Herederos: El PrÍncipe De Hielo

XXIX

Hale

Es una mañana soleada de Illis no he conseguido resistirme a el cálido clima que nos da la bienvenida y he salido a dar un paseo, ahora sin la influencia de Alfonso el país parece completamente nuevo, están superando a pasos agigantados la crisis que los aquejaba, el empleo sube y la mayoría de jóvenes están estudiando, eso es a lo que llamo un país próspero.

Illis es de clima cálido la mayor parte del año, tan distinta a mi amada Hannover.

Durante mi paseo tengo tiempo para aclarar las ideas, cuando recibí la invitación del mismo Rey de Illis no mentiré al decir que me sorprendió, su padre murió el día de mi coronación y en el mismo lugar y aunque Alfonso no se habría llevado el premio al padre del año, seguía siéndolo y siempre lamentare la manera en que termino su vida.

Al pensar en ello no puedo evitar sentir nostalgia, algo más se perdió ese día y de alguna manera estoy aquí para recuperarlo. Josabet, mi dulce Josabet, no pretendí ser tan severo aquel día pero debía hacerlo por el bien de los dos, he sentido cada día su ausencia como si apenas se hubiera marchado ayer. Esa despedida sin palabras, sin reclamos, sin promesas, tan fría como el invierno más cruel en nuestro natal Hannover. Cada día me reclamo el no haberla retenido y decirle que podríamos superarlo, al contrario la vi marcharse con aquella expresión por la que alguna vez me llamaron El Príncipe de Hielo.

Mi teléfono comienza a sonar al interior de mi chaqueta y me sorprende al ver que es Lyris con quien he venido todo el camino hasta aquí.

—Hale — dice apenas he respondido, su voz suena algo extraña.

— ¿Ha sucedido algo? — pregunto automáticamente.

—No, bueno nada malo al menos — dice y reconozco nerviosismo en su voz y eso solo es señal de que ha hecho algo que por lo que es probable que pierda la cabeza.

— ¿Qué has hecho?

—Sabes que me enoja lo bien que me conoces — comenta para desviar el tema pero al no tener una respuesta de mi parte continua — me he reunido con mi hermano, le he pedido que lleve a Josabet a la gala de esta noche.

El suelo bajo mis pies deja de existir, la sola mención de su nombre tiene ese efecto en mí, hago acopio de todas mis fuerzas para hablar.

— ¿Qué has hecho que? — no reconozco mi propia voz pero no me importa, siento que estoy a punto de perder la cabeza.

—Bueno tampoco es para que hiperventiles, hemos hablado estos meses con Christopher y de alguna manera nos sentimos culpables en como terminaron las cosas entre ustedes — estoy a punto de discutirle pero me calla — escúchame, no somos culpables de lo que hizo nuestro padre pero no deja de serlo, si tan solo él no hubiera planificado tu asesinato nada de esto habría pasado.

—No es su culpa — aseguro.

—No, no lo es. Pero sentimos que debemos hacer algo, no se han visto los últimos meses pero ambos no son nada sin el otro, han perdido su norte y solo queremos que lo encuentren de nuevo, aun sí no pueden arreglarlo hoy o si les lleva años hacerlo al menos queremos saber que lo intentamos — su voz está cargada de emoción y sé que sus sentimientos son sinceros.

Mientras la escucho veo a las personas pasar frente a mi, viviendo sus vidas como mejor pueden, buscando aquella felicidad que yo mismo deje escaparse de mis manos. En este país no soy más que un hombre más y sentir eso me hace sentir distinto.

—Lyris siempre estaré agradecido contigo y con tú hermano por sus deseos pero esto es algo a lo que no se puede forzar, nos conoces muy bien a Josabet — se forma un nudo en mi garganta solo al mencionar su nombre — y a mí, sabes que con nosotros los planes no funcionan, si la oportunidad se da algún día seré feliz en hablar con ella y si Dios es grande perdonarnos mutuamente.

Suelta aire bruscamente, esta perdiendo la paciencia.

—Hale, esperar podría ser muy tarde, el consejo te exige que te cases y corones una Reina, sabes que pronto dejarán ser simples sugerencias y cuando eso pase, el corazón de Josabet se romperá en tantos pedacitos que nunca podrá arreglarlo — esa vena dramática de Lyris siempre me ha parecido graciosa, menos hoy, por que hoy, tiene razón. Si eso sucede no solo el corazón de Josabet terminaría roto, el mío con ella.

— ¿Qué ha dicho? — pregunto sin pensarlo dos veces.

— ¿Qué cosa? — esta perpleja y la entiendo, ni yo mismo me entiendo en este momento.

—Josabet...

—Ha aceptado, no sé qué es lo que mi hermano le ha dicho pero es seguro que asistirá con él.

Siento una punzada de celos de inmediato, imaginarla llegar del brazo de otro hombre amenaza con hacer que pierda la cordura pero sé que he de mantener la calma, por hoy, solo por hoy.

—Así que intentarán arreglar las cosas con mi hermana — comenta Bob llevándose el vaso con whisky a los labios. Asiento mecánicamente desde que he vuelto al hotel no he tenido cabeza para pensar en otra cosa, he imaginado todos los escenarios posibles y ninguno termina como lo deseo — deja de comerte la cabeza hombre — dice dándome una palmada en el hombro — lo que ustedes tienen a superado muchísimo para que ahora se den por vencidos por esto y si mi hermana es tan tonta como para no darse cuenta de ello, yo mismo me caso contigo.




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