Herencia de Sangre y Lucha

13

El hospital había quedado impresionante. Llevaba dos semanas trabajando allí y aún le costaba creer la magnitud de la inversión que su familia había hecho. El alcalde, en un arrebato de solidaridad y limpieza de imagen, había abierto consultas económicas para los residentes de las ciudades cercanas.

Alicia estaba en su consultorio, cerrando una ficha clínica.

—Solo cuídelo un poco —le dijo a una madre mientras despachaba al niño.

—Bonito lugar.

La voz no la sorprendió, pero sí la cercanía. Se giró y se encontró con Mael apoyado en el marco de la puerta, observándola como si el consultorio fuera un territorio que intentaba medir.

—Miren —dijo ella, tranquila—, si es el presidente de mi club de admiradores. Me gustaría ayudarte, pero solo veo niños.

Él sonrió apenas, lento, sin retroceder.

—Solo pasaba. El olor a conveniencia y ambigüedad moral me llegó y pensé… Alicia debe estar trabajando aquí.

Entró sin pedir permiso y tomó asiento en una de las sillas para pacientes. Demasiado cómodo.

—Mael, ¿exactamente en qué trabajas? No me queda claro.

—Soy la mano derecha del coordinador de inteligencia.

—Aaa, entonces eres asistente.

—No. Mano derecha.

—Me suena a que te mandan a los lugares donde él no quiere ir, a hacer su trabajo y… traerle el café. Eso suena a asistente.

Mael apoyó los codos en las rodillas, inclinándose hacia ella.

—Mi trabajo es supervisar que los equipos que desplegamos trabajen en las rutas correctamente. Tenemos Lunaris aquí trabajando en la seguridad del hospital. Hoy inauguraron el sistema de cámaras. Vine a supervisar que todo funcionara.

—Tus padres deben estar orgullosos.

—Mi madre me hace una rica cena al llegar.

—Suena a que eres el favorito.

—Soy hijo único, así que es lo que hay.

Alicia cerró una carpeta con suavidad.

—¿En qué te puedo ayudar hoy?

—Solo quería saber que las cosas entre nosotros estaban bien. Me alteré un poco en el interrogatorio.

—¿Cuándo me acusaste falsamente de un asesinato? Sí, te vi alterado. No parece que te guste perder.

Mael la miró fijo, sin pestañear.

—Sabes, cuando te conocí en la ciudad hasta me caíste bien. Pensé: “esta chica hermosa debe ser víctima de un sistema corrompido”. Pero no… —bajó la voz— eres parte de este.

—Solo escuché que te parecí hermosa.

Él sonrió, sin negarlo.

—Llegaste y te dieron el consultorio más grande, los mejores horarios… fines de semana libres, buen salario. Eso es clase, Alicia.

—Siento algo de resentimiento en tus palabras. ¿Carencias infantiles que quieras compartir conmigo?

Mael abrió una bolsa y dejó un bote de mantequilla de maní sobre el escritorio, empujándolo lentamente hacia ella.

—¿Es la marca que te gusta, no?

Alicia no lo tocó.

—Después de lo que pasó, ¿de verdad crees que comería algo comprado por ti? Podría tener veneno.

—Tal vez si Seiran te lo regala lo aceptes con mejor cara.

Ella ladeó la cabeza.

—¿Estás celoso? Pensé que eran amigos.

—No lo somos —respondió rápido—. Y no, no estoy celoso. Solo quiero entenderte.

—¿Por qué? ¿Tus labores de asistente te lo exigen?

—Me gusta entender a las personas —dijo, más bajo—. Y usualmente lo logro… pero contigo…

La miró como si buscara una grieta.

—Siempre me equivoco.

Alicia se puso de pie y abre un cajón para guardar el expediente.

—Mael, aunque lamento minimizar tu frágil ego, tengo que trabajar. Busca a otra persona para entender.

Él se levantó también y exageró una reverencia.

—Como diga su alteza.

Ella se gira algo incomoda de su burla.

—Debe ser difícil que te guste alguien que te cae mal.

Mael dejó de sonreír.

—¿Quién te dijo que me gustas?

Alicia dio un paso más, invadiendo su espacio.

—Algo me dice que ya has hecho algunas cositas conmigo en esa mentecita —le tocó la frente, apenas, como una chispa breve.

Mael apretó la mandíbula.

—Te gusta manipular a las personas, ¿verdad?

—No —respondió ella, serena—. Nunca he disfrutado los juegos. Pero sé cómo ganar si es necesario.

—¿De eso se trata, ganar?

Ella se acerca aún más — dime, una cosa, ¿qué ganas tú viniendo aquí a intentar desestabilizarme? Mucho compromiso para un salario.

Mael chasquea la lengua, resignado.




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