NARRA LYDIA
-Por Dios, está todo el mundo afuera -susurré, hundiéndome en el asiento de cuero del Camaro.
Dylan apagó el motor y me miró de reojo, con una frialdad que me caló los huesos.
-Lydia, en unos días es nuestra fiesta de compromiso y ¿todavía te preocupa que nos vean juntos en el instituto?
Me quedé helada. Las palabras me golpearon como un bofetón.
-¿Fiesta de compromiso? ¿De qué demonios estás hablando?
-Será mejor que tus padres te lo digan -respondió él, restándole importancia con un gesto de la mano-. No me pagan para ser tu informante.
La sangre me hirvió. Estaba harta de que planearan mi vida como si fuera un contrato de carga.
-¡Joder, estoy harta de esto! -exclamé, saliendo del coche y cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en todo el estacionamiento.
Caminé a paso firme, ignorando los murmullos de los demás estudiantes. No bastaba con forzarme a estar con él, ahora querían anunciarlo al mundo como si fuera un trofeo. Cuando llegara a casa, mis padres me iban a escuchar.
-¡Ly! Llegas muy bien acompañada, nena -me saludó Sami, interceptándome en el pasillo-. Pero esa cara... ¿a quién quieres matar?
-A mis padres, Sami. Van a organizar una fiesta para anunciar mi condena con el imbécil de Rodríguez.
-Vale, eso escala rápido -dijo Sami, perdiendo la sonrisa-. ¿Qué vas a hacer?
-Voy a enfrentarlos. Sé que no cancelarán la boda por las buenas, así que voy a negociar tiempo. Tengo que demostrarles que están cometiendo un error -suspiré, ajustando mi mochila-. Además, sabes que el único que me interesa es Adam.
-Espero que funcione, amiga. Sabes que te apoyo en lo que sea -me dijo con sinceridad mientras caminábamos hacia el aula.
Al entrar, lo primero que vi fue a Dylan. Había olvidado que compartíamos Historia. Me senté lo más lejos posible, pero sentía su mirada clavada en mi nuca. A los cinco minutos, la profesora entró con una pila de folios.
-Buenos días. El trabajo final del trimestre será en equipos de cuatro -anunció-. Es un análisis histórico profundo y tienen una semana.
-Por favor, que no me toque con él -rogué internamente.
-Celosa -susurró mi conciencia.
-Para nada. Solo quiero paz -le respondí mentalmente.
La profesora empezó a dictar los grupos. Mi corazón latía con fuerza hasta que pronunció los nombres:
-Dylan, Malia, Adam y Lydia. Tema 4.
Maldita sea mi suerte. Malia, que miraba a Dylan como si fuera un postre, y Dylan, que no dejaba de sonreír con suficiencia. El único punto positivo era Adam; era la oportunidad perfecta para acercarme a él, aunque con Dylan vigilando, el trabajo iba a ser un campo de batalla.
El día se me hizo eterno entre ecuaciones y muestras de biología. Cuando sonó la campana final, salí disparada hacia la salida, evitando cualquier contacto con Dylan. Pero al llegar al sitio de siempre, Max no estaba. Esperé quince minutos, impaciente, hasta que el Camaro negro se detuvo frente a mí.
-¿Qué quieres ahora? -le pregunté sin mirarlo.
-De ti, nada -respondió Dylan con tono aburrido-. Tus padres me pidieron que te llevara. Max tuvo un "asunto" que atender.
-¿Y no podías decir que no? -solté con fastidio.
-A ver, "princesa" -se bajó del coche y se acercó a mí, obligándome a retroceder contra un pilar-. Yo tampoco quiero pasar mi tarde contigo. Esta boda me apetece tanto como un tiro en el pie, pero tenemos que fingir ante ellos si queremos que bajen la guardia. Así que sube al coche antes de que pierda la paciencia. Tengo cosas más importantes que hacer.
Subí en silencio, odiando el hecho de que tuviera razón. Durante el trayecto, ninguno habló. Una hora después, el coche se detuvo ante mi casa. Me bajé sin despedirme y escuché el rugido del motor alejándose a toda velocidad.
Al entrar, Ada me recibió con una sonrisa cálida.
-Buenas tardes, Ada. ¿Están mis padres? -pregunté, tratando de controlar el temblor de mis manos.
-Sí, mi niña. Están en el despacho desde que llegaron.
Caminé directo hacia la puerta de roble. Entré sin tocar, interrumpiendo el silencio del lugar. Mi madre hojeaba una revista y mi padre revisaba su teléfono con expresión seria.
-Necesito hablar con ustedes -solté. Sus ojos se clavaron en mí al unísono, y supe que la guerra acababa de empezar
Si te ha gustado este capítulo, no olvides dejar tu voto (⭐) y contarme en los comentarios: ¿De qué lado estás en esta guerra? Sus teorías me dan vida (y a veces ideas para hacer sufrir más a nuestros protagonistas).
¡Nos leemos en la próxima actualización!
- D.B.R. 🥀
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Editado: 16.04.2026