Herencia de Sangre y Lucha

22

Tras la conversación que escucho de Mael con su padre, tuvo dudas de la zona sur. Ese día discutía con su familia del tema, dejó el bolso sobre la mesa sin sentarse. Permaneció de pie, con los brazos cruzados.

Se encontraba en la sala de su casa, donde Andy, Madal y Aneth analizaban la situación.

—La zona sur no es nuestra —dijo su padre, directo, sin rodeos—. Nunca lo fue.

Su madre asintió con un gesto mínimo.

—Cuando esa zona se levantó, hace diez años, tu abuelo revisó cada contrato. No hay empresas pantalla, no hay intermediarios. Todo responde a los Astrid. Desde el hospital hasta el último comedor social.

Alicia respiró hondo.

—Entonces no tenemos ningún tipo de control allí.

Andy apoyó ambas manos en el respaldo de la silla.

—Ninguno —confirmó—. Ni cámaras, ni personal leal, ni favores pendientes.

—Pero los Astrid se fueron del país y el nieto este preso. Están fuera de foco, ¿Quién la maneja ahora? —Pregunta Alicia confundida.

—No lo sé — responde la abuela Andy seria — el negocio de drogas en esa zona se ha paralizado seguramente por que no esta entrando cargamentos, pero el hospital sigue funcionando.

—¿Quién es el director? —Pregunta Alicia

—Fabiola…algo — dice su madre — es doctora especialista en psiquiatría. La verdad la mujer no tiene antecedentes de nada, es nacida y criada en Luneth, de buena familia, buenos contactos, hace un gran trabajo. No tiene nada relevante.

—Pero si el hospital estaba en una zona tan controversial debe funcionar para algo, ¿no? Aunque ella no este metida — piensa Alicia.

—No lo sé, linda. Es solo un hospital — dice su padre — no sé para que pudiera servir.

—Estoy segura de que ese hospital tiene algo raro, escuche claramente a Mael decir que había muchas muertes que no estaban siendo declaras y las estadísticas no mienten, algo esta pasando allí.

—Tal vez, pero si algo sucede no creo que sea de nuestra incumbencia. En diez años ese hospital no nos ha afectado en nada — Agrega la abuela Andy.

Ella quedó pensativa, algo le decía que había algo más, algo que no tardaría en explotar — estamos haciendo reparaciones al hospital sur, es absurdo que no aprovechemos para saber más.

El silencio fue breve, pero pesado. El padre de Alicia frunció el ceño, como si una pieza no encajara.

—Hay algo que no me gusta —dijo —. El chico. Y eso si me resulta prioridad.

Alicia levantó la mirada.

—¿Seiran?

—Es el único estudiante Lunari que vive en la zona sur —continuó él—. El único. Eso no es casualidad.

—Vive allí por su abuelo —respondió Alicia—. Está enfermo. Demencia.

Andy ladeó la cabeza.

—Si realmente fuera aliado del alcalde —añadió —, tendría una beca, un traslado, algún beneficio. Nadie útil vive sin protección.

—No olvides que ese chico fue junto a Mael a buscarte a la ciudad, no puedes confiar en él. Cada oportunidad que tengas a su lado es para saber quienes son sus lideres, si el chico sigue interesado en ti y Mael te ayudo con la habitación del hospital. Ambos traman algo.

Es cierto que Mael y Seiran siguen cerca de ella, lo suficiente como para sospechar de sus intenciones, pero ella no lograba dar con lo que quería —Si, prometo sacar más información, tal vez he bajado algo la guardia. Por lo pronto quiero aprovechar las obras para indagar, si a Mael le importa ese hospital es por algo.

Los tres la miraron.

—Es arriesgado. Se puede hacer una visita sorpresa, algo que no esté planeado — dice su padre.

—Pero no puedes ir sola — agrega Andy — ve con Matt.

—También podemos ordenar que lleve a Mael — dice su madre. —Si esta tan interesado en lo que esta pasando en ese hospital no va a dudar y puedes aprovechar para sacar más información.

—No lo sé, con Mael todo es cálido y frio.

Andy observó a Alicia con atención.

—Le gustas, ¿no? Puedes sacar ventaja de eso.

Alicia se incorporó de golpe.

—No —dijo—. No voy a usar los sentimientos de alguien como herramienta.

El padre no alzó la voz. No lo necesitaba.

—Eso ya lo estás haciendo —respondió—. La diferencia es si decides hacerlo conscientemente o fingir que no ocurre.

—No es lo mismo —replicó ella—. Una cosa es que alguien se interese. Otra es manipularlo.

El padre dejó los cubiertos sobre el plato, con un gesto medido.

—Alicia, escúchame bien. Los únicos que no pueden ser usados jamás somos nosotros.

El silencio fue inmediato.

—Todos los demás —continuó— son piezas. Se mueven, se sacrifican o se protegen según lo que convenga. Y no porque sean menos humanos, sino porque el bienestar de esta familia es la prioridad absoluta.

Alicia sintió un nudo en el pecho.




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