NARRA LYDIA
-Su nombre es Dylan Rodríguez. Espero que lo reciban con la educación que este instituto exige -anunció el director antes de retirarse con una inclinación de cabeza.
El profesor le indicó su lugar: justo detrás de mí. Sentí un escalofrío cuando pasó por mi lado; el aroma a perfume caro y algo metálico me nubló los sentidos. Al sentarse, Dylan se inclinó hacia adelante y me guiñó un ojo con una confianza que me hizo arder las mejillas. Mi corazón, que ya iba a mil por hora, pareció saltarse un latido. ¿Cómo podía actuar con tanta normalidad después de lo que pasó anoche?
NARRA DYLAN
No he podido sacarme a esa chica de la cabeza. Su vulnerabilidad en el aparcamiento, mezclada con esa valentía absurda de querer pelear contra un tipo que la doblaba en tamaño, me resultó fascinante. Hoy es mi primer día en este instituto de niños ricos y solo espero que el aburrimiento no me mate.
Cuando entré al aula, mis ojos la encontraron de inmediato. Estaba allí, sentada en la penúltima fila, luciendo tan fuera de lugar como yo en este ambiente refinado. Me asignaron el puesto detrás de ella, una jugada del destino que no pensaba desaprovechar. Al pasar por su lado, le dediqué un guiño cargado de intención. Ver cómo se tensaba y cómo el rubor subía por su cuello me dio una satisfacción extraña. Me gusta el efecto que provoco en ella.
Durante el receso, la vibración de mi teléfono cortó mi distracción. Era mi padre.
-Dime -contesté, alejándome de los grupos de estudiantes.
-Hijo, no llegues tarde. Esta noche tenemos una cena crucial con mi socio más importante -la voz de mi padre no pedía, ordenaba-. Es hora de que conozcas a la familia Palacios.
-Está bien, padre. Allí estaré -respondí antes de que colgara.
La típica llamada de Erik Rodríguez: órdenes directas, sin espacio para preguntas. Sin embargo, esta vez tenía curiosidad. Mi padre siempre ha hablado de la hija de ese hombre como si fuera una pieza de ajedrez fundamental para sus negocios, y según él, es una belleza.
NARRA ERIK (Padre de Dylan)
El sol golpeaba el asfalto del puerto mientras observaba la descarga. Estábamos moviendo un cargamento de cocaína de alta pureza destinado a los mercados del norte. Cuando la camioneta blindada de mi socio se detuvo, una sonrisa fría apareció en mi rostro.
-Hola, Víctor. Te veo bien para ser un hombre con tantos frentes abiertos -saludé a mi viejo amigo.
-Erik. Sobreviviendo, como todos -respondió Víctor Palacios, ajustándose el traje que ocultaba al criminal que llevaba dentro.
Hice una señal a Alejandro, mi hombre de confianza.
-Que muevan la mercancía a los vehículos de Víctor. Ahora.
Mientras mis hombres trabajaban con precisión militar, me acerqué a mi socio.
-Nos vemos en la cena. Finalmente, nuestros hijos se conocerán. Es hora de que sepan lo que hemos planeado para el futuro de nuestros apellidos. Esta alianza nos hará intocables.
Víctor asintió, con la ambición brillando en sus ojos. Él sabía que esta unión no era solo de negocios, era una herencia de poder.
NARRA LYDIA
Al regresar a casa, me sorprendió encontrar a mi madre en la sala, sumergida en sus revistas de alta costura. No solía estar aquí tan temprano.
-Hola, madre.
-Lydia, qué bueno que llegas -dijo sin levantar la vista-. Prepárate. Esta noche recibimos a la familia Rodríguez. Es una cena formal, así que no quiero rebeldías.
Subí a mi habitación con un nudo en el estómago. Me duché intentando quitarme la sensación de ansiedad y elegí un vestido color rojo vino, ajustado, con un escote corazón que me hacía ver más madura. Recogí mi cabello en una coleta alta, dejando que algunos mechones enmarcaran mi rostro, y bajé las escaleras.
Ya se escuchaban voces en la sala. El ambiente se sentía pesado, cargado de una tensión que no lograba comprender. Al llegar al último escalón, vi a mis padres junto a dos desconocidos de apariencia imponente. Pero mi respiración se detuvo al ver al tercer invitado.
Él estaba allí, de pie, luciendo un traje negro que resaltaba su figura atlética y su mirada peligrosa.
-¿Dylan? -el nombre escapó de mis labios como un suspiro.
-Lydia -respondió él, con la misma sorpresa grabada en el rostro.
El silencio que siguió fue absoluto. Nuestros padres nos miraron alternadamente, confundidos por el reconocimiento inmediato, sin saber que el destino ya nos había presentado en un baño sucio y un callejón oscuro.
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Dylan Rodríguez es un misterio. ¿Es un aliado real o solo el peón más inteligente de su padre, Erik?"
Si te ha gustado este capítulo, no olvides dejar tu voto (⭐) y contarme en los comentarios: ¿De qué lado estás en esta guerra? Sus teorías me dan vida (y a veces ideas para hacer sufrir más a nuestros protagonistas).
¡Nos leemos en la próxima actualización!
- D.B.R. 🥀
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Editado: 10.04.2026