Heredero de lo Imposible

Capitulo 33

- Entonces……¿plan?

- Encontrar la guarida de Fuego. Encontrar la Vela de la Venganza. Salvar al mundo.

- Ya veo. Típico plan de viernes por la mañana.

- Básicamente

- ¿Alguna idea de donde encontrar la guarida?

- Tal vez si miramos en el mapa. ¿Quién lo tiene?

- Yo se lo pase a Rose

- Yo se lo pase a Eve

- Yo se lo pase a Josie

- Yo se lo pase a Jack

- ¡Eh! Que yo me desmaye. No estaba exactamente preocupado de el mapa

- Entonces se quedó en la caravana. Con los Hermanos Brasa.

- Seguro que esos dos se están riendo a carcajadas de nosotros ahora mismo

- Seguramente.

- ¿Entonces nuestro plan consiste en caminar sin rumbo?

- Algo así.

- A caminar se ha dicho.

Caminar sin rumbo no era exactamente el mejor plan de todos. Pero al menos era un plan. Empezaba a dudar sobre nuestra misión. Al principio, parecía todo fácil. Todo soleado, sin complicaciones. Parecía que hubiera sido ayer cuando estábamos buscando el Cuarzo de los Deseos, llenos de esperanza.

Y ahora todo parecia mas negro.

Habíamos llegado lejos, muy lejos. Pero no nos había costado, porque eran los elementos más fáciles de conseguir. Ir a la guarida de Fuego me aterrorizaba. ¿Qué pasaría si se encontraba allí, esperándonos? ¿Qué pasaría si alguien hubiera encontrado la vela antes? ¿Qué pasaría si no logramos salvar el mundo?

Son preguntas válidas, después de todo.

El problema de caminar sin rumbo alguno, es que no sabías ni a dónde ibas, ni donde estabas ni cuánto tiempo seguirás. Cuando uno tenía un rumbo fijo, podría calcular el tiempo que estarían caminando, y no tendrían que tomar decisiones a cada segundo sobre si doblar a la derecha o a la izquierda (Eran discusiones muy comunes).

Empecé a pensar en cada uno de los presentes allí. Y por primera vez desde que empezamos la misión, me pregunte algo que no me hubiera atrevido semanas antes.

¿Sería esa la última vez que los viera?

Rose. Ella era difícil de descifrar. Todo parecía apuntar a que ella era la traidora de la profecía en el mensaje. Después de todo, había tirado todos nuestros esfuerzos al agua. Muchas veces. Estaba peleada con Josie desde que nos fuimos de la Cascada. Josie también era difícil.

Mike. Él era todo un personaje. Hambriento, sarcástico y divertido. Tenía ese don para aliviar la tensión con alguna broma fuera de lugar. Sobre Eve no tenía ni idea. No la conocía lo suficiente (Como si una aventura de más de 2 semanas no bastara).

El sol ya estaba alto y el calor empezaba a sentirse como una manta pegajosa. Mike se quejaba de que su camiseta se había convertido en “una sopa de tela”, y Josie le lanzó una mirada que decía claramente no me interesa tu sopa. Rose caminaba delante, marcando el paso como si supiera a dónde íbamos, aunque todos sabíamos que no tenía ni idea.

—¿Seguro que no estamos dando vueltas? —pregunté.

—No —dijo Rose.

—¿Y cómo lo sabes?

—Porque ya pasamos ese árbol tres veces.

Mike soltó una carcajada.
—Entonces sí estamos dando vueltas.

—Detalles —respondió Rose, encogiéndose de hombros.

Eve, que iba detrás, sacó una libreta y empezó a anotar algo.
—¿Qué haces? —le preguntó Josie.

—Llevo la cuenta de cuántas veces Mike se queja.

—¿Y cuántas van?

—Cuarenta y dos.

—¡Eso es mentira! —protestó Mike—. No me quejo tanto.

—Cuarenta y tres —dijo Eve sin levantar la vista.

Nos detuvimos un momento junto a una roca enorme. Rose intentó usarla de asiento, pero estaba tan caliente que saltó como si hubiera pisado fuego. Josie se rió tanto que casi se cae de espaldas.

—Perfecto —dijo Mike—. Si no encontramos la guarida de Fuego, al menos encontramos su sofá.

Seguimos caminando, y el camino se volvió más empinado. Cada paso levantaba polvo, y el aire olía a hierba seca. Eve tropezó con una raíz y soltó un “estoy bien” antes de que alguien pudiera reírse. Mike, por supuesto, se rió igual.

—¿Cuánto falta? —pregunté.

—Hasta que encontremos algo que parezca importante —dijo Rose.

—Entonces falta mucho —murmuró Josie.

Y así seguimos, discutiendo sobre direcciones, compartiendo la última botella de agua y riéndonos de todo lo que no tenía sentido. No sabíamos a dónde íbamos, pero al menos el camino era divertido.

El sol seguía pegando fuerte, y Mike decidió que era el momento perfecto para improvisar un sombrero con una hoja gigante. Parecía más una ensalada ambulante que un aventurero, pero al menos se veía feliz. Josie intentó hacer lo mismo, aunque su hoja se rompió al segundo intento. Rose fingió no conocerlos.

—Esto es trabajo en equipo —dijo Mike, orgulloso.

—Sí, el equipo de los deshidratados —respondió Josie.

Eve caminaba en silencio, masticando un trozo de pan duro que llevaba desde hacía días. Cada crujido sonaba como si estuviera comiendo piedras.

—¿Eso todavía se puede comer? —pregunté.

—Depende de tu definición de “comer” —contestó ella.

Rose se detuvo de golpe.
—Necesitamos un descanso.

—¿Por fin lo admite? —dijo Mike.

—No lo admito, lo decreto —replicó Rose, sentándose en el suelo.

Nos sentamos todos. Josie sacó una naranja y la lanzó al aire. Mike intentó atraparla con la boca y falló estrepitosamente. La naranja rodó cuesta abajo y desapareció.

—Un minuto de silencio por la fruta —dijo Eve.

Nos reímos. Por un momento, el cansancio se olvidó. No había mapas, ni planes, ni profecías. Solo nosotros, el polvo, y la certeza de que, aunque todo saliera mal, al menos no nos aburrimos

Luego de un rato de descanso (Corto, según Mike), decidimos seguir caminando. Según el reloj de Eve, nos quedaban 12 horas para llegar y encontrar la Vela. O si no…..Bueno. Era preferible pensar en positivo. Caminamos durante unas horas más cuando de repente, un castillo de piedra antigua se alzó a unos pocos metros de nosotros, detrás de la colina que estábamos subiendo.




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