Herencia prohibida

Capítulo 15

A ver… nada apunta a que sí haya escuchado todo. No tengo por qué asumirlo. Tal vez llegó después, tal vez solo vino a buscar algo.

Respiro hondo, intentando que el temblor en mis manos no se note.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, sin poder evitar que la voz me saliera un poco más baja de lo normal.

—Vengo de la oficina —respondió él—. Estaba con don Manuel en el despacho, ya iba de salida.

Asentí apenas, aunque por dentro no entendía nada. Su tono era firme, pero no frío. Entre tenso y un poco molesto, como si algo lo hubiera incomodado y todavía no decidiera si decirlo o dejarlo pasar, pero no parecía enojado conmigo.

—¿Cuándo llegaste? —pregunté, intentando sonar casual, pero mis manos no dejaban de moverse.

—no hace mucho —respondió—. Arnold parecía bastante apurado ¿sabes? apenas entre y casi me arroja a la oficina.

Entonces el estaba en la oficina cuando todo pasó, por eso Arnold no vino rápido.

Muy bien… puede que no haya pasado nada.

Así como Valentina subió a su habitación, él pudo haber salido de la oficina en ese mismo instante, cruzarse con ella o simplemente ni siquiera haberse visto. No necesariamente tuvo que escuchar la conversación.

Todo puede tener una explicación sencilla.

Intento repetírmelo, una y otra vez, como si decirlo bastara para que mi cuerpo lo creyera.

Puede que todo esté bien.

Sí, eso tiene que ser. Solo coincidencias, nada más.

—Parece que al fin encontraste la manera en que Valentina te dejara de molestar —dijo Alejandro, con un tono tan serio que me heló por dentro.

No hubo necesidad de preguntar nada más. En un segundo, todo lo que intenté convencerme de creer se vino abajo.

Sí lo escuchó. Todo

Sentí cómo me temblaba la garganta antes de poder responder.

No sabía si explicarme o simplemente quedarme callada.

¿Escuchó solo lo que hablé con Valentina?

¿Y si alcanzó a oír lo del pasillo de arriba?

Cada posibilidad se siente peor que la anterior, y aun así no me quedaba otra más que preguntarle.

—Alejandro… ¿qué fue lo que escuchaste? —indague con cuidado.

—Lo suficiente para entender que la bruja de tu jefa, al parecer, sí tiene sentimientos —respondió.

Su voz no sonó molesta conmigo, sino cansada. Un cansancio viejo, como el de alguien que lleva demasiado tiempo soportando lo mismo.

Había escuchado lo de “bruja” más dirigido a Valentina, eso ya lo esperaba.

Pero parecía que también le tenia bastante odio guardado a la señora Isabel. Era una sorpresa para mí, tomando en cuenta que nunca los había visto interactuar siquiera.

—Necesito que me digas qué fue lo que escuchaste —volví a intentar

—No voy a decir nada, tranquila —respondió, intentando tranquilizarme, aunque aún se notaba un tanto serio.

—Alejandro —insistí —¿qué es lo que escuchaste? ¿Qué es lo que sabes?

Una sonrisa triste se formó en sus labios

—Si tuviera que decirte todo lo que sé, Sofía, sí que perderías tu trabajo —dijo él, como advertencia —. No diré nada, créeme, esta familia tiene más secretos de los que te imaginas, quizá este no sea el primero del que te vas a enterar.

—El problema no es si me enteré de una u otra cosa —dije, un tanto molesta—. No me interesan ni los chismes ni los secretos que esta casa tiene, pero de esto depende mi trabajo—una parte de mi estaba cansada de siempre sentirse en la cuerda floja, y se reflejaba bastante en la forma en que le hablaba a Alejandro ahora mismo—Y no quisiera acusarte de nada, pero no eres una persona muy discreta, así que necesito que me digas qué es lo que escuchaste.

Alejandro me miro interrogante, pero al fin respondió

—Isabel se puso mal por la hija que perdieron. Ninguna novedad, por cierto, supongo que la conciencia le pesa mas estos dias

Me trague la pregunta que rondó en mi cabeza ¿que tiene que ver su conciencia?

—¿Es todo? —pregunté, preocupada.

Se encogió de hombros. —Es todo lo que mencionaron —dijo.

Tenía razón. Lo más grave y las cosas que decía Isabel habían ocurrido arriba. Si escuchó algo, debió ser solo lo que pasó en la cocina.

—Y unos papeles —confesó, por último—, algo de un papeleo.

No entendía cuál era la gravedad del asunto con el tema del papeleo, pero me preocupé de todos modos, porque Valentina sí le dio mucha importancia a ellos.

Pero algo no cuadraba del todo, aun así.

—Tú estabas en la sala y nosotras en la cocina —respondí, cuidando mi volumen de voz—. Apenas y susurramos… ¿cómo es que escuchaste todo?

De pronto, la seriedad de Alejandro se desvaneció por un momento, dando paso a la vergüenza.

—Yo… eh —balbuceó—. Como no había nadie, pensé que Arnold quizá estaría en la cocina y le tenía que avisar, ya sabes —dijo, rascándose la nuca y desviando la mirada.

—¿Y tú desde cuándo eres tan considerado con Arnold? —pregunté, molesta. Ya sabía por dónde venía la cosa.

—por algo se empieza ¿no?

—¡Estuviste husmeando! —dije, levantando un poco más la voz de lo que hubiera querido—. ¡Otra vez estuviste recorriendo la casa!

—Cálmate —contestó rápido—. Pensé que Valentina te estaría molestando, pensé que necesitabas ayuda.

—¿Ah, sí? —espeté—. ¿Y cómo terminó la última vez?

—Yo no…

—¿Hay alguna manera de que no te metas en donde no te llaman? —interrumpí antes de que pudiera decir algo más—. ¿De que puedas dejar de crearme problemas?

—Yo no te quería crear problemas, en ningún momento —respondió tajante—. Eso no.

—¿Ah, no? —dije todavía molesta—. ¿Entonces tengo que darte las gracias? ¿Verte como un héroe, como tú mismo dijiste la otra vez?

Estaba hecha una furia. Lo último que necesitaba era tener que pasar por todo esto de nuevo.

Pero Alejandro no parecía ceder terreno esta vez; no tenía intención de retractarse ni de dar un paso atrás.

—¿Por qué estás tan molesta? —me cuestionó de repente—. Ya te dije que no diré nada. No tienes porque tener problemas




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.