Belinda
¡Joder! Ese chico si sabía como dejar a una chica sin aliento y en estado de shock con tan solo la hermosura de sus ojos y la hermosa y perfecta sonrisa que lo acompaña.
Siempre pensé que los ojos más hermosos que podía ver en mi vida iban a ser color azul o verde, porque la mayoría de veces en los libros o historias por lo general los principales de las historias eran de ojos azules o verdes y por eso siempre trataba de encontrarme a alguien con ojos de alguno de los dos colores porque quería que me pasara algo similar a esas historias.
Pero él me ha demostrado que sus ojos grises cambien mi opinión, es como si él o yo pudiéramos entrar al alma de alguno de los dos con tan solo mirarnos directamente a los ojos, mi corazón estaba a mil por hora y no ayudaba en nada verlo y mirar que tenía esa gran sonrisa en su cara.
Levanté mi cabeza poco a poco, ya que empezaba a dolerme por el impacto que había tenido.
- Hola hermosa - dijo el chico de ojos grises y perfecta sonrisa.
Su voz era masculina, era ronca, pero al mismo tiempo sonaba agradable, ¡Dios! Este hombre es perfecto. Lo miré directamente a los ojos, estaba supernerviosa, siempre me pasaba algo vergonzoso con personas que ni siquiera conocía; pero esta vez no me quejo porque el chico con el que tropecé es demasiado guapo.
Poco a poco me fui levantando y cuando él también intentó levantarse, volvimos a caer al suelo, pero esta vez una de mis manos tocó su entrepierna y fue ahí donde mis alertas se activaron y me levanté de un brinco.
Le extendí mi brazo al chico de ojos grises para que pueda levantarse - ¿Te ayudo? - dije con la boca seca, donde te has ido saliva ¿A dónde te fuiste?
Él sostuvo mi mano y como si hubiera tocado algo electrizante, sentí como un choque de energía cuando nos agarramos de las manos y cuando ya él estaba de pie lo solté rápidamente.
- Disculpa - dije mordiéndome el labio inferior - estaba muy distraída y no me di cuenta de que tú estabas detrás de mí.
- No te preocupes - me dio una gran y hermosa sonrisa, tráiganme algo que me desmayo - fue un accidente ¿Estás bien?
Asentí con la cabeza - la que debería preguntar eso sería yo a ti, recibiste peor el golpe - dije sonriendo nerviosa.
- No te preocupes, estoy bien - respondió - por cierto me llamo...
Iba a saber el nombre de este hermoso chico... pero alguien que llamó su atención lo distrajo y no dudé en ningún segundo salir corriendo del lugar.
Aurora y Nicolás habían visto todo el espectáculo y los empujé al otro pasillo para que él no me siguiera, ¿Por qué me pasaban estas cosas a mí?
- ¿Por qué no me ayudaron? - pregunté molesta - me hubiese ahorrado un poco más la vergüenza.
- El chico es guapísimo - dijo Aurora - alto, ojos grises, cabello lacio y negro; hace calor aquí - dijo moviendo una de sus manos haciendo como si fuera un abanico.
- ¿Nico y tú? ¿Cuál será tu excusa?
- Bueno; Aurora no me dejo ir a ayudarte.
Le di una mirada asesina a Aurora.
- Algún día me lo agradecerás - me guiñó el ojo - vamos a pagar, se nos hace tarde.
Los tres nos dirigimos a pagar todo lo que ya habíamos tratado de conseguir para ir al instituto.
- Bueno, esto es todo - dijo Nicolás cargando las bolsas.
- ¡Belinda! - gritó una voz muy conocida y comencé a buscar de donde venía esa voz.
Era nada más y nada menos, la pequeña Martina Salas es la hija menor de Rubén Salas, el dueño de la compañía donde trabaja mi madre; comencé a llevarme con ella desde hace unos cinco años aproximadamente, ella tiene un hermano mayor el cual nunca he conocido porque vive con su madre. Ella es una chica superadorable, es dos años menor, lo cual hace que tengamos una gran conexión.
- Hey Martina - sonreí - ¿cómo estás, pequeña? - dije acercándome a ella extendiendo mis brazos para darle un fuerte abrazo.
- Estoy muy bien - sonrió - ¿Sabes? Mi hermano está en la ciudad, ayer vino y se quedará con nosotros - cuando terminó de contarme sus ojos brillaban de una manera muy bonita.
Ella me contó de su hermano mayor, siempre había dicho que él era su superhéroe, pero que la defraudó desde el momento que se fue dejándola con su padre. Nunca he visto una foto de él, solo cuentan de cómo es y se supone que tiene una personalidad muy arrogante.
- Que bien pequeña - sonreí - ¿Vienes con él?
- Bueno, el vino antes con sus mejores amigos y lo estoy buscando; será mejor que ya me vaya - dijo.
- Está bien pequeña - me acerqué y le di un abrazo - cuídate, espero verte pronto.
Salí del lugar y nos dirigimos a una heladería para descansar un rato.
¡Chico de los ojos grises, espero volver a verte pronto!
Andy
- Por cierto mi nombre es... - dije dirigiéndome a la chica de ojos café cuando algo me distrajo.
- Bro, esto está perfecto para ti - dijo Diego llamando mi atención y volteé a mirarlo.
- Sí, perfecto - dije y volteé a ver donde estaba la chica de ojos tan hermosos, pero ya no estaba, ni siquiera en el pasillo, no había rastro ni siquiera de sus amigos.
- Genial - dije frustrado.
- ¿Qué pasa? - preguntó Diego- ¡Oye! La chica con la que estabas hablando era la del coche ¿Cierto?
- Si era ella, justamente comenzábamos a hablar y tú llegaste - hice una mueca de desagrado.
- Lo siento - dijo Diego rascándose la nuca - no me fijé muy bien que estabas hablando con ella.
- No te preocupes, ni siquiera sé su nombre.
- Me parece que la conozco de algún lugar - dijo Diego llevándose la mano a su barbilla haciendo como que está pensando - sé que tenemos una clase juntos, pero no recuerdo cuál.
- Bueno, de todos modos sigamos buscando lo que necesitamos.
Nos dirigimos al pasillo donde se encontraba Karla, ellos estaban en sus temas y yo, pues tenía muchas cosas en mi mente en ese momento como para ponerme a escuchar lo que ellos hablaban.