El silencio inundaba el mundo de los tres chicos. Tarlan decidió hablar primero, tomando un respiro y procesando el gesto tan sospechoso del señor.
—¿De verdad está seguro que no es una trampa?
—¿Me ves a mí con la intención de atrapar a unos pobres niños que ni siquiera conozco? —refutó, aún con esa sonrisa escalofriante.
—¡Vamos Tarlan! No pasa nada, simplemente es generoso —dijo Sheet, tirando de su manga.
—Sí, Tarlan, hazle caso a tu compañero de escasa inteligencia.
—¿Qué dijiste? No escuché bien —comentó Sheet.
—Oh, no fue nada.
Tarlan no era nada bueno controlando la presión. Cedió en cuanto la insistencia se volvió abrumadora. En ese momento, Sheet celebró como un niño al cual le dieron su juguete favorito.
El señor se despidió sin voltear atrás y misteriosamente desapareció entre la multitud que pasaba por la calle. Aunque esto pasó desapercibido por los chicos, que ya comenzaron a discutir sobre lo que iban a hacer ahora.
La misión era absurdamente simple: ir a las montañas nevadas del oeste y cazar un monstruo glacial, de cualquier tipo. Los monstruos glaciales eran conocidos por ser muy débiles al calor, pero sobre todo porque mientras atacaras a distancia, podrías eliminar a cualquiera.
—¿No es una misión demasiado simple para recibir una armadura de recompensa? Presiento que podría ser una trampa —replicó Tarlan, con el ceño fruncido.
—Tu presentimiento está equivocado —objetó Sheet, colocando sus manos en la cadera—; no hay manera de que ese señor haya planeado algo, ¿Por qué intentaría matar a tres adolescentes que ni siquiera conoce?
Fue una de las cosas mas lógicas que había dicho, hasta que continúo.
—Solo tendría sentido si me hubiera reconocido como el próximo héroe y él fuera un terrorista híbrido, con el objetivo de acabar con la humanidad. Obviamente yo sería la máxima prioridad.
—Creo que me ilusioné demasiado al pensar que por fin decías algo coherente —murmuró Atrél.
La vena de Tarlan iba a explotar, aunque al final logró controlarla. Inhaló y exhaló
—Bueno, omitiendo lo último que dijiste, tienes razón —añadió con esfuerzo—. Él no tiene ninguna razón para matarnos... Pero aún así, no bajen la guardia.
En menos tiempo del que debería haber pasado, los tres jóvenes ya habían olvidado la preocupación que supuestamente deberían tener ante esta trampa totalmente obvia. Ellos seguían en su mundo, paseando y observando cosas que no podían comprar debido a su indudable pobreza.
Sheet entrelazó sus dedos detrás de su cabeza y miró al cielo, donde surcaban las grandes ciudadelas.
Tarlan echaba un ojo a los carteles pegados en varias paredes: algunos hablaban sobre un nuevo orden mundial, otros sobre los insurgentes rebeldes, trabajos y extraños sucesos de la noche anterior; habían caído tres objetos no identificados del cielo. Sin embargo, todo esto no tenía mucha importancia para él, quien esperaba llegar a la librería para poder leer un libro que le interesó la última vez.
Atrél era el más conciente de los tres en ese momento. Miró de reojo los carteles y panfletos, que le generaron una duda algo descabellada: «Si esto tiene una relación con la espada de Tarlan... ¿Significa que no fuimos los únicos?» pensamiento que le dio un dolor de cabeza.
Finalmente llegaron a la biblioteca, y por insistencia de Tarlan, entraron.
—No hagan mucho ruido... voy y regreso con el libro. No hagan un desorden, en especial tú, Sheet.
Antes de que Sheet hiciera el sonido de un animal extinto para llamar la atención, Atrél sacó una cinta por arte de magia y le cubrió la boca.
—No tardes mucho, no sé cuánto tiempo aguante la cinta.
Cuando los chicos se quedaron solos, se sentaron en una mesa y tomaron cualquier libro para pasar el rato. Sheet tuvo que tragarse el vómito que le provocó tomar un libro aburrido, y Atrél simplemente agarró el más corto que encontró.
Ambos leyeron tranquilamente, aunque Sheet se desmayó varias veces mientras forzaba su mente a leer algo que no le gustaba.
—Hey Sheet, siempre me he preguntado la razón de que odies tanto los libros.
—¿Ah? —regurgitó ligeramente— Pues sigue con tu duda.
—No, es en serio, ¿Qué te produce tanto asco de los libros?
Sheet tosió brevemente. El silencio de la biblioteca era evidente, pero cuando la pregunta chocó con Sheet, ese silencio se volvió más profundo.
Cuando Sheet estaba por hablar, Tarlan llegó.
—Bueno, ya vamonos... Me sorprende que tengan la convicción para tomar un libro, ¿Quieren quedarse a leer?
Negaron rápidamente con la cabeza, haciendo que la ilusión de Tarlan se rompiera como un cristal.
Atrél tomó el libro que estaba leyendo hace un momento y casi lo pega a la cara de Tarlan.
—¿Has leído este libro?
—Claro que lo he leído, es uno de los más famosos en el género de fantasía —respondió, como si fuera lo más obvio del mundo.
—¿Qué opinas del protagonista y el villano?
Los ojos de Atrél se volvieron más afiliados y centrados. Podía decirse que había tensión, pero no estaba muy claro, ya que solo era una simple pregunta.
—Ah, el héroe y el rey demonio, ¿verdad? Son solo el cliché básico: un heroe bondadoso, humilde y amable, que salvará la humanidad; y un rey demonio malvado, arrogante y frío, que busca acabar con la humanidad. No hay más misterio.
—Pero... ¿Por qué lo hacen? —replicó Atrél.
Sheet se rascó la cabeza, sin entender absolutamente nada; él solo quería irse de ahí antes de que realmente vomitara.
—¿Cómo que por qué? Porque así es la historia: persona mala hace cosas malas, persona buena hace cosas buenas. Ambos chocarán sí o sí. Lo hacen porque uno quiere salvar y el otro destruir. Uno es un héroe, el otro es un demonio. Es una novela simple.
Silencios mortales. Un vacío agobiante.
—¿Lo hacen porque es inevitable? ¿Porque uno es bueno por naturaleza y el otro es malo por naturaleza?
Editado: 31.08.2026