Herencia de Sangre y Lucha

4

—En este lugar todo es carísimo —se quejó Seiran mientras entraba con la bolsa de las compras—. Llevamos varias semanas en la capital y la mayor parte del presupuesto de la misión se está yendo en comida.

—Es normal —respondió Mael—. Aquí todo se paga. En Luneth nos regalan la comida.

—Bueno, ya sería momento de volver.

Seiran colocó la bolsa sobre la pequeña mesa de madera.

—¿Cuál es el siguiente paso? —preguntó Seiran mientras se sentaba y abría su comida.

—Es evidente que Alicia ya sabe que estamos detrás de ella. No podemos seguir con el plan —respondió Mael—. La pregunta es si sabe por qué.

—Odio la comida de la calle —se quejó Seiran al darle una mordida a su emparedado—. Odio los carbohidratos, pero la carne y las verduras son carísimas en este lugar.

—Tenemos problemas más serios que tu dieta —Mael tomó asiento junto a él—. ¿No lo entiendes? Tenemos que cambiar el plan. Esa chica ya no va a confiar en nosotros.

—Entonces hagámoslo a mi modo —replicó Seiran—. Llevémosla a la fuerza a Luneth. No aguanto un día más aquí. Todos son maleducados. ¿Sabes lo que la chica de la tienda me respondió cuando me entregó mi orden?

Mael negó con la cabeza mientras mordía su pan.

—“Toma” —Seiran imitó el gesto seco—. Así. Fría y cruel. Nada de “buen día, joven”, nada de “muchas gracias por comprar aquí, guapo”. Nada. Solo toma tu pan y lárgate.

—¿Quieres que las chicas de las tiendas te llamen guapo?

—En Luneth todos me llaman así.

—Te llaman así las abuelitas que te conocen desde que eras un niño —replicó Mael—. No te pongas egocéntrico. No tengo tiempo para niños con el ego herido.

—¿Al menos tienes otro plan?

—Vamos a recurrir a la nostalgia. Usaremos a sus padres. Haremos que crea que la extrañan.

—Pero ellos no tienen idea de esta misión. Es más, creo que si se enteran…

—Esta misión viene directamente del alcalde —interrumpió Mael—. Eso nos coloca por encima de ellos. Solo seguimos órdenes. No es nuestro problema lo que ocurra cuando ella esté allá.

Después de comer, se dirigieron al sofá para evaluar estrategias.

—Seiran, por cierto —comentó Mael bostezando—, te toca limpiar el baño hoy.

—No, me toca el lunes —respondió, contagiándose del bostezo.

—Hoy es lunes… —murmuró Mael—. ¿Por qué me siento tan cansado?

—Yo también —respondió Seiran.

***

Alicia tenía la oreja pegada a la puerta. Ya no se escuchaban voces. Parecía que había funcionado. Con delicadeza, forzó la cerradura y logró ingresar al departamento.

A primera impresión, concluyó que era el tipo de vivienda pensada para no incomodar a nadie, un departamento de alquiler temporal, con paredes blancas sin carácter, iluminación cálida pero impersonal.

En la entrada, un perchero de metal sostenía un abrigo perfectamente colgado. Debajo, un pequeño zapatero con un par de llaves alineadas con precisión casi obsesiva.

Más adentro, el contraste era evidente. Otros zapatos estaban tirados cerca de un mueble negro arrinconado, cubierto de abrigos mal doblados. En la cocina integrada, el contenedor de basura estaba a reventar, lleno de envases de comida rápida aplastados a la fuerza.

—No me cuesta adivinar quién es el limpio y quién no —pensó.

Lo primero que hizo fue asegurarse de inmovilizar a ambos. Conocía a la perfección el entrenamiento Lunari. Sabía que tenían experiencia desatando nudos y forzando escapes. Por eso debía ser todo menos descuidada.

Cuando terminó, comenzó a indagar.

La sala era pequeña y funcional. Un sofá gris de tela áspera ocupaba casi todo el espacio, frente a una mesa de centro de vidrio con marcas circulares de vasos y polvo acumulado en las esquinas. El televisor, sobre un mueble bajo, tenía una fina capa de polvo que delataba su inutilidad.

—Típico. Los Lunari no ven televisión —murmuró con sarcasmo.

Volvió su atención a los documentos esparcidos sobre la mesa.

—Dijeron que usarían a mis padres para llamar mi atención… entonces no fueron ellos quienes me pidieron volver. ¿Qué está pasando?

Revisó los papeles con rapidez entrenada.

—Alicia Althen. Originaria de Luneth. Veintiocho años. Comida favorita… ¿la casera? Esto es demasiado específico.

Se giró para mirarlos, tirados en el sofá, aún dormidos, y continuó leyendo.

—No tiene novio. Doctora pediátrica. Grupo sanguíneo A negativo. Bien. Información general. Esto no les va a servir de mucho.

Se puso de pie. Aquella misión debía ser lo suficientemente secreta como para que no hubiera datos sensibles allí. Parte del entrenamiento consistía en retener información. Los datos importantes estaban en sus mentes.

Revisó los cuartos. Sábanas blancas perfectamente estiradas en una cama; en la otra, la colcha mal acomodada. Ropa en tonos neutros colgaba en el clóset, alineada por color.




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