Herencia prohibida

Capítulo 17

Habían pasado unos días desde la pelea con Alejandro. Desde entonces no había vuelto, ni siquiera por algún asunto con Don Manuel.

Después de haberlo meditado tenia que admitir que esto era mi culpa. A pesar de que me llevaba bien con él y estaba agradecida por las veces que me ayudo, no entendía porque siempre había algo que me hacía estallar y justo como él mencionó, solamente él lograba esa reacción en mi. El enojarme y decirle que hacer no eran cosas que me correspondían, yo estaba olvidando mi lugar allí. No éramos amigos ni tampoco me debía ningún trato especial, así que de ahora en adelante me mantendría al margen de él.

También estaba la crisis con la señora Isabel. Después de lo ocurrido permaneció en cama varios días, descansando.

—En situaciones así, lo mejor es tenerla relajada —me dijo Arnold.

—¿Hay algo que pueda hacer?

—Tus labores. Cumplir con lo que te toca será más que suficiente, Sofía —me respondió con tacto— Trata de no acercarte mucho a ella. No sé qué fue lo que la confundió al verte, pero necesitamos que se tranquilice.

—Entiendo —contesté, aunque me daba tristeza. Sentía que de alguna manera era mi culpa.

Así que continué con mi rutina de siempre, con más silencio del habitual.

—Las yemas las batiré con el azúcar, al menos unos cinco minutos —me decía Luca con cuidado. Últimamente trataba de distraer un poco mi mente con la cocina, el había sugerido hacer algún postre para que la familia se relajara un poco. A pesar de no saber qué había ocurrido, la tensión era evidente, así que me propuso enseñarme a hacer tiramisú.

—¿Este es el mascarpone? —pregunté.

—Sì, così è —respondió feliz— iré agregando poco a poco, esto creará una crema lisa.

—Oh, está bien.

Luca me miró de reojo mientras seguía en lo suyo.

—Sofía, ¿estás bien? Estos días te he notado algo… ¿cómo dicen ustedes? ¿Rompida?

Mi expresión debió delatar sorpresa por la cara que puso al verme.

—No, no… no estás rompida, es que… estás más… ¿opaca?

Una parte de mí sintió ternura por él, por intentarlo. Le dedique una sonrisa amable.

—¿Apagada?

—¡Sí! Eso —exclamó aún feliz, aunque dudoso—. He escuchado que algunos usan esa palabra así pero… para ser más directo ¿estás triste?

Estaba en una cocina hermosa, con especias y posibilidades infinitas, con una persona agradable dispuesta a enseñarme una de tantas recetas que tiene, debería sentirme bien, pero lo cierto era que no, me había acostumbrado a aquel chico impertinente y terco. Pero no era algo que podía admitir frente a los demás.

—cansada— conteste finalmente— para ser más claros quisiera poder dormir un poco más estos días— cosa que no era mentira del todo, al pasar de los días me sorprendía a mi misma bostezando más de lo normal

—¿porque no lo haces?

—¿estás loco?— exclamé— estoy segura que eso sí me pondría de patitas en la calle

—me refiero a tu día descanso—continuo Luca mientras pasaba bizcochos en un bowl con café y licor, cuidando de no empaparlos demasiado— nunca tomas tu día libre—dijo moviendo la cabeza en señal de desacuerdo— Non si deve fare

Presentía que Luca a veces olvidaba que yo no sabía italiano.

En cuanto a mi día libre, estaba trabajándolo a fin de recibir paga doble por hacerlo, era un beneficio que podía obtener, además de que no tenía algún lugar a donde ir. Pero comenzaba a pasarme factura.

—quizás lo haga la próxima semana— conteste, palabras que dibujaron una sonrisa en su rostro.

—¡Benissimo!— exclamó más emocionado que yo— ¿y qué te parece si cuando estés despierta y descansada vamos a tomar algo?

Debo admitir que no vi venir eso.

Mire el rostro de Luca esperando mi respuesta con cierta expectación. La verdad es que no había tenido un rato para divertirme, lo más cercano a eso fue haciendo las compras con Alejandro, así que ¿porqué no?

—es una buena idea— respondí al fin

—perfetto—respondió aun sonriente—mis amigos me hablaron de un lugar con karaoke, sera divertido si vienes también, estarás feliz y eso te dará mucha electricidad.

Estoy segura que quiso decir energía, pero no me atreví a corregirlo.

Al terminar el postre lo refrigeramos para que estuviera listo cuando llegara la hora de comer. El resto del día lo dedique a hacer mi trabajo, tenia prohibido subir a las habitaciones así que me encargue únicamente de la planta baja.

Acababan de comprar una alfombra artesanal color azul rey, que aspiraba con cuidado en la sala de estar.

Entonces escuche como alguien abría la puerta del despacho y mi corazón se aceleró.

Entre limpiar la cocina, fregar el piso y correr a lavar la ropa ¿hay alguna posibilidad de que Alejandro haya venido? ¿Arnold le abrió la puerta?

Pero quien salió del despacho no era el, sino Don Manuel.

Me regañe mentalmente por emocionarme así cuando se que no debería, pero rápidamente me concentre en mi jefe quien se veía preocupado por su esposa últimamente. No estuve cuando le contaron lo que ocurrió, pero su estado de ánimo revelaba que tan duro debió ser enterarse de ello.

¿Qué tantas veces han tenido que pasar por algo así?

Pero en cuanto me vio, se detuvo en seco examinándome, no de forma insinuante, sino analítica.

De todos modos me empece a sentir un tanto incómoda, cosa que debió notar ya que lo sacó del trance

—perdona sofia—se disculpo— es solo que nunca le había prestado atención a tus ojos

La esperanza de que su hija estuviera viva los hacía conectar cosas donde en realidad no había nada, no quería que también Don Manuel se pusiera igual de mal que su esposa

—bueno…—conteste, dudosa— el gris es un color muy común

La única razón para que la señora Isabel se altere de esa forma, es porque teníamos el mismo color de ojos, pero eso no significaba más que una casualidad, una mala jugada del destino que le recordaba una dolorosa pérdida, pero no era más que eso.




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