Herencia de Sangre y Lucha

34

Alicia empujó la puerta de su habitación y se quedó congelada.
Lotti estaba tirada boca arriba sobre la cama, con el celular en una mano y, cuidadosamente alineados a un costado, los productos de limpieza. Desinfectante, trapos, guantes.

—¿Qué pasa? —preguntó Alicia, dejando las llaves, acostumbrada a que Lotti fuera Lotti.

Lotti alzó el teléfono sin mirarla.

—Eres una facilona.

—¿Qué?

—Llegaste tarde —dijo, con absoluta seriedad teatral—. Tarde y con cara de “me arruiné la vida por calentona”.

Alicia rodó los ojos.

—Solo estaba bebiendo un trago.

La puerta del baño se abrió y su madre apareció secándose las manos.

—¿Solo eso? —preguntó—. Hija, tienes permiso oficial para portarte un poco mal.

—¡Mamá!

—No abuses —añadió, sonriendo—. Pero no seas aburrida.

Alicia suspiró y se dejó caer en la silla.

—Seiran me pidió ayer una oportunidad. Le dije que lo iba a pensar. Es un poco peligroso e inestable, solo tiene relaciones espontáneas y no lo sé, también…

—¿También qué? —preguntó Lotti.

—También está Mael. Es todo lo contrario a Seiran, pero con él no tengo tiempo de pensar. Todo es instintivo, como si no lo pudiera evitar. Pero tengo miedo. Es un niño bueno que podría estar buscando hundir a nuestra familia.

Aneth se sentó al lado de Alicia.

—Francamente, ambos son pésimos partidos. ¿No quieres un matrimonio arreglado? Tenemos amigos que tienen hijos, buenas familias, dinero, se dedican a lo mismo… sería fácil.

—No estoy tan desesperada —dijo Alicia.

—Con tu tía y Marcel funcionó —se encogió de hombros—. Aunque la parte difícil es lograr que se cambien el apellido. La familia de Marcel aún está resentida desde que él se colocó el Althen. Era necesario, tu abuelo no quería perder el apellido. Pero eso siempre se puede hablar.

Aneth miró a su hija, pensativa.

—¿Hay algo más?

Alicia suspiró.

—Matt sospecha que Seiran vende drogas —dijo—. Mina dice que este está siendo investigado por algunos trastornos.

—Eso lo hace más interesante —respondió su madre sin dudar.

Alicia la miró horrorizada.

—Madre, el tipo está obsesionado con la sangre. Podría matarme.

—Eso no lo sabes —replicó ella con calma—. En Lunari muchas investigaciones se activan con bases falsas. Sirven para sacar del equipo a quienes no son manipulables.

Hizo una pausa, pensativa.

—Lo que sí me intriga es lo de las drogas en la zona sur.

—¿Y qué pasó con la gestión de residuos? —preguntó Alicia—. En serio, este alcalde no estaba haciendo nada.

Su madre hizo un gesto de fastidio.

—Los botaderos están horribles. Y ahora que lo pienso… esa podría ser una base sólida para la campaña de Matt. Dar una solución real.

Lotti asintió desde la cama.

—Basura como enemigo público número uno. Me gusta.

Alicia no respondió. Su mente ya estaba lejos, girando alrededor de otra cosa. Esa figura invisible. La voz que ordenaba desde las sombras.
Si el alcalde no mandaba, entonces… ¿quién?




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