Dentro de una choza en medio de la nada (nadie sabe por qué), un grupo de jovenes salió. Quizá a jugar, quizá para charlar, no importaba mucho.
—Oye, Hoo Lee Sheet, ¿qué quieres ser cuando seas grande? —dijo el de complexión robusta.
—¿Yo? Por supuesto que seré quien lleve a la humanidad a la gloria, nadie más —respondió Sheet, el de complexión delgada, con bastante arrogancia.
—Pero ni un alma viene a este páramo verde, no creo que sea posible —replicó el panzón con ironía.
—Ja, eso es lo que tú crees, Tarlan... Ya verás cómo este lugar se llenará de gente por mi presencia —clamó Sheet, llevando el puño cerrado hacia su corazón—. ¿Y tú, Atrél?
El joven robusto se rascó el mentón, pensativo por su sueño al crecer, pero más que nada, recordando el por qué seguía aquí, en este lugar tan vacío.
—Supongo que solo quiero ganar dinero... y estar con ustedes, porque son increíbles. Es agradable verlos.
Tarlan soltó una pequeña lágrima. Su corazón se quedó como gelatina por el comentario, ya que siempre había sido susceptible a la adulación, los elogios y los sentimientos amorosos o cariñosos.
—Eso fue muy raro, no vuelvas a decir algo así —Reclamó Sheet, quien señaló a Atrél y frunció exageradamente el ceño, como si hubiera sido testigo de algo denigrante—. Yo no soy increíble, soy absolutamente increíble, no me rebajes al nivel de ese panzón.
—¡Oye, ya empecé a hacer ejercicio! ¡En unos meses me veré mejor que tú! —bufó Tarlan, apretando los puños.
—¿Apenas ahora? Muy tarde, hermano. Me parece que solo podrás ver como yo alcanzo la cima y tu te arrastras por el barro —carcajeó tal cual un villano de una película infantil.
Atrél se cruzó de brazos, observando la misma discusión por decimotercera vez esta semana. Tomó una bocanada de aire y la expulsó lo suficientemente fuerte como para que ambos la notaran.
—Oye, ¿y yo qué? Yo también estoy aquí.
—Tu no cuentas, usas hacks —reprochó Sheet, mirándo de reojo.
—Oye pero si seguimos así, volveremos a la casa y volveremos a salir mañana y pasará lo mismo otra vez —comentó Tarlan, algo inseguro si debía decirlo.
Sheet lo miró como un depredador, pero por más que quiso decirle algo, no encontró ningún argumento a su favor. Chasqueó la lengua y respiró profundo para poder decirlo claramente.
—Tienes razón. Ya llevamos más de un mes intentándolo y siempre caemos en lo mismo. Necesitamos un plan, y rápido, porque no me gusta perder el tiempo que podría usar para construir mi fama.
—¿Qué tal dejar de ser tan ególatra? Si sales al mundo exterior con esa actitud, estoy seguro que más de uno terminará dándote un buen golpe —masculló Atrél.
—¡Jamas! Ser así me ha llevado a ser lo que soy ahora, ¡un...!
—¿Un fracasado, quizás? No creo que alguien exitoso viva en una choza de madera en medio de la nada, y parezca que está por caer en coma por inanición —interrumpió Tarlan, con un tono burlón.
Sheet se petrificó. Un ardor subió de las piernas hasta su cabeza, al punto que parecía echar humo.
—¿Fracasado...? ¿De verdad me dijiste fracasado...? ¿¡Fracasado!?
Se acercó a Tarlan con pasos deliberadamente pesados. Sus dientes crujían como palomitas.
—¡El fracasado aquí eres tú! Apenas decidiste hacer algo por tí, mientras que yo ya he planeado toda mi vida. ¡Parece que tu cerebro no creció como lo hizo tu barriga!
—Al menos yo admito que soy un fracasado, pero tú no toleras que te digan la verdad.
—¿Ah, si? ¿Como qué verdades? —musitó entre dientes.
—¡Ya cálmense idiotas! ¿Quieren que les de una buena dosis de mi amor? —gritó Atrél, tronando sus nudillos.
Ambos adoptaron el estilo de una estatua y no dijeron nada. Regresaron a la normalidad en cuestión de segundos y después, por fin los tres tuvieron un respiro para poder planear su expedición.
El plan era simple: salir a explorar el bosque de la luna escarlata y cazar aunque un solo monstruo. El único problema que tenían los tres chiflados era que no tenían ningún arma decente para luchar prolongadamente, así que estaban planeando usar el conocimiento de Tarlan para construir una trampa útil.
—Bien, mientras Tarlan planea la trampa, hay que discutir como atraeremos a la bestia y que tipo será —dijo Atrél, mientras miraba el mapa que tenían en la casa.
—Eso es muy fácil. Simplemente me pongo en frente de la bestia y le planto cara... podría darme unos problemas, pero nada que yo no pueda tratar —sugirió Sheet con orgullo por su fuerza.
—Si, si, lo que tú digas, tu puedes con él solo, sólo no llores si terminas herido.
—entonces yo voy a construir la trampa, mientras que tú y Sheet se encargan de buscar la bestia y traerla. Sheet creara una pequeña ilusión y el monstruo caerá en el circulo mágico. Sugiero que sea un monstruo lobo carmesí, ya que son los más pequeños que podemos cazar. En caso de emergencia, Sheet usará su magia para retenerlo; y tú, Atrél, defenderás mi posición mientras ajusto la trampa para que Sheet pueda ejecutar un conjuro de fuego concentrado —concluyó Tarlan.
—Debo admitir que, aunque no seas tan grandioso como yo, tienes capacidad para hacer planes, hermano —añadió Sheet.
Tarlan se ruborizó un poco por el reconocimiento. Recogió el mapa y los objetos que iban a usar.
—Bueno, estudié mucho estos temas. Sé muy bien lo que hay que hacer.
—Con que eso es lo que leías tanto en las librerías del reino —comprendió Atrél.
Después de haber concretado su plan, los tres se dirigieron al bosque de la luna escarlata, que estaba a unos cuantos kilómetros.
—Tarlan, repite lo que tenemos que hacer —habló Sheet.
—Tu y Atrél se dedicarán a buscar y atraer al lobo carmesí. Recuerden que el bosque de la luna escarlata es un lugar muy hostil; no se adentren mucho en el bosque, o terminarán perdiendo la orientación.
El bosque de la luna escarlata era un lugar aterrador. Ir por la mañana era la mejor opción, ya que solo se encontrarían bestias de bajo rango; por la noche, era casi imposible salir del bosque, ya que los monstruos más temibles merodeaban toda la zona. La luna dentro del bosque se tornaba roja y todo era iluminado por su tenue luz carmesí.
Editado: 03.07.2026