Herencia de Sangre y Lucha

31

La jornada de campaña había sido interminable para Matt. Discursos medidos. Sonrisas calculadas. Manos estrechadas por compromiso y no por convicción. Pero aún no había terminado su recorrido. Debía ir a la Academia Lunari para jóvenes y le insistió a Alicia que fuera con él.

Apenas ingresaron ella quedó perpleja:

Camisetas. Pancartas improvisadas. El nombre de Matt estampado con tinta sobre pechos demasiado entusiastas.

Ella reduce el paso.

—¿Desde cuándo eres tan popular aquí? —pregunta en voz baja, sin quitar la vista del grupo.

Matt sonríe, satisfecho.

—Desde que la gente recuerda quién manda.

Ella lo mira de reojo.

—Eso no responde mi pregunta.

—Algunos le deben favores a la familia —continúa él, despreocupado.

Alicia se detiene.

—¿Favores?

—Recomendaciones, silencios, indulgencias —enumera—. Y a otros… les prometí pasar la materia.

Ella parpadea.

—¿Estás diciendo que sobornaste estudiantes?

Matt se encoge de hombros.

—Prefiero llamarlo incentivar. La ética es flexible cuando quieres resultados rápidos.

Alicia respira hondo. Sonríe… pero no con los ojos.

En ese momento, una chica se acerca y le encaja una pancarta en las manos. Ella la sostiene, leyéndola, y tiene que morderse el labio para no reírse.

—¿Matt sabe cómo hacerlo? —pregunta—. ¿Ese es tu slogan?

Matt le guiña un ojo.

—Es que sé cómo hacerlo. Realista, inteligente, posible, encantador… sabroso. Sé hacerlo todo.

—Eso no es política —dice ella.

—Es marketing —corrige—. Y funciona mejor.

Ella sacude la pancarta.

—No te estás tomando esto en serio.

—Alicia —responde él, suspirando—, si gano estas elecciones voy a ser el primer alcalde de Luneth que fantasea con incendiar la ciudad.

Ella alza una ceja.

—Tenía una vida, ¿sabes? —continúa—. Una hermosa novia. Una empresa que me daba lo suficiente para vivir mejor que los demás… y para que los demás supieran que yo era mejor que ellos.

—Matt.

—¿Qué?

—Eso último no lo digas en tus discursos.

Él sonríe, cansado.

—Tranquila. Para eso te traje. Para que me recuerdes qué mentiras suenan elegantes.

Lo observa unos segundos. Luego le devuelve la pancarta a un estudiante que pasa corriendo.

—No sé si debería consolarte… —dice— o burlarme más fuerte.

—Haz ambas —responde él—. Eres muy buena en eso.

Ella sonríe, ladeada.

—Lo sé.

Caminan entre los pasillos de la academia, rodeados de carteles, camisetas y estudiantes que lo aclaman como si fuera una celebridad. Alicia no deja de lanzar miradas críticas a todo el fanatismo.

—Los favores que nos tienen que deber para que hagan esto…—dice ella, sacudiendo la cabeza.

Matt suelta una risa corta, medio forzada.

Luego baja la voz, más serio.

—La verdad… —comienza— no es eso. La campaña, los discursos, todo esto… me aburre. Se supone que debería emocionarme ser alcalde, ¿verdad? Tener poder, cambiar cosas… pero honestamente, me da igual. A veces creo que la ciudad podría arder mañana y yo solo notaría que se me quemó un par de zapatos nuevos.

Ella lo mira, con compasión, su primo estaba atrapado en Luneth y las cargas familiares tanto como ella.

—Oye, estamos juntos en esto. Si ganas, estaré aquí para ti — ella le sujeta con ternura la mano.

—Vivir en Luneth para siempre contigo — suspira — así debe ser el infierno.

Alicia ríe, ligera, mientras siguen caminando entre los carteles. Por primera vez, en muchos años, ambos se atrevían a decir en voz alta, que estaban aburridos de pertenecer a esa familia.

Mientras Alicia todavía se ríe del cinismo de Matt, uno de los estudiantes que lo idolatra —un chico con la camiseta de Matt demasiado grande y la gorra al revés— sale corriendo detrás de ellos con una hoja en la mano.

—¡Señor Matt! —grita— ¡Tenemos una pregunta importante sobre su plan de reciclaje de basura!

Matt frunce el ceño, mirando la hoja.

—¿Pregunta? Esto… ¿es parte de la campaña?

El chico lo mira con ojos de héroe:

—Claro, la gestión de los residuos es uno de los mayores problemas en Luneth, y queremos lideres que sepan como resolver esa problemática.

Alicia recordó eso, es cierto, Luneth jamás había gestionado correctamente los residuos, los basureros a las afueras de la ciudad eran horribles y grandes.




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