Herencia de Sangre y Lucha

52

La sala de su familia parecía demasiado pequeña para tanta gente… y demasiados egos.

El abuelo Alaric ocupaba la cabecera como si fuera un trono improvisado. A su lado, la abuela Andy observaba en silencio, tejiendo sin perder detalle de nada. Madal estaba de pie, brazos cruzados. Matt caminaba de un lado a otro. Seiran permanecía cerca de Alicia. Mael, apoyado contra la pared, parecía incómodamente cómodo.

Los documentos estaban desplegados sobre la mesa. Carpetas. Discos. Grabaciones.

—Ocho cifras —dijo Alicia con sarcasmo—. Nada mal para un “acto de justicia”. Te me caíste —le dijo a Mael, sin rodeos—. Eres un oportunista

Mael ni se inmutó.

—Es dinero justo por información real. No veo el problema.

—Claro que no lo ves — le reclama ella—.encontraste una forma elegante de ganar dinero.

—Eres una dramática, es por el bien de la ciudad—replicó él.

—¿Vas a donar el dinero a la ciudad? — Pregunta a la defensiva.

Seiran dio un paso al frente.

—¿Puedes dejar de coquetear con él?

Alicia giró la cabeza, incrédula.

—¿Qué rayos pasa por tu mente para creer que esto es coqueteo?

—El tono —respondió Seiran—. La mirada. El hecho de que no le hayas lanzado un vaso.

—Eso se llama autocontrol, no flirteo.

—¡Basta! —tronó Alaric, golpeando la mesa.

El silencio cayó como una tapa pesada.

—Alicia, deja de comportarte como una niña —dijo con severidad—. Siéntate. Tenemos que decidir qué vamos a hacer ahora. —miró a Seiran—. Y te guste o no, él está cooperando. Se ganó su dinero.

Alicia resopló y se dejó caer en el sofá.

—Perfecto. ¿Entonces también vamos a hacerle un Althen?

Alaric arqueó una ceja.

—Si él quiere, pero no tengo más nietas para ofrecer.

Mael sonrió de lado.

—No hay que cerrarse tanto, don Alaric. Alicia todavía no está casada.

El aire se tensó.

Seiran dio un paso adelante, furioso.

Madal apoyó una mano firme en su pecho.

—Alicia —intervino Madal —. Calma a tu futuro marido —. Y tú —miró a Mael—, no seas tan evidente.

Mael alzó las manos.

—Solo digo.

Matt carraspeó, intentando recuperar el control.

—El siguiente paso es más profundo. No podemos darle esto a la prensa. Sería regalarles tiempo para contraatacar.

—Exacto —asintió Andy—. Esta información va a la Policía Nacional. No solo la de Luneth. Hay delitos contra la economía nacional.

—Ahí entra Marcel —continuó Alaric—. Él hablará directamente con el presidente. Se llegará a un acuerdo.—miró a todos—. Pero mientras tanto, aquí se está cocinando algo.

Se giró hacia Matt.

—Tú sigues en campaña. Visible. Ruidoso. Provoca a Salazar. Discursos fuertes. Denunciantes. Sin nombres… pero que él sepa que estamos trabajando.

Matt frunció el ceño.

—¿Y eso de qué sirve?

Alaric sonrió, lento.

—Si no podemos ir hasta Salazar, él tendrá que venir a nosotros—hizo una pausa— Tenemos que saber dónde se esconden.

Matt asintió.

—Haré mi parte.

—Mael, te quiero cubriendo la zona de los puertos y las rutas, necesitamos saber si están sacando más rodio, y a donde lo están mandando.

Mael asiente.

—Seiran, tu sigue con el alcalde. Pronto lo vamos a hundir, pero mientras lo necesitamos, si el cae la conexión entre Salazar y esta ciudad cae también.

—Madal, tu y Aneth deben tener información de lo que paso en la ciudad vecina, lo que sucedió con esa minería. Convoquen a la prensa, hagan lo que sea necesario.

—Bien —dijo Andy— mientras sigamos con nuestra vida.

—¿Qué voy a hacer yo?

Pregunta Alicia confundida

—Tu…— piensa Andy — organiza tu boda, que estas retrasada con eso.

Mael soltó una risa breve.

Alicia se giró fulminándolo.

—¿Te parece gracioso?

—Un poco —admitió él.

—¿Quieres problemas?

Seiran la tomó del brazo.

—En serio, estás siendo obvia.

—Estas mal de la cabeza —replicó ella, zafándose.

Mael ladeó la cabeza.

—Que quede claro algo. Esto no significa que los apoye en campaña. Les guste o no, Millán es más justa. —miró a todos—. Ustedes son solo un grupo de narcotraficantes con el corazón un poco más humano.

Nadie habló.

Alaric fue el primero en romper el silencio.




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