Herederos del caos

Capítulo 1

20 DE ENERO
​Debería ser un día especial, pero se siente como cualquier otro, con la única diferencia de que hoy el reloj marca mi entrada a la mayoría de edad. Dieciocho años. Me levanto con esa extraña opresión en el pecho, una corazonada de que el mundo está a punto de ensancharse o de cerrarse sobre mí. Me ducho con parsimonia y elijo algo ligero; hoy el plan es escapar de la realidad con Samanta.
​Bajo a desayunar y, como de costumbre, el silencio de la mansión es mi único invitado. La mesa es larga, fría y está impecablemente servida por manos que no son las de mi madre. Mis padres, los "exitosos" Víctor y Laura Palacios, se marcharon antes de que saliera el sol para alimentar su imperio, dejando tras de sí solo el eco de su perfección en cuadros familiares donde todos sonreímos por compromiso.
​Termino mi café a solas y salgo al encuentro de Max. Él es mucho más que mi chofer; es la mano derecha de mi padre y la sombra que me ha cuidado desde que tengo memoria. Sus ojos siempre están alerta, como si supiera que el peligro acecha incluso en los barrios más exclusivos.
​—Buenos días, Max —lo saludo con una sonrisa a medias.
​—Buenos días, señorita. Y feliz cumpleaños —responde con una calidez contenida mientras me abre la puerta del auto. Sus guantes negros y su postura rígida me recuerdan, como siempre, que en mi mundo la seguridad es una jaula de oro.
​Al llegar a casa de Sami, no necesito ni bajarme. Le envío un mensaje y, en menos de un minuto, su melena negra aparece por la puerta. Es pequeña, pero su energía llena toda la calle.
​—¡Ly! ¡Muchas felicidades, nena! —me envuelve en un abrazo frenético que me obliga a tambalearme—. ¿Lista para la fiesta? Tengo el lugar perfecto y no acepto un "no" por respuesta.
​—Está bien, loca, pero primero lo primero: el vestido —le respondo.
​Pasamos horas entre sedas y espejos. Al final, nos decidimos: para ella, un rojo fuego que grita atención; para mí, un vestido negro, minimalista, con una caída de cadenas en el costado que brilla como advertencia. Un vestido para alguien que no quiere ser encontrada, pero que es imposible de ignorar.
​De regreso, la casa sigue vacía. Me hundo en un sueño profundo hasta que el vibrar de mi teléfono me sobresalta. Es David, mi hermano mayor, llamando desde España.
​—Hola, pitufa. Feliz cumpleaños —su voz me arranca una sonrisa genuina. Es el único que realmente parece verme.
​—Gracias, pitufo. ¿Cómo están tú y Liz? —le pregunto, sintiendo una punzada de envidia por su libertad. Hablamos de su vida en Europa y de los diseños de Liz, su esposa, hasta que se despide con un "te quiero" que se queda flotando en mi habitación mucho después de colgar.
​Me preparo con cuidado. El vestido negro se siente como una armadura. Suelto mi cabello, dejando que caiga sobre mis hombros, y aplico un maquillaje que endurece mis facciones. No quiero parecer la "hija de papá" esta noche.
​El club nuevo es un caos de luces de neón y música que golpea en el pecho. Sami ya está en la barra, y tras dos tequilas, el mundo empieza a perder sus bordes afilados. Bailamos durante horas, pero el mareo del alcohol y el calor de la gente me sofocan. Necesito aire. Necesito agua.
​—Voy al baño —le grito a Sami al oído, aunque ella apenas me registra, perdida en su propio ritmo.
​Camino por el pasillo, esquivando sombras, y entro en la primera puerta que veo. Me apoyo en el mármol frío del lavabo y me echo agua en las muñecas, tratando de bajar las revoluciones de mi pulso. Es entonces cuando lo veo por el reflejo del espejo.
​No estoy sola.
​Hay un hombre detrás de mí. No es un chico cualquiera del club; su presencia tiene un peso distinto, algo oscuro y magnético que corta el oxígeno del lugar. Me volteo lentamente, quedando frente a frente. Sus ojos me analizan con una frialdad que me hiela la sangre, pero a la vez, hay un fuego en su mirada que me impide moverme. Estamos tan cerca que puedo sentir el peligro emanando de él como un perfume caro.

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Sus teorías me dan vida (y a veces ideas para hacer sufrir más a nuestros protagonistas).
​¡Nos leemos en la próxima actualización!
​— D.B.R. 🥀




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