Nos dimos vuelta y ahí, parado y hablándonos, estaba Fuego. Y lo más sorprendente de todo, me había llamado hijo. ¿Podría ser…? ¿Sería yo….? Había muchos “y si..?” que plantearse. Pero no había tiempo para eso. Estábamos a una hora del amanecer. A uno hora de salvar el mundo
- Tardaste en llegar, hijo mío
- ¿De qué hablas? - le espeté - Mi padre murió en un accidente de coche hace un año.
- Tienes carácter. Eso lo sacaste de mí. Pero también eres ingenuo. Eso viene de tu madre. ¿Nunca te pareció que mi “muerte” había sido extraña? ¿Que había algo que no encajaba?
- Lo que me haya preguntado o no, no cambia absolutamente nada
- ¿No? ¿Ninguna parte de ti quiso alguna vez saber la verdadera historia?
- No.
- Vaya. Eso me dolería, si no supiera que estás mintiendo.
- No estoy mintiendo.
- Ahí va otra mentira. Eres mi hijo, Jack. Se de lo que hablo
- ¿De verdad soy tu hijo? - pregunté. Había un tono de esperanza en mi voz. Pero la deshacemos de inmediato- Y si de verdad tu eres mi padre, entonces porque no te molestaste en venir? ¿Porque te fuiste?
- Porque tenía que hacerlo. O si no, me iba a quedar como humano para siempre
- ¿Y eso hubiera sido tan malo?
- Si. No hay peor insulto para un espíritu que el quedarse como humano para siempre.
- Es decir, básicamente yo soy un insulto para ti
- No. Tu eres mi hijo
- Eso ni tu te lo crees
- No me importa que no me creas. Puedes preguntarle a tu propia madre. Ella sabía lo que era. Te vi ese día escuchando nuestra discusión, Jack ¿Te acuerdas?
- No me acuerdo
¿ Que si me acordaba? ¡Pues claro que me acordaba! Recordaba el brillo de pánico al verme escuchando todo. Recordaba los gritos entre él y mi madre. Recordaba los sollozos de mi madre.
- Ah. Pues que pena. Te estuve observando, Jack. Te puse infinidad de pruebas en el camino para que te pruebes a ti mismo. Y las superaste. Una y mil veces.
En ese momento, lo comprendí. Fuego era cualquier cosa para mi menos un padre. Le hice una seña a Mike. Plan 32. La Vela estaba en una estantería a unos pasos de allí. Yo distraería a Fuego y él la tomaría.
- Agua nos advirtió de que uno de nosotros nos traicionara y se unirá a ti.
- Agua dice mas de lo que debería
- ¿Quien, padre? ¿Quién era el traidor de la profecía?
- Mejor que mi nieta te lo diga. Evelyn, haz los honores.
- ¿Eve? ¿Tu eras la traidora?
- Pues claro. Yo transmitía todos los planes a Fuego. Yo hice que investigáramos la posada para que te encontrarás con Jake. Yo hice que pareciera que Rose traicionó a todos.
- Fuego hizo arder en cenizas a tu propia hermana ¡Clare está muerta y tú sigues de tu lado! ¡Traicionaste a tu propia prima y ayudaste a Fuego a secuestrarla! ¿Qué clase de persona eres?
- Una que quiere poder. Fuego tiene mucho para ofrecerme. Me hizo ver los beneficios de unirse a él. Únete a nosotros, Jack y seremos imparables.
- ¿Y qué beneficios serían esos?
- Poder. Fama. Dinero. Recursos. Todo lo que te hace una persona poderosa.
- ¿Ese es tu propósito en la vida? ¿Volverte poderosa?
- Si. ¿Qué dices Jack? ¿Te unirás a nosotros?
- ¿De verdad podría volverme más poderoso?
- Si. Las personas te temerán. Te respetarán. eras más poderoso que nadie
- Suena bastante tentador.
- Si ¿verdad? Ahora tomaras una decision que te cambiara la vida. Podrias elegir unirte a nosotros y conseguir millones de beneficios. O podrias elegir volver a vivir una vida de miserable, sin amigos ni dinero.
Aquello hiso que me hirviera la sangre. Ya estaba completamente seguro de mi decision
- No.
- ¿Q-que dices?
- He dicho que no
- Es tu decisión. Pero no te puedo dejar con vida. Aunque seas hijo mío, sabes demasiado. Eres demasiado peligroso. ¿Últimas palabras?
- Solo dos - Esperaba que Mike ya estuviera posicionado junto a Josie- ¡Ahora, Mike!
Mike se abalanzó sobre Fuego y lo mantuvo en el suelo. Josie hizo lo mismo con Eve. Ninguno era débil, pero Mike y Joie tampoco. Se mantuvieron quietos sosteniéndolos cuando Mike me lanzó la vela. Era una vela color fuego con pintas doradas. La llama refulgía, pero a pesar de que la estaba tocando, no me quemaba.
Desaté a Missy rápidamente para que me ayudara. Sacamos los 3 objetos restantes de mi mochila y los pusimos los cuatro juntos. Esperaba que se encendiera. Que se transformara. Algo.
Pero no ocurrió nada.
Ni una chispa, ni una transformación. Nada. Ya estaba empezando a sentirme bastante frustrado cuando lo escuchamos. Un grito. Sonaba como un llamado a fuego. Lo que más temía estaba a punto de ocurrir.
Aire había llegado al castillo.