El hombre logró pasar desapercibido y camuflarse hasta los camiones. Estaban alineados, vacíos, cargados con cajas cerradas que no mostraban nada sospechoso. Todo parecía ordinario, pero él sabía que la verdad estaba allí.
Desde la sala de monitoreo, lo veían todo. Cada paso que daba, cada sombra que cruzaba entre los escombros. Los ruidos del botadero se filtraban por los micrófonos: niños jugando, perros ladrando, la prensa gritando preguntas que nadie podía responder. Cada sonido parecía amplificado en la tensión de la operación.
Se detuvo frente a un hombre que estaba esperando que se cargara el camión. Respiró hondo. Su corazón latía con fuerza, y un leve crujido bajo su bota hizo que Seiran se tensara.
—Shh —susurró Alicia—. No te muevas.
Se detuvo un momento y pensó en su familia: su esposa, su hija, el dinero que recibiría por sobrevivir a esto. Con eso podría vivir lejos de la basura, lejos de las enfermedades, darle un hogar digno a su hija. Respiró profundo.
Hizo lo impensable.
El hombre se encontraba a un costado. Él llegó despacio, silencioso, y tapó su boca con firmeza. Un cortazo certero atravesó el cuello del hombre. El efecto fue inmediato.
Al ver eso, la habitación del pánico quedó en silencio. Los cuatro se miraron sorprendidos.
—Acaba de… —dijo Matt.
El infiltrado se quedó unos segundos quieto, controlando la respiración, luego escondió el cuerpo entre los escombros y tomó la ropa del hombre. Notó el logo extraño en las camisas: AC.
Cuando el camión fue cargado, se montó en la parte trasera, la suerte estaba de su lado. Estaría solo. El vehículo comenzó a moverse lentamente, y cada vibración resonaba en los sensores. Alicia ajustó la cámara: veía sus manos temblar ligeramente mientras abría la primera caja.
El roce del plástico, el chirrido de las tapas, cada sonido se transmitía por los micrófonos ocultos. Seiran contuvo la respiración. Cualquier ruido podría alertar a los demás. Un pequeño golpe de una caja contra otra hizo que Alicia tensara los hombros.
—Ahora somos cómplices de un asesinato —murmuró—, porque mi vida solo empeora.
—Eso parece que lo dices por mí —dijo Seiran.
—Las escenas de celos en la terapia de pareja —comentó Alfred, viendo la pantalla— aquí se callan.
Empezó a revisar las cajas con cautela cuando un golpe seco del camión hizo que una tapa cayera. El hombre la recogió lentamente, manteniendo los ojos en la puerta trasera. Desde la sala, Alicia y Seiran contuvieron la respiración.
El camión avanzaba. Cada minuto se sentía eterno.
Finalmente, cerró la última caja y se recostó contra la pared del camión. Lo entendió, allí solo había drogas, nada más. Recordó lo que Alicia y Seiran necesitaban: algo que allí no estaba.
—Solo hay droga, además, no hay nada que involucre a Salazar —comentó Alicia.
—Paciencia —dijo Seiran—. Ese cargamento debe ir a un lugar para ser filtrado y luego ir al punto final. Esto aún no acaba.
—Nuevo coordinador de logística —dijo Matt—. Tu prometido mejora cada segundo.
Alicia le lanzó una mirada fulminante a su risa pedante:
—Me pregunto qué primera dama escogerán para ti, querido alcalde.
Él le devolvió la mirada con fastidio.
—En serio, siento que no te gusta la idea de vivir conmigo — protestó Seiran.
—¿Crees que me gusta que estén escogiendo por mí?
—¡Que se callen! —Les regañó Alfred.
El camión continuaba su lento avance. Vieron en el mapa el rastreador. El camión se aproximaba al hospital del sur.
—Cuidado —susurró Alicia—. Estamos entrando en la zona caliente.
El infiltrado se inclinó. El camión se detuvo, y el corazón le dio un salto. Alicia contuvo la respiración; Seiran cerró los ojos un instante. El hombre no se movió. El tiempo parecía haberse detenido. Todo dependía de mantener la calma, de no cometer otro error. Con suerte, nadie notaría que no era el mismo.
—Ahora o nunca —susurró Seiran—. Si lo descubre alguien…
—No lo hará —respondió Alicia, fija en la pantalla, la tensión recorriéndole la espalda—. En las películas, los buenos siempre ganan.
Alfred, Matt y Seiran la vieron escépticos.
—¿Desde cuándo somos los buenos? —preguntó Matt.
Ella se quedó callada. Eso se respondía solo: nunca lo habían sido.
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Editado: 02.02.2026