Heredero de lo Imposible

Capitulo 28

.– ¿Y bien? – me instó Josie – ¿Qué dice?

Tomé aire lentamente. Ahora sí estaba listo para leerlo en voz alta.

– El fuego quema. El agua cura. Los amigos traicionan. Y los extraños ayudan. Cinco jóvenes están de misión. Uno de ellos, más revela traición. No se fíen de todo. No se fíen de nadie. La lealtad en este momento, no es importante – recité.

El silencio que siguió fue tan denso que podía sentirse en el aire. Nadie se movió. Nadie respiró. Solo el sonido del fuego crepitando afuera rompía la quietud.

– Bueno… – murmuró Mike, con una sonrisa nerviosa – eso fue… alentador.

– “Los amigos traicionan” – repitió Josie, frunciendo el ceño – ¿Qué clase de mensaje es ese?

– Uno que no me gusta – dijo Eve, cruzándose de brazos.

– “Uno de ellos revela traición” – susurró Rose – ¿Qué significa eso? ¿Que alguien de nosotros…?

La frase quedó flotando en el aire, incompleta, pero todos entendimos el final.

– No pienso creer en un papel que aparece de la nada – dije, intentando sonar más seguro de lo que me sentía.

– Claro, porque los papeles mágicos siempre dicen la verdad – respondió Mike con sarcasmo.

– Lo hizo la última vez. Nos dijo que investigáramos la posada y sacamos grandes pistas. – dijo Rose, con una mirada que podría haber derretido el suelo.

- Pistas que llevaron a nuestro intento de muerte

- Detalles - dijo Mike

Eve se levantó y se acercó a la ventana. La luz del volcán iluminó su rostro, y por un instante, juraría que vi algo en sus ojos. No miedo. Algo más profundo. Pero lo descarté enseguida.

– Tal vez sea una advertencia – dijo ella – o una prueba.

– O una trampa – añadió Josie.

– O una broma de mal gusto – dije – porque si los espíritus tienen sentido del humor, es pésimo.

Rose no dijo nada. Solo se quedó mirando el papel, con el ceño fruncido. Y aunque no quería admitirlo, algo en su expresión me inquietó.

Nos quedamos un rato en silencio. Nadie sabía qué hacer. Al final, Mike se dejó caer en la cama con un suspiro.

– Bueno, si alguien va a traicionar, que lo haga después del desayuno. No pienso morir con el estómago vacío.

Eso rompió un poco la tensión. Josie soltó una risa nerviosa, y yo no pude evitar sonreír. Pero el ambiente seguía cargado.

Apagué la antorcha flotante y me acosté. El calor era insoportable, pero el cansancio pesaba más. Cerré los ojos, aunque sabía que no iba a dormir.

Desperté con el sonido de pasos. Abrí los ojos y vi a Rose sentada junto a la ventana, mirando hacia el volcán. La luz anaranjada la envolvía, y por un momento, parecía parte del fuego mismo.

– No pude dormir – dijo sin mirarme.

– Yo tampoco – respondí.

– ¿Tú crees en ese mensaje?- preguntó girando hacia mi

– No lo sé. Pero si fuera cierto, no pienso dejar que nos divida.

– A veces no se trata de lo que uno quiere – murmuró.

No supe qué responder. Había algo en su voz, una tristeza que no le había escuchado antes.

– Rose…

– No digas nada, Jack. Solo… prométeme que, pase lo que pase, vas a seguir adelante.

Me quedé en silencio. No entendía por qué me pedía eso, pero asentí.
– Lo prometo.

Ella sonrió, apenas. Luego volvió a mirar el volcán.

Cuando los demás despertaron, el ambiente seguía raro. Eve estaba más callada de lo normal, Josie evitaba mirar a Rose, y Mike… bueno, Mike intentaba fingir que todo estaba bien.

– ¿Alguien más soñó con fuego? – preguntó mientras se estiraba.

– No – respondí – pero gracias por recordarme que vivimos sobre un volcán activo.

– De nada. Me gusta mantener el ánimo.

Bajamos al comedor. Flam, el encargado, nos recibió con una sonrisa que echaba humo.

– ¡Buenos días, huéspedes! ¿Durmieron bien?

– Como pollos rostizados – dijo Mike.
– Excelente – respondió Flam, sin captar el sarcasmo – el desayuno ardiente está listo.

Nos sirvieron pan tostado con mantequilla de lava (literalmente chispeaban), huevos volcánicos y café que parecía magma. Mike lo probó primero.

– Sabe a… fuego.

– Es café de brasas – dijo Flam, orgulloso.

– Sí, lo noté. Mi lengua acaba de firmar su renuncia.

A pesar del calor y del desayuno peligroso, por un momento todo pareció normal. Pero el mensaje seguía ahí, en nuestras cabezas, como una sombra.

Más tarde, mientras preparábamos nuestras cosas para salir, me quedé mirando el papel otra vez. No podía dejar de pensar en esas palabras. Los amigos traicionan.

Y entonces me di cuenta de algo: no era sólo miedo lo que sentía. Era cansancio.

Cansancio de los mensajes, de las pruebas, de los secretos. De sentir que cada paso que dábamos era parte de un juego que no entendíamos.

Me senté en la cama y respiré hondo.

A veces me pregunto si los espíritus se aburren allá arriba. Si se sientan a mirar nuestras vidas como quien ve una obra de teatro y deciden lanzar un rayo o un mensaje solo para ver qué pasa. Tal vez apuestan entre ellos: “Apuesto a que el humano número tres se quiebra primero”. Y mientras tanto, nosotros corremos, peleamos, sangramos… todo para cumplir con sus caprichos.

Y lo peor es que seguimos haciéndolo. Porque, de alguna forma, creemos que hay un propósito. Que todo esto tiene sentido. Pero ¿y si no lo tiene? ¿Y si solo somos el entretenimiento de los dioses?

Claro, eso sería deprimente. Pero al menos explicaría por qué nada sale como planeamos.

– Si algún día me convierto en espíritu, prometo no molestar a nadie – murmuré suspirando

– ¿Qué dijiste? – preguntó Mike desde la puerta.

– Nada. Solo hablaba con mi cordura.

– Ah, pensé que hablabas con el papel.

– No he llegado a ese punto todavía.

Salimos de la posada poco después. El aire afuera era aún más caliente, y el suelo vibraba levemente bajo nuestros pies. Calentold parecía vivo, respirando fuego.




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