Alicia le dio una sonrisa llena de intriga.
—Hola, buscaba a Seiran —respondió.
—Hoy le toca cuidar a su abuelo —respondió la chica con naturalidad — así que colaboro en la tienda.
En ese momento, Matt se despegó de ellas como si hubiera detectado una señal de radio interesante.
—Entiendo —continuó Alicia —. ¿Vives por aquí?
—Sí, unas calles más abajo.
Alicia levantó la vista hacia el techo, como si esperara que el edificio le devolviera la mirada.
—Eres Alicia, ¿verdad?
Alicia metió las manos en los bolsillos de su falda amarilla, intentando parecer relajada.
—Sí —respondió—. ¿De dónde me conoces?
—Seiran me contó que tuvieron una cita hace poco. Al parecer le gustas.
—Ah… ya veo —dijo Alicia, forzando una sonrisa—. ¿Ustedes son cercanos?
—Bueno, no somos pareja ni nada —dijo la chica con total tranquilidad—. Solo nos acostamos de vez en cuando. Seiran y yo somos de mente abierta. No te preocupes, no me molesta que esté saliendo contigo.
Alicia sostuvo la sonrisa como quien sostiene una bandeja a punto de caerse.
—Ah… qué considerada —respondió, con una dulzura que crujía.
—¿Alicia?
Ella intentó que la sonrisa le durara un poco más.
—¿Alicia?
—Sí… —respondió al fin, girándose.
Matt estaba al otro lado del pasillo, haciéndole señas exageradas.
Alicia se acercó rápido.
—¿Qué pasa?
—Mira esto —le susurró—. Las cosas de esta tienda están vencidas.
—Bueno, no cuidan la calidad —murmuró ella, encogiéndose de hombros.
—No —insistió Matt—. Todo está vencido.
Le mostró un paquete de arroz. Dentro, unos bichitos se movían de manera inquietante.
Alicia hizo una mueca.
—Eso… eso definitivamente no es arroz integral.
En ese momento, la chica volvió a acercarse, sonriente.
—¿Quieren una gaseosa?
—No —dijo Alicia de inmediato—, ya nos vamos. Pero…
—Soy Xandra —interrumpió ella, extendiéndole la mano a Matt—. Un placer. ¿Son novios?
Matt miró a Alicia. Alicia miró el paquete de arroz. El arroz parecía mirarlos de vuelta.
—No, no lo somos —respondió Alicia rápido.
—Eres guapo —dijo Xandra, inclinándose apenas hacia Matt, con una sonrisa calculada.
Alicia parpadeó. Una vez. Dos.
Descolocada.
Como si alguien hubiera cambiado de canal sin avisar.
Matt tardó medio segundo de más en responder, mirando alrededor como si buscara una salida de emergencia.
—Bueno… depende de quién pregunte.
—Pregunto yo.
—Entonces sí —respondió él sin dudar—. Tengo novia.
—Eso fue cruel —comentó Xandra, sin parecer realmente afectada—. ¿No eres de esos niños ricos y estirados que no saben divertirse?
Matt dejó el paquete de arroz en su lugar con cuidado exagerado.
—¿Por qué la gente siempre usa “niño rico” y “estirado” en la misma frase? —preguntó—. Es un combo muy injusto.
—Porque se te nota —replicó ella—. Todo en tu vida parece planificado.
Matt soltó una risa breve.
—Amiga de Seiran, no tienes ni idea.
Entonces, sin pedir permiso ni dar aviso previo, tomó la mano de Alicia.
—Nos vamos —añadió Matt, ya tirando suavemente de ella.
—Qué lástima —susurró Xandra, acercándose un poco más—. Si quieres divertirte, tengo algo que te puede interesar en la parte de atrás de la tienda.
Matt se detuvo en seco. Soltó la mano de Alicia, pero no para acercarse, sino para girarse con lentitud y clavarle la mirada.
—¿Algo que me puede interesar? —repitió—. No me digas… ¿y tú qué sabes exactamente de lo que me puede interesar?
Xandra no se amilanó. Al contrario, sonrió como si ese desafío le divirtiera.
—Sé leer a la gente —dijo, bajando un poco la voz—. Y tú… tienes cara de aburrirte con facilidad.
—Qué observación tan profunda —respondió—. ¿Eso lo aprendiste vendiendo arroz…orgánico?
Alicia abrió la boca. La cerró. Decidió no intervenir. Esto era demasiado interesante.
Xandra soltó una risa suave, acercándose un poco más.
—Definitivamente no eres tan estirado como aparentas.
—Nunca lo soy —replicó Matt.
—En serio —insistió Xandra—. Atrás tengo cosas que no están a la vista de cualquiera. No todos saben apreciarlas.