La puerta del bar se abrió con un quejido viejo y Mina entró primero. Iba sencilla, jeans básicos, camisa amarilla con un estampado alegre. La forma en la que sonreía y caminaba le hacía sentir que estaba frente a otra persona, tardó mucho en asimilar que era la misma que no soportaba. Pero ahora, como adulta entendía cosas que antes no veía, Mina era la hermana mayor de tres, la única mujer, la que no podía fallar. Notas perfectas, postura perfecta, una vida enjaulada.
Se sentaron en una mesa contra la pared. El bar olía a cerveza tibia y madera húmeda. Pidieron tragos sin mirar la carta, como si ambas supieran de memoria qué necesitaban.
—Nunca te fuiste —dijo Alicia, más constatación que reproche—. Siempre pensé que tú sí lo harías.
Mina soltó una risa breve, seca.
—Luneth es una cárcel de máxima seguridad. No hay forma de irse. Ni, aunque quieras.
Bebieron. El ruido del lugar las envolvió y, por un rato, hablaron de cosas pequeñas. Anécdotas del colegio, nombres que ya no importaban. Hasta que Mina dejó el vaso en la mesa con un golpe suave.
—Ahora vivo con mi novio —dijo—. Es mayor. Bastante.
Alicia alzó la mirada, sorprendida.
—Supongo que fue la única forma de escapar de mi casa —continuó Mina, encogiéndose de hombros—. Ahí yo tenía que ser la mamá. A la mía le daba flojera cuidar de los niños que trajo al mundo.
Alicia escuchó en silencio. De niñas se llevaban mal. Eran competitivas hasta la crueldad. Alicia siempre primera, Mina segunda, pero por poco. Esta la acusaba de usar su apellido para ganar ventaja, ella se negaba y empezaban las peleas físicas, se jalaban el cabello, se rasguñaban, no se tenían piedad.
Pero había algo que Alicia siempre respetó. A Mina solo le interesaba ser la mejor. cuando eran niñas una chica mayor le quitó el novio, Mina se le acercó, le dio una suave sonrisa y le dijo “te ves más desesperada que yo, quédatelo, lo necesitas”. Solo tenía doce años, pero fue la primera vez que la hizo sonreír de orgullo. Su rival era digna y no le rogaba a nadie. Competir con ella había sido, extrañamente, divertido.
—¿Y la ciudad? —preguntó Mina, cambiando el rumbo—. ¿Cómo es vivir allá?
—Liberador —respondió Alicia sin pensarlo—. Puedes hacer lo que quieras y nadie chismosea de eso.
Mina bebió un trago largo.
—Eso suena aliviador.
Pidieron otra ronda. Las horas se deslizaron como si el tiempo también estuviera bebiendo. Mina apoyó el codo en la mesa y bajó la voz.
—No me sorprende que suspendieran tu juicio. Las fotos no eran convincentes. Pero es curioso que te mandaran a traer.
Alicia frunció el ceño.
—¿Por qué?
—El alcalde recibió la orden de alguien más —dijo Mina—. Alguien que yo no conozco. Esa persona era la que robaba los fondos públicos.
Alicia se quedó quieta.
—¿No era el alcalde el que robaba?
—No —negó Mina—. Y esto es un secreto. Él le pagaba a esa persona con los impuestos. Nadie sabe qué le debía.
Alicia giró el vaso entre los dedos, pensativa. Mina siguió, como si ya hubiera decidido vaciarlo todo.
—Mael y Seiran están siendo investigados por los Lunari.
—¿Qué? —Alicia alzó la voz—. ¿Por qué?
—Mael por soplón. Fue él quien le dio los papeles a la amante del alcalde para que los vendiera a la prensa. No me extraña. Es familia lejana de Millán. Seguro quiere que gane las elecciones. Cree que ella va a cambiar algo. Es ingenuo. Luneth es una mina de oro. Literalmente. Las minas producen tanta plata que el dinero corre por el suelo. Y ni hablemos del petróleo cerca.
Alicia asintió. La ciudad era el corazón económico del país. Eso siempre había sido así.
—¿Y Seiran?
Mina torció la boca.
—Está mal de la cabeza.
—No me sorprende —dijo Alicia con suavidad—. Estuvo cuando masacraron a su familia. Eso deja secuelas en cualquiera.
—Lo suyo parece intenso — lo pensó mejor — tiene una denuncia de una chica, que los acuso de cortarla muchas veces para lamer su sangre.
En ese momento Alicia recordó el incidente del baño y la manera en que este reacciono ante su cortada. Mina siguió — no había pruebas, la chica no tenia cortadas, ella dijo que había pasado hace muchos años, pero que recién tenia el valor de decirlo ahora.
—Tu trabajas con él, ¿has visto algo raro?
—En mi trabajo no veo gente normal, todos están mal por algo. No puedes vivir cuerdo, si ves lo que vemos a diario. Pero que se yo, a pesar de todo siguen en el equipo.
El tema se diluyó y volvieron a reír, esta vez hablando de la relación de Mina. Ella la describía como algo paternal, con una sonrisa torcida.
—Uno le encuentra el morbo —añadió, encogiéndose de hombros.
—Nadie en Luneth tiene una relación sana —sentenció Alicia.
Mina dio un sorbo a la cerveza nueva y, como quien lanza una piedra a un lago quieto, dijo:
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Editado: 02.02.2026