La comida avanzaba entre cubiertos y miradas calculadas, hasta que Matt volvió a atacar su tema favorito.
—No quiero ser alcalde.
—Tercera vez que lo dices —comentó el tío Alfred, apoyando el codo en la mesa—. Si cobrásemos por cada queja tuya, ya habríamos financiado tu campaña.
Matt lo miró con fastidio.
—No es gracioso.
—Para mí sí —respondió Alfred—. Toda la vida soñando con huir de Luneth y ahora te quieren encadenar al sillón más caro de la ciudad. Poesía pura.
El padre de Matt sonreía como niño con juguete nuevo.
—Estoy orgulloso —dijo—. Sigue mis pasos. Política, poder, apellido limpio… bueno, más o menos limpio.
Alicia soltó una risa disimulada.
—El chico ya sigue tus pasos, es el mejor vendedor de drogas de la familia.
Dice Madal serio.
Matt buscó auxilio en su madre.
—Dime que no tengo que hacer esto.
Ella negó con la cabeza.
—Ya está decidido.
—Traición materna —murmuró él.
—Madurez —corrigió ella.
Alicia se inclinó hacia Matt, divertida.
—Míralo así, alcalde —susurró—. Podrás prohibirme reírme de ti en público.
—Ni lo sueñes —respondió él—. Si me quedo en Luneth, tú te quedas conmigo. Para siempre.
—¿Secuestro emocional? —preguntó ella.
—Plan de vida —replicó Matt—. Te nombro directora de medicina, de hospitales, de lo que quieras. Algo serio.
—Mi primo es alcalde y me nombran directora de salud de la ciudad, eso no va a sonar a trafico de influencias para nada.
El padre de Matt rió fuerte.
—Eso también lo aprendió de mí. Toda esta familia tiene cargos gracias a la época de tu abuelo como alcalde y yo ahora como gobernador…excepto Alfred, pero él no tiene muchos talentos.
—¡Soy quien maneja los casinos! — Expresa Alfred fastidiado
—¿Ves esa forma de hablar? Como si se creyese su mentira — señala Aneth a Alfred — es lo que necesitamos para la campaña de Matt
—Yo le enseño — dice Marcel seguro.
Lotti entró al comedor con una bandeja humeante, cuidando cada paso como si transportara algo sagrado. Justo cuando la dejó sobre la mesa, habló sin pensar demasiado.
—Perdón que interrumpa… pero acabo de leer que Michael Natan murió en prisión.
Las conversaciones se apagaron de golpe.
Alicia levantó la vista, sorprendida.
—¿Murió?
—Sí —asintió Lotti—. Lo vi en el celular hace un momento.
La abuela Andy dejó los cubiertos con una precisión elegante y clavó los ojos en ella.
—¿Estás revisando tu celular en horario de trabajo?
Lotti se puso rígida.
—No, señora —respondió rápido—. Fue una alerta.
—¿Alerta de qué? —preguntó Andy, severa.
—De sismo —dijo Lotti sin pestañear.
Andy la observó unos segundos eternos, luego tomó su copa con calma.
—Más te vale que la tierra tiemble pronto.
Lotti asintió con devoción y se retiró como si acabara de sobrevivir a una ejecución pública.
El silencio volvió a la mesa.
—Se habrá quitado la vida —comentó Alaric finalmente—. Esas cosas siempre pasan.
—Siempre —repitió Madal, ladeando la cabeza—. Qué curiosa costumbre.
Nadie respondió, pero algo quedó suspendido en el aire, denso, incómodo, imposible de ignorar.
—Entonces —dijo Alaric, cortando la carne—. Necesitamos ojos dentro. Alicia, quiero que vigiles a Seiran y a Mael. Como un águila.
Alicia dejó el tenedor en el aire.
—¿Todavía? — suspira aburrida — a este paso voy a terminar siendo la madre de los hijos de uno de esos dos.
—Lo que haga falta — dice la abuela Andy
—Que no te quedes embarazada, es lo único que te pedí — suplica Madal.
Matt casi se atragantó de la risa.
—Escuchen esto —dijo, señalándola—. Si yo gano las elecciones, propongo algo mejor.
Todos lo miraron.
—Casen a Alicia con Mael.
Silencio. Luego, caos.
—¡¿Qué?! —exclamó Alicia.
—Funcionó antes —continuó Matt, encantado consigo mismo—. A la tía Aneth le fue excelente seduciendo a un Lunari.
Madal bebió con calma.
—No tuve muchas opciones —comentó—. Esa cara bonita debería venir con advertencia legal.
Aneth, sentada al otro extremo de la mesa, levantó la copa y le guiñó el ojo a Madal de manera descaradamente seductora.