiguo y medio torcido como si fuera un hotel cinco estrellas, porque tenía paredes, un techo que no goteaba demasiado y, lo más importante, silencio, un silencio distinto al del camino, menos vigilante, más cansado, como si incluso las sombras estuvieran exhaustas de seguirnos, y fue recién ahí cuando el cuerpo empezó a darse cuenta de todo lo que había pasado y decidió cobrárselo de golpe; Josie fue la primera en sentarse y esta vez no hizo ningún comentario gracioso, lo cual fue alarmante, Mike dejó caer su mochila con un golpe seco y se quedó mirándola como si esperara que se levantara sola y se organizara por arte de magia, Eve caminó despacio por el lugar, tocando las paredes, observando las estanterías gigantescas que cubrían casi todo el espacio, y Rose cerró la puerta detrás de nosotros con un cuidado excesivo, como si el ruido pudiera delatarnos ante algo que aún no sabía dónde estábamos, y yo me quedé quieto un momento, mirando los libros, filas y filas de ellos, algunos tan antiguos que parecían más piedra que papel, y pensé que, si el mundo realmente se iba a acabar en tres días, al menos lo haría rodeado de gente que había intentado entenderlo antes.

—Díganme que esto es una biblioteca —dijo Mike, rompiendo el silencio.

—Lo es —respondió Eve—. O lo fue.

—Perfecto —dijo—. Siempre quise salvar el mundo leyendo.

Me acerqué a una de las estanterías y pasé el dedo por el lomo de un libro cubierto de polvo.

—Si vamos a encontrar la guarida de Fuego, tiene que estar aquí —dije—. A los espíritus les encanta dejar pistas dramáticas.

—¿Hablas por experiencia? —preguntó Rose.

—Hablo por trauma —respondí.

Josie respiró hondo y se levantó con cuidado.

—No podemos perder tiempo.

—Tenemos tres días —dijo Mike.

—Y ya gastamos uno —respondió ella.

Eso hizo que el lugar pareciera más pequeño.

—Está bien —dije—. Equipo de búsqueda.

—¿Equipo qué? —preguntó Mike.

—Equipo de búsqueda —repetí—. Miramos todo lo que tenga que ver con Fuego, venganzas, velas, rituales raros, destrucción del mundo… lo normal.

—Genial —dijo—. Eso reduce las opciones a unas cinco mil.

Rose ya estaba revisando una estantería.

—Busquen símbolos —dijo—. Fuego no escribe directo.

—Claro —murmuré—. Porque ¿para qué hacerlo fácil?

Eve tomó un libro grueso y lo abrió con cuidado.

—Aquí hay algo —dijo—. Habla de santuarios elementales secundarios.

Mike se acercó.

—¿Secundarios como… menos importantes?

—Secundarios como escondidos —respondió Eve.

Me senté en el suelo con un libro abierto sobre las piernas, leyendo palabras que parecían escritas para alguien más inteligente que yo, pero aun así entendiendo lo suficiente como para que el nudo en el estómago creciera.

—Fuego no tiene un santuario fijo —leí en voz alta—. Se mueve.

—¿Se mueve? —repitió Mike—. Eso es trampa.

—Se mueve cuando siente amenaza —continué—. O traición.

Rose levantó la cabeza.

—O culpa.

Eso me hizo tragar saliva.

—Genial —dije—. Entonces no solo tenemos que encontrarlo, sino que tenemos que hacerlo cuando esté de buen humor.

Josie apoyó una mano en la mesa más cercana.

—Aquí dice algo —dijo—. La vela de la venganza no se guarda. Se protege.

—Eso es peor —dijo Mike.

—Dice que solo puede encenderse en un lugar donde el fuego haya elegido quedarse —continuó ella.

—¿Y cómo sabemos cuál es ese lugar? —pregunté.

Josie leyó un poco más.

—Porque el lugar arde sin quemar.

Hubo silencio.

—Odio cuando las respuestas son poesía —dije.

Rose cerró su libro con un golpe suave.

—Hay mapas.

—¿Mapas normales o mapas que se mueven cuando no los miras? —preguntó Mike.

—Normales —respondió ella—. Creo.

Mike suspiró aliviado.

—Gracias.

Nos reunimos alrededor de una mesa enorme, cubierta de polvo y símbolos tallados, y mientras comparábamos fragmentos de información, nombres antiguos y referencias cruzadas, sentí esa presión constante del tiempo, no como un reloj que hace tic-tac, sino como una mano invisible en la espalda empujándonos hacia adelante sin preguntar si estábamos listos, y aun así, entre el cansancio y el miedo, había algo distinto, algo parecido a confianza, no en el plan, porque el plan era frágil y lleno de huecos, sino en nosotros, en el hecho de que ya habíamos conseguido tres elementos, de que habíamos sobrevivido a cosas que no deberíamos haber sobrevivido, y que, aunque Fuego fuera el último y el más peligroso, no estábamos empezando desde cero.

—Entonces —dije al fin—. Biblioteca misteriosa, espíritu vengativo, tres días.

Mike sonrió apenas.

—He tenido peores semanas.

—Mentiroso —dijo Eve.

—Bueno —concedió—. Pero al menos es interesante.

Miré los libros, los mapas y a mis amigos, y por primera vez desde que empezó todo, sentí algo parecido al orgullo, no del tipo que te hace cometer estupideces, sino del que te recuerda que sigues en pie, y supe que el último elemento no iba a ser solo una prueba de fuerza, sino de todo lo que éramos capaces de enfrentar sin quemarnos por completo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.