Heredero de lo Imposible

Capitulo 25

La biblioteca empezó a sentirse menos como un refugio y más como un organismo vivo a medida que avanzaban las horas, no porque se moviera ni porque hiciera ruidos extraños, sino porque parecía reaccionar a nosotros, a nuestras voces, a los libros que abríamos y cerrábamos, como si despertáramos algo que llevaba demasiado tiempo dormido, y aunque nadie lo dijo en voz alta, todos lo sentimos, esa sensación rara de estar siendo tolerados más que recibidos, y aun así seguimos, porque detenernos no era una opción y porque el tiempo seguía avanzando con una crueldad bastante poco considerada; yo ya había perdido la cuenta de cuántos mapas había desplegado sobre la mesa, algunos tan viejos que parecían más cicatrices que papel, y me dolía la cabeza de tanto intentar encajar nombres imposibles con lugares que quizá ya no existían, mientras Mike llevaba al menos veinte minutos quejándose en voz baja de que nadie le había advertido que salvar el mundo incluía tanta lectura.

—Si sobrevivo a esto —dijo—, nunca más me voy a quejar de estudiar para una prueba.

—Eso es mentira —respondió Eve sin levantar la vista.

—Ok, me voy a quejar igual, pero con respeto.

Josie estaba sentada frente a mí, concentrada en un mapa circular lleno de símbolos que parecían girar aunque yo juraría que no se estaban moviendo, y su cara tenía esa expresión que ponía cuando algo no encajaba pero estaba a punto de hacerlo, lo que era una buena señal y una mala al mismo tiempo, porque significaba que nos acercábamos a una respuesta que probablemente no nos iba a gustar; Rose, por su parte, se había apartado un poco del grupo, revisando una sección entera dedicada a conflictos antiguos, venganzas y guerras elementales, como si ese fuera un pasatiempo perfectamente normal para una tarde cualquiera, y yo intentaba no mirarla demasiado porque cada vez que lo hacía tenía la sensación incómoda de que ella sabía algo más que nosotros, no algo malo necesariamente, pero sí algo que aún no estaba lista para decir, y no estaba seguro de si prefería saberlo o no.

—Esto no es solo un mapa —dijo Josie de pronto.

—¿Seguro? —pregunté—. Porque yo aposté todo a que lo era.

Ella me ignoró.

—Miren los símbolos —continuó—. No marcan lugares fijos, marcan trayectorias.

Mike se inclinó sobre la mesa.

—¿Trayectorias como caminos?

—Como rutas —dijo ella—. Rutas que se repiten.

Eve se acercó.

—Eso tendría sentido —dijo—. Si Fuego se mueve, necesitaría patrones.

Me froté la cara.

—¿Estamos diciendo que tenemos que seguirle el rastro a un espíritu milenario con problemas de ira?

—Básicamente —respondió Rose desde el otro lado—. Pero no es al azar.

—Nada con Fuego lo es —murmuró Josie.

Rose volvió a la mesa con un libro abierto y lo dejó junto a los mapas.

—Esto habla de “la permanencia elegida” —dijo—. Lugares donde Fuego se queda más tiempo del que debería.

—¿Por qué le gustan? —preguntó Mike.

—Porque ahí pasó algo —respondió Rose.

Eso hizo que el aire se volviera un poco más pesado.

—Algo malo —dije.

Rose asintió.

—Siempre.

Seguimos revisando, comparando fechas, símbolos y rutas hasta que, poco a poco, una zona empezó a repetirse más que las otras, no de forma evidente, no con un gran círculo rojo que dijera “aquí está el espíritu peligroso”, sino con pequeñas coincidencias que solo empezaban a tener sentido cuando las mirabas todas juntas, y fue Eve quien lo dijo primero, casi como si no quisiera romper el momento.

—Este punto aparece en al menos cinco mapas distintos.

Me acerqué.

—Y en tres libros —añadió Josie.

Mike frunció el ceño.

—¿Eso es… una ciudad?

Rose negó con la cabeza.

—Era.

Silencio.

—Ok —dije—. Eso es inquietante, pero manejable.

—No lo es —respondió Rose—. Está cerca de una línea férrea principal.

Mike levantó la cabeza de golpe.

—¿Tren?

—Tren —confirmó Eve.

Por alguna razón, esa fue la primera buena noticia real del día.

—Me encanta cuando las misiones incluyen sentarse —dijo Mike—. Es mi talento oculto.

Josie sonrió apenas.

—Según esto, la guarida de Fuego no está exactamente ahí —dijo—. Está cerca. Muy cerca.

—¿Cuánto es “muy cerca”? —pregunté.

Ella midió con los dedos.

—Un par de kilómetros.

—Eso ya no me gusta tanto —dijo Mike.

Rose tomó otro mapa.

—Desde aquí —señaló—, el tren nos dejaría a unas doce horas.

—¿Doce horas? —repetí.

—Si no hay retrasos —respondió Eve.

—Siempre hay retrasos —dije.

—Sigue siendo más rápido que ir a pie —añadió Josie.

Me dejé caer en la silla.

—Doce horas en tren para enfrentar al espíritu más inestable, vengativo y poderoso de todos.

—Cuando lo dices así suena emocionante —dijo Mike.

—Cuando lo digo así suena suicida.

Rose nos miró a todos.

—Pero ya tenemos tres elementos.

Eso quedó flotando en el aire.

—Tres de cuatro —dijo Josie.

—Más de lo que cualquiera logró antes —añadió Eve.

Sentí algo extraño en el pecho, una mezcla de miedo y orgullo que no sabía bien cómo manejar, porque no quería confiarme pero tampoco podía ignorar el hecho de que habíamos llegado lejos, mucho más lejos de lo que yo habría apostado al principio, cuando todo esto era solo una cadena de eventos absurdos que no parecían tener sentido, y ahora ahí estábamos, planeando viajes en tren para enfrentarnos a espíritus antiguos como si fuera parte de una agenda normal.

—Ok —dije al fin—. Entonces esto es real.

—Siempre lo fue —respondió Rose.

—No —la corregí—. Esto es distinto. Ahora tenemos un plan.

Mike sonrió.

—Y transporte público.

—Y solo tres días —añadió Josie.

Eso volvió a bajar el entusiasmo un par de niveles.

—¿Cuánto tiempo nos quedaría cuando lleguemos? —preguntó Eve.

Rose calculó mentalmente.




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